miércoles, 26 de septiembre de 2007

Fusilado: Carlos Drummond de Andrade



El recientemente fallecido (ay) Kurt Vonnegut alguna vez señaló que para lo único que sirve el punto y coma es para dar cuenta de que quien lo usa pasó por la universidad. Del paso por allí también da cuenta el uso de cierto lenguaje cargado, por decir lo menos. No sé si se han dado cuenta, pero después de leer esas toneladas de teoría pura y dura que se leen en la universidad —encima en feas fotocopias— mucha gente ya no ve sino que visualiza. Tantos hay que ya no dirigen sino que direccionan, y tantos otros no conducen sino que vehiculizan.

En fin, aquí el gran gran poeta brasileño reza por todos ellos, en un poema del cual no he podido encontrar datos sobre publicación original ni traductor. Me lo mostró, gracias, hace un par de años el goloso lector Luis H. Aristizábal. Se recibe información mientras repetimos:

Plegaria introductoria

De la lectura sintagmática
De la lectura paradigmática del enunciado
De la lengua fáctica
De la factividad y de la no factividad en la oración principal
Libera nos, Domine.

De la organización categorial de la lengua
De la principalidad de la lengua en el conjunto de los sistemas semiológicos
De la concretez de las unidades en el estatuto que dialectiza la lengua
Del ortolenguaje
Libera nos, Domine.

Del programa epistemológico de la obra
Del corte epistemológico y del corte dialógico
Del sustrato acústico del culminado
De los sistemas genitivamente afines
Libera nos, Domine.

De la semia
Del sema, del semema, del semantema
Del lexema
Del clasema, del mema, del sentema
Libera nos, Domine.

De la estrcturación semémica
Del ideolecto y de la pancromía científica
De la reliabilidad de test psicolingüísticos
Del análisis computacional de la estructuración silábica de las fablas regionales
Libera nos, Domine.

Del vocoide
Del vocoide nasal puro y sin clausura consonantal
Del vocoide bajo y del semivocoide homorgámico
Del glide vocálico
Libera nos, Domine.

De la lingüística frástica y transfrástica
Del signo sinésico, del signo icónico y del signo gestual
De la clitización pronominal obligatoria
De la glosemática
Libera nos, Domine.

De la estructura exo-semántica del lenguaje musical
De la totalidad sincrética del emisor
De la lingüística generativo-transformacional
Del movimiento transformacionalista
Libera nos, Domine.

De las apariciones de Chomsky
De Mehler, de Perchonock
De Saussure, de Cassirer, Troubetzkoy, Althusser
De Zolkiewsky, Jacobson, Barthes, Derrida, Todorov
De Greimas, Fodor, Chao, Lacan et caterva
Libera nos, Domine

martes, 25 de septiembre de 2007

Hotel en Shangri-Lá, de Octavio Escobar Giraldo


Este volumen recoge una colección de seis cuentos que transcurren todos el día de la inauguración del Megacentro Babilonia, un centro comercial inmenso ubicado en una ciudad cualquiera. Sus personajes pasan de un cuento a otro, o bien aparecen como centrales en un relato y como referencias tangenciales en otro. El estilo de todos los cuentos es seco, austero, con predominio de los diálogos directos. Cuando están bien hechos, los diálogos permiten ver la idiosincrasia de los personajes, pero esto sucede muy pocas veces en esta colección, y más bien se convierten aquí en el reporte de conversaciones poco trascendentes.

Uno puede muy bien pasar por encima de los cuatro primeros cuentos de este libro: poco aportan a un alimenticio rato de lectura y al aprecio de éste, un escritor disciplinado, informado y competente. Del primero, “Con Sandra en El HIP” lo más rescatable es ese perfil que traza de una ecofeminista (el término se lo oí a Jorge Volpi): una de esas insoportables mujeres responsables por el ambiente y combativas en la permanente afirmación de su género.

De resto, olvidable, como los otros que le siguen hasta llegar al quinto cuento de la serie, “El nombre del bar”, que reúne dos momentos históricos diferentes con maestría y con rasgos de humor fino: “Entonces apareció Rosaura. Era como su nombre: bonita pero fea, clásica pero cursi, la trasgresión de que una muchacha de veinte años se llame así pero también la anacronía” (p. 80). Ya el último cuento es el mejor de todos: en él tres personajes planean un golpe al centro comercial. El relato presenta un informe de lo que va pasando con el plan en horas determinadas del día: muy bien armado y lleno de suspenso.

Excepto esos dos últimos cuentos, este libro me deja un saborcito amargo. Pero ese saborcito no me baja la estima —o mejor, el interés— que tengo hacia este escritor: creo que vale la pena tenerlo entre ojos, leerlo. Es ágil, rápido, inteligente, como mencioné en otro comentario de este blog. Pero sí me pone a mirar con sospecha el Premio de Cuento de la Universidad de Antioquia, que se ganó Hotel en Shangri-Lá en el 2002. Aunque bueno, en últimas los premios no son infalibles: Mario Mendoza se ganó el alguna vez prestigioso Seix Barral con Satanás, una novela pésima.


Octavio Escobar Giraldo, Hotel en Shangri-Lá, Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, 2004, 112 páginas.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Cantos populares de mi tierra, de Candelario Obeso


Candelario Obeso se suicidó pegándose un tiro en el estómago a los treinta y cinco años. Pero le alcanzaron para estudiar ingeniería, derecho y ciencias políticas. Para batirse en duelos de amor no pocas veces y salir herido de algunos. Fue diplomático en Francia y educador por los lados de Magangué y la Sierra Nevada de Santa Marta. Esos treinta y cinco años le alcanzaron para traducir a Shakespeare, a Victor Hugo, a Byron, a Musset. Para escribir libros de enseñanza del inglés, italiano y francés, así como una Gramática de la lengua castellana. Le alcanzaron para escribir una obra de teatro, Secundino el zapatero, y dos novelas: La familia Pigmalión y Las cosas del mundo. Y para componer estos Cantos populares de mi tierra.

Los repaso y me da el mismo escalofrío que me dio la primera vez que los leí. En serio, se me eriza la piel, me baja algo por la espalda. En estos cantos hay una nuez, una esencia profunda, un encuentro con no sé qué raíz íntima. El que más se conoce de lo poco que se conoce esta obra es “La canción del boga ausente”, que arranca con esta estrofa dolorosa e inmortal:

Qué trite que etá la noche
La noche qué trite etá;
No hay en er cielo una etrella
Remá, remá

Candelario Obeso escribe en el idioma del boga, del negro: “su escrito rememora un habla ya irrecuperable”, dice Roberto Burgos Cantor en el prólogo de este libro. Y ahí en esa lengua prístina es que se ejerce esa conexión con lo más íntimo de uno. Claro que también en la compleja simplicidad de algunos de sus versos:

Siendo probe animale lo palomos,
A la gente a sé gente noj enseñan;
E su condúta la mejó cactilla,
Hay en sus moros efertiva cencia

Dice Obeso en “Lo palomos”. Con gran acierto esta edición de Arango Editores y El Áncora incluye “traducciones” de los poemas, y vale la pena citar la de esta primera estrofa de “Los palomos”, dedicado a Rafael Pombo: “Siendo pobres animales, los palomos/ A la gente a ser gente nos enseñan/ Es su conducta la mejor cartilla/ Hay en sus modos efectiva ciencia”.

Pero no todo es tristeza, soledad o pedagogía en Obeso, también hay un montón de picardía: “Merejirda Rosale,/ La re Pinillo/ Ricen que no cré en bruja/ Ni en malificio;/ Si se me pone/ ¡Jacé puero a la endina/ Que me enamoire!” (“Hermenegilda Rosales,/ La de Pinillos,/ Dicen que no cree en brujas/ Ni en maleficios;/ Si yo quiero,/ ¡Hacer puedo a la indigna/ Que me enamore!”).

Además de esa sensación de conexión profunda, siempre que regreso a estos Cantos populares de mi tierra se me vienen las mismas preguntas. Dentro de los autores decimonónicos colombianos, ¿por qué siempre José Asunción, por qué don Tomás, por qué Isaacs? Sin duda ellos, pero ¿por qué no también Obeso? ¿Por qué era negro?


Candelario Obeso, Cantos populares de mi tierra, Bogotá, Arango Editores y El Áncora Editores, 1988, 80 páginas.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Fusilado: Luis Carlos López


Me había demorado mucho para poner aquí algo de mi querido Tuerto López. Este confitico del cartagenero jacarandoso no es el último que va a pasar por este paredón, apenas lo pongo como complemento o remate al comentario del libro de Verdú.

La cucaracha

La mujer que da en fumar
con aires de libertina
amarga con nicotina
la dulzura del besar.

Si cuando suele bailar
remolina la cadera
va buscando la lanzadera.

Y si bebe y se emborracha
expone la cucaracha…
a que se la pise cualquiera.


Lo fusilamos de: Luis Carlos López, Obra poética, Bogotá, Ediciones del Banco de la República, 1976, p. 346.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Días sin fumar, de Vicente Verdú


Aquí está el libro al que no le sobra una sola palabra. Este es el libro que no tiene frases de transición, área de descanso. Desde la primera —“Son las nueve de la noche, tengo cuarenta y cinco años, mido 1,72, peso 72 kilos y esta mañana dejé de fumar” (p. 11)— hasta la última —“Será entonces preciso esperar a que discurra el tiempo, a que pasen días y días sin fumar, para que la felicidad biológica retorne, permita ensimismarse otra vez y autorice por fin a contraer cualquier otra nueva enfermedad incurable tan obsesiva y entrañada como el tabaco” (p. 178)—, cada una de las frases de este libro es carnosa, imperdible.

El diario acoge tres meses exactos, del 8 de mayo al 8 de agosto, y ninguna entrada sobrepasa la página y media, las dos páginas. Escribe al día siguiente, así que el autor ha tenido oportunidad de pensar, de mirar y de pelear por no fumar, pero sobre todo ha tenido tiempo de cortar, de colar lo accesorio y entregarnos lo que vale la pena. Aquí no hay entresijos ni devaneos. Pero no por ello las frases son secas, notariales; a veces alcanzan y sobrepasan la poesía: “El olor del castaño, el tacto de la arena, un pecho compacto, el viento contra una lona, lo que calienta y muerde sin destrozo. También esto es la oferta del tabaco. Muy distinto a la tos salarial y a la humillación matutina ante el descalabro del espejo y el lavabo” (p. 129); “Sin tabaco el espacio es una realidad incorregible. El mundo se presenta más aritmético y severo, más primitivo y real si ya no se fuma” (p. 104).

Yo despacho diariamente una cajetilla de Lucky Strike, y me preguntaba mientras leía si este libro pudiera interesar a un no fumador. Al final tengo que decir que sí, porque este es el diario de batalla no sólo de un hombre contra el tabaco, sino contra sí mismo. Es la bitácora que registra la búsqueda de una identidad por fuera de la patria del tabaco: “¿Quiero definitivamente convertirme en un tipo que no fuma?” (p. 155), “¿quiero ser otro? ¿Estoy dispuesto a serlo?” (p. 78).

Aquí se discuten y se ilustran, se comentan, las mujeres que fuman (68-68), la adultez y el chicle (p. 66), las reuniones de trabajo (p. 80), una breve historia de la hostilidad hacia el tabaco (pp. 114-115), la gestualidad tanto de fumadores como de no fumadores. Y la tos. Creo que nadie ha escrito con tanta verdad y tanta belleza sobre la tos: “la tos inspira compasión o un inevitable deseo de que acabe cuanto antes. Sólo se puede toser sin cuidado cuando se hace cerca de la atención de una madre. [...] Los hombres de la generación anterior o de la otra tosían con la vitola de ser hombres. Hombres históricos. [...] quien actualmente tose con alguna asiduidad pone en peligro la paciencia de los demás y la propia estima” (p. 14).

Hasta el día cincuenta este diletante se mira, mira las cosas, las personas y las situaciones ahora sin tabaco. A partir de ahí comienza a pensar, a (suena tan feo) filosofar sobre el hombre, sobre el espacio, sobre la adicción, porque “La adicción y la abstinencia son una pedagogía del cuerpo” (p. 144), porque “fumar es una experiencia plástica, con el cigarrillo se hace una decoración del tiempo donde el sujeto se refugia para discurrir mejor” (p. 136).

Y apenas está acostumbrado a vivir sin fumar llega otro ataque, unas ganas irrefrenables de fumar. Al comienzo “Apreciaba la estampa del no fumador. Un tipo que llega, pide un café en una barra de una estación de un TAV en Milán, se lo bebe, paga y no fuma” (p. 19), pero luego de ese ataque todos esos días de fortaleza le parecen vanos. ¿Termina el diario sin darle una chupada a un pitillo? Ahí les queda, porque hasta suspenso tiene este librito sustancioso.

Vicente Verdú, Días sin fumar, Barcelona, Anagrama, segunda edición, 2004, 178 páginas.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Fusilado: Fabrizio Mejía Madrid


Tocó esperar hasta la semana antepasada, cuando vinieron los autores de Bogotá 39, para saber que Fabricio Mejía Madrid no era un viejito gracioso. Lo pensaba por su nombre y porque lo leía hace años en La Jornada, que me parece un periódico de viejitos (un pelín mamertos, aunque publican cosas buenas a veces). No, resulta que tiene menos de 39, que sigue escribiendo. Y sigue siendo gracioso: la revista Pie de Página les pidió a los autores seleccionados que escribieran un articulito donde contaran cómo han escrito alguna de sus obras. Mejía se salió del libreto y mandó “Teoría y práctica de la presentación de libros”, quizá el mejor de todos. O el más franco. O el que se salió del libreto… en fin. Me cae bien Fabrizio Mejía Madrid. Lo que fusilo apareció en la revista Letras Libres de noviembre de 2003, dedicada al humor. La primera vez que lo leí me embrujó, y siempre que lo leo me gusta igual o más que esa primera vez. Creo que más.

Chilangología
De morirme, en ningún otro lado tanta gente me desconocería como en la ciudad en la que nací. Eso es lo que acaso me gusta de ella: es la última instancia, el último lugar sobre la tierra donde se viene a morir con millones de extraños que se mirarán con prisa pero con mucha curiosidad en su mutua agonía semanal: del Domingo de Dolores al Viernes de Resurrección. La gente que se ha salvado hasta ahora de la muerte me recuerda a la ciudad después de que ha llovido. Un rezo se escucha mientras se seca. Es un rezo por los supervivientes.

Esa ciudad es una donde nada se destruye ni se crea, todo se reglamenta

una ciudad que es necesario sobrevolar para saber cómo circularla

una ciudad donde todo se hunde, se inunda o se desbarranca

una ciudad que tiene unas banquetas que contienen iniciales de personas que estuvieron enamoradas

una ciudad en la que una Virgen de Guadalupe pintada en la pared es el único antídoto verdadero contra las bolsas de basura en esa calle

una ciudad donde un edificio que pasó cinco años en construcción, de repente ya no está

una ciudad donde una cubeta en la calle marca el lugar de un automóvil que todavía no ha llegado

una ciudad que tiene un Zócalo que sólo sirve para ser cruzado

una ciudad cuya comida es una suma de aperitivos que conducen a más aperitivos

una ciudad cuyo concepto de elegancia es todo lo que está entre una carroza en forma de calabaza y una canción de Agustín Lara

una ciudad donde el antojo es el único alimento de los gordos

una ciudad donde lo viejo se recicla tanto que una lata de refresco puede haber sido, en su origen, un taxi

una ciudad donde las bodas se planean en función del álbum de fotos

una ciudad donde los adornos de las casas son lo más parecido a lo que sobrevivió de una venta de garaje

una ciudad donde todos somos héroes porque nadie estaba preparado para la catástrofe que nos sorprende todos los años

una ciudad donde el fútbol, los toros y las luchas son divertidos sólo por los espectadores

una ciudad donde puedes pasar tan cerca de la flama de un taquero que casi termina tratando de venderte tu propia mejilla al pastor

una ciudad donde, en el mismo puesto de la calle, un tipo vende alarmas contra robo y llaves maestras para abrir puertas

una ciudad donde los cables de electricidad son rastafari

una ciudad donde las doncellas mexicas de los calendarios están tan buenas que uno se preguntan por qué los aztecas, en vez de sacrificarlas, no hacían películas

una ciudad donde los rótulos de los camiones nos hace perdonarles la forma en que nos atropellaron

una ciudad donde la gente tiene confianza en una pollería sólo porque tiene un retrato del Papa

una ciudad donde los indigentes no acarrean, como en Nueva York, carritos de súper, sino guitarras

una ciudad donde si preguntas por una calle, todo mundo opina y siempre te pierdes

una ciudad donde los taxis son “ecológicos” sólo porque están pintados de verde

una ciudad donde la gente no te vende pescado sino su palabra de honor de que está fresco

una ciudad donde lo pirata no es la mala imitación del producto sino del precio

una ciudad donde la letra ch inicia el 80% del vocabulario local

una ciudad donde el delantal es el traje típico

una ciudad donde los únicos buzos están en el drenaje profundo

una ciudad en la que, cuando explota el volcán, la gente no huye sino que lo sube para “ir a ver”

una ciudad donde los emblemas de las estaciones del metro guardan secretos irresolubles

una ciudad donde el fotomural sustituyó al viaje

una ciudad donde cualquier espacio de más de diez metros de largo es considerado una cancha de fútbol

una ciudad donde, tras diez segundos de que el repartidor azotó un cilindro de gas, todos los espectadores suspiran con alivio y encienden cigarros

una ciudad donde las varillas pelonas son el signo de que el ingeniero ya huyó con el presupuesto

una ciudad donde los danzantes aztecas usan plumas porque no tienen el cabello suficiente para ser punks

una ciudad donde el único uso de los postes es amarrar en ellos adornos de colores chillantes

una ciudad donde es más importante la iluminación que la fiesta

una ciudad donde el 90% de los hogares cuenta con un cuadro de la Última Cena

una ciudad donde los perros son amarillos

una ciudad donde los pájaros son del color del aceite quemado sobre las banquetas, tan manchadas que ya nadie puede leer las iniciales de los que estuvieron enamorados

una ciudad donde el canto de los gallos por la mañana fue sustituido por las alarmas de los coches

una ciudad donde los jabones son los sustitutos de las hechiceras

una ciudad en la que los deportes locales son leer el periódico a través del hombro de quien lo va leyendo, oír conversaciones de la mesa de junto, y mirar por las ventanas

una ciudad donde el primer día de la primavera las calles amanecen cubiertas por flores moradas que, si las pisas, eyaculan

una ciudad donde una cabeza de cerdo no es un adorno puesto por el taquero, sino su manjar más codiciado

una ciudad donde existe la misma posibilidad de que el mismo que te amenaza con un cuchillo, te mate o esté tratando de vendértelo

una ciudad donde un auto compacto puede contar con una canastilla de bicicleta y una bicicleta con un estéreo de tres bocinas

una ciudad donde todos están convencidos de que ellos podrían hacer mucho mejor el trabajo del director técnico del equipo de fútbol, del mecánico automotriz y del presidente

una ciudad donde el muralismo pasó de los edificios de gobierno a la cortina metálica del cerrajero

una ciudad donde nos cansamos tanto de esperar que los ovnis aterrizaran que hicimos palacios en forma de naves espaciales que permanecen a la velocidad de la luz

una ciudad donde una panorámica de su monstruosidad es el único argumento para irse de vacaciones.

Y quizá unas vacaciones era todo lo que necesitaba. Irme un rato, nada más.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Los geniecillos dominicales, de Julio Ramón Ribeyro


Dos inconvenientes puede tener aquí el comentario de esta novela. El primero, que soy un devoto y rabioso lector de la prosa de Ribeyro. El segundo, que está descatalogada. Pero bueno, existen las bibliotecas y las librerías de viejo —yo la compré la semana pasada en una que queda frente a mi casa: a veces la felicidad llega hasta tu puerta, o casi—. Y en cuanto al primer inconveniente, el objetivo de esta página es recomendar lecturas, y para eso no sobra y aun es de valorar el respeto que le tenga su autor a los textos que comenta.

En Los geniecillos dominicales seguimos a Ludo Totem, estudiante perezoso de Derecho, peón en una firma de abogados, pichón de escritor y de borrachín. Y arrancamos con él desde el día que manda a la mierda su trabajo y se dedica a deambular por Miraflores sobre todo pero también por Lima y alrededores: “Porque hace calor, porque las máquinas de la oficina escriben, suman, restan y multiplican sin cesar, porque ha pasado en ómnibus durante tres años seguidos delante de esa casa horrible de la Avenida Arequipa, durante tres años cuatro veces al día, es decir, tres mil seiscientas veces descontando los días feriados y las vacaciones, porque vio en la calle a ese viejo con la nariz tumefacta como una coliflor roja y a ese otro que en una esquina le metió el muñón en la cara pidiéndole un sol para comer, porque es 31 de diciembre en fin y está aburrido y con sed, por todo eso es que Ludo interrumpe el recurso de embargo que está redactando y lanza un gemido poderoso, como el que dan seguramente los ahorcados, los descuartizados. Un centenar de cráneos en su mayoría calvos vuelven hacia él la mirada y, poco acostumbrados a lo insólito como están, regresan la atención a sus pupitres. Ludo desgarra el recurso y en su lugar escribe su carta de renuncia. Su jefe trata de disuadirlo con untuosos argumentos, pero al atardecer Ludo abandona para siempre la Gran Firma, donde ha sudado y bostezado durante tres años sucesivos en plena juventud” (p. 5).

Comienzan desde este primer párrafo las aventuras literarias, universitarias, amorosas y hasta criminales de Ludo Totem, todas frustradas o inconclusas o con una solución por completo contraria a la que esperaba el personaje. Se traza así el recorrido de un fracasado, que tan bien sabe dibujar el querido Ribeyro: “Había tal vez algo que fallaba. Ludo advirtió una vez más que los días se averiaban entre sus manos, se deshacían, sin traerle un consuelo, una alegría duradera. Tarde tras tarde caía el sol tras el parapeto y cada mañana volvía a levantarse sobre las lomas, rosado, nacarado, lleno de promesas, pero siempre sobre un desayuno triste, una aventura fallida, una avidez insatisfecha, una memoria donde se organizaban los escombros. Pirulo, la Universidad, el ómnibus, una botella de cerveza, el alquiler, el gordo Blagenwild, la camisa planchada por su madre, el turbulento recuerdo de Segismundo con su “debes olvidarte de ti”, el tiempo. En medio de este desorden, sexos, deliciosamente femeninos, abiertos, siempre fugitivos. Y al anochecer, la cama, abriéndose como un libro de cuentas donde todo iba anotado al pasivo” (p. 117).

Pero al lado de tanta desesperanza el lector se encuentra con una prosa juguetona, humorística e inteligente, que lo anima a seguir esas aventuras desoladas de Ludo, de su mejor amigo Pirulo, de Segismundo (un personaje que aparece hacia la mitad de la historia como un ventarrón rabelesiano), del gris profesor Rostalinez. Y alcanza a leer fragmentos como éstos, cogidos al rompe: “Una revolución era para él sólo un problema de decapitaciones juiciosamente escogidas” (p. 172); “Su calva era irremisible, sin recursos, y sus dos ojitos inquisidores recorrían a Ludo con movimientos rápidos e imprevisibles, como los que describen las cabezas de las gallinas” (p. 28); en la tumba de Jimmi Soler, muerto en un accidente que tiene con Ludo y Pirulo, encuentran que “Colgada de una argolla una corona de siemprevivas se moría” (p. 143). Para terminar, una de las joyas más despampanantes entre las que suelta Segismundo: “Uno contrae ciertos vicios para poder soportar las malas épocas, pero lo terrible es que cuando pasan las malas épocas los vicios quedan. Entonces vuelven las malas épocas” (p. 106).

La desesperanza en un veinteañero aprendiz de escritor puede ser un lugar común, pero aquí no lo es. Debe ser porque su historia la escribe Julio Ramón Ribeyro.


Julio Ramón Ribeyro, Los geniecillos dominicales, Barcelona, Círculo de Lectores, 1974, 206 páginas.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Fusilado: Fabio Mauri






Editor por casi 30 años de Bompiani, Fabio Mauri recogió su experiencia con los manuscriteros en este condenadamente rabioso y sarcástico escrito, publicado hacia 1966. Para la edición en libro al año siguiente Umberto Eco hizo un iluminador prólogo, que invito a leer aquí. Y quien haya trabajado en una editorial —o quien haya llevado su manuscrito a una como cualquier hijo de vecino— debe firmar lo que dicen los dos italianos, uno con mucho humor (el que fusilo a continuación), el otro con clara franqueza.

La caricatura es de mi querido Elkin Obregón, y acompaña al artículo traducido por Bárbara Lombana y publicado en la Revista Universidad de Antioquia, volumen LXIII, número 235, enero-marzo de 1994.

Cómo no publicar un libro (21 maneras)


Los manuscritos llegan a las oficinas de los redactores de las editoriales por correo, o llevados por un amigo del autor, o por el autor que se hace pasar por amigo, por la esposa que se hace pasar por esposa del autor y en realidad es la autora, o por el autor mismo. Por correo, vienen acompañados o precedidos por una carta, tarjeta, llamadita por teléfono.

A continuación una serie de modos que, según las estadísticas, excluyen la posibilidad de publicar el manuscrito. Son 21. Pueden darse muchas combinaciones entre los 21 casos típicos. Pero siguen siendo 21, de acuerdo con mi experiencia (en el fondo de la psicología humana hay quizá 21 raíces nudosas, 21 maneras de concebir una idea falsa de sí mismos y de la sociedad).

En 1952 intenté agrupar experimentalmente los casos según los excesos de ingenuidad, de ilusión, de presunción; parecieron dividirse con naturalidad en tres. El 3, signo de “absoluto”, si no incluso signo de “infinitud”.

En 1953 me di cuenta de que, divididos así, los 21 casos daban 7 familias principales. Las mismas características simbólicas tienen el 7 y el 3, aunque no sean múltiplos, y en medida excesiva: absoluto de lo absoluto, todo en el todo, infinidad en la infinidad.

Me convencí de lo cierto aunque inverificable que era que en el fondo del hombre reposen 7 defectos de realidad o salidas en falso. No he sido capaz de descubrir más. Tomo de una religión familiar los contenidos de una clasificación septimal: Soberbia, Ira, Gula, Lujuria, Pereza, Envidia, Avaricia. La Lujuria, la Ira o la Soberbia son fácilmente reconocibles en los 21 casos; otros, como la Gula, mucho menos. De todas formas los 21 monótonos se repiten. Desde hace 24 años (la edad de mi experiencia editorial) no he encontrado ninguno nuevo. Pero pasemos a la lista de los 21 casos.

1. Envío de manuscrito acompañado por “carta de recomendación” (ejemplo de texto-tipo)

Apreciado señor:
El profesor Zappullo, renombrado por sus estudios sobre El Renacimiento y el mar Jonio, leyó secretamente mi novela El gabán. “Después de Verga y Pirandello —escribe Zappullo— jamás me había topado con nada tan dramático y al mismo tiempo tan irónico, diabólico aunque santo, antiguo aunque moderno, cínico aunque moral, rojo aunque verde”. Podría seguir; prefiero en cambio anexar el original de la carta (fotocopia). Después también el doctor Calisi, jefe médico de oftalmología en el hospital de Bari, ilustres profesionales y licenciados de Nuoro han leído y aclamado El gabán. Creo, pues, que estoy ofreciéndole un negocio seguro. A la espera…


2. Envío con carta de “otra editorial”

… Mi novela intitulada Llegamos mañana o pasado, ha sido bien comentada por otras dos editoriales que no han podido publicarla a causa de otros compromisos editoriales. En el sobre le incluyo las cartas de las dos editoriales. Me dirijo a ustedes con la seguridad de haber tocado finalmente tierra. Ambas, en efecto, me recomiendan dirigirme a ustedes.

Texto-tipo de la carta de la “otra editorial”

Estimado señor:

Hemos leído con atención su novela Llegamos mañana o pasado. Nos ha parecido interesante, pero, muy a nuestro pesar, nos vemos en la imposibilidad de publicarla dado que nuestros compromisos editoriales están copados hasta el año 2014.

Le aconsejamos que se dirija a otra editorial, por ejemplo X o Y, en cuyas colecciones el libro no tendrá dificultad en encontrar su lugar. Anexo encontrará el manuscrito…

3. Con certidumbre autobiográfica (carta)

Distinguido Señor:
Exhortado por amigos y parientes muy queridos, y en especial por mi sobrina Silvia, me he resuelto a decir toda la verdad sobre la firma Hermanos Cosimo, que tantas existencias malogró en Italia de 1919 a 1934. Con paciente empeño he conseguido reconstruir los balances (que anexo) de las sociedades Badati S. A. y de la de Hermanos Cosimo, de 1915 a 1920 (imposible hallar los años de 1920 a 1934), acompañados de las explicaciones de los motivos que llevaron a la quiebra del 24 de marzo de 1934, y a los acontecimientos sucesivos. Piero Badati ha muerto. Sus herederos podrían querer demandarme; en el umbral de un porvenir misterioso (tengo 76 años), entrego a Italia una verdad que no puede no turbar o reanimar los espíritus, según el caso. Con mis sinceros…

P.S. Quisiera que me hiciera saber los derechos porcentuales que me competen, y si el libro va a salir antes de agosto. Incluyo además un boceto para la cubierta, hecho por mi sobrina Silvia, que representa un electrodoméstico Cosimo (simbólico) que en la parte superior se convierte en ángel.

4. A la espera del premio (carta)

… El representante a la cámara Gollier me asegura, en carta en papel timbrado de la Procura Administrativa (fotocopia), que obtendré el Premio Femenino de Alta y Media Cultura por tres millones de liras, y también la compra de 2.500 copias para las Bibliotecas de la Tarde. El título será Notas blancas como pétulas, aprobado por el senador Pisu, que es músico. Prácticamente los gastos de imprenta están cubiertos. Si acogen este ofrecimiento, me retiraré por un tiempo a Verbania hasta haber redactado por completo la novela. ¡La tengo toda en la cabeza! Le anexo una guía del argumento.

5. Seguros de compartir creencias (carta)

… Me permito enviarle El Píloro. Hay que difundirlo. Ustedes que son ya beneméritos en este campo (?), harán hasta lo imposible por lograrlo. Es un deber médico más que una ambición de autor. Sólo entre nosotros los homeópatas sabemos lo que se esconde en la homeopatía. Somos pocos, apreciado Director, y mientras tanto los enfermos, ya numerosos, son desorientados por la medicina oficial. Respóndame cuanto antes a Vigevano, Calle Lamnia N° 8.

6. Con el colmo del chantaje (carta)

… Si no publico con ustedes Remo, libro al que he dedicado cuatro años, renunciando a la firma Teti, convenciendo a mi padre de que vendiera el solar que tenía en Olbia, obligando a mi mujer a llevar una vida que prácticamente justificaría el comercio de sí misma, sé que no me queda otro camino: una cuerda y un clavo.

Respuesta (dictada por la experiencia) de la Editorial:

Nos permitimos enviarle la copia mecanografiada de su libro Remo y, en sobre aparte, una cuerda y un clavo.

7. Con desprecio (carta)


… Les mando la novela para apostarles que no la publicarán. Más aún, ni siquiera van a leerla. ¡A ustedes sólo les gustan las historias sin riesgos y autores que…! Mi libro, La Merde, es un texto en el que no se esconde la realidad. Es como es la realidad, sin eufemismos. Si no les gusta, vuélvanme a mandar mi Merde. Habré ganado una apuesta.

8. Con el arma del cálculo, o el cálculo de los armados (carta en papel membreteado)

CORONEL CONDE
ALFIO ALTOMITI TURENNA
DE LA BRIGADA TANKS, ANTES CABALLEROS DEL REY

Apreciado señor:

Cada año prestan servicio militar en Italia diecisiete mil reclutas y veintinueve mil alumnos oficiales, de los distintos cuerpos del ejército. Los oficiales cuentan con seis mil clubes de oficiales. Mi texto, Gestas, distintivos e insignias del cuerpo Tank de caballería montada, incluye la historia de los distintos batallones en sus características principales (gestas e insignias) desde su fundación (1780) hasta 1964… Existen, vivos aún, un millón setecientos mil oficiales egresados, y de éstos, ochenta mil oficiales en retiro del cuerpo, reunidos en siete mil ochocientos veintidós clubes de ex oficiales en Italia, más cuatrocientos ochenta y dos en Europa y Estados Unidos… Mi texto reúne todos los nombres de los oficiales por cada uno de los cuerpos, desde los orígenes hasta hoy, con las principales condecoraciones, diferentes grados, insignias y distintivos. ¿Sería posible que no se agotara un tiraje de siete mil copias si la mitad de la suma de los clubes para oficiales y oficiales egresados supera el tiraje completo?

9. Con propuesta de “continuación” (carta)

… ¿Cuál es el libro de los libros juveniles? ¡Pinocho! ¿Y cuántos años de su vida se conocen? Uno, dos, máximo tres, si se acepta que al final Pinocho hacía compañía a su “viejo papá”, pero era todavía estudiante de primaria; ¡así que…! Apreciado Editor, he escrito La continuación de Pinocho, qué tipo de joven fue, quién llegó a ser, los amigos que tuvo, el hada Turquina… Y todo en clave moderna, como quien dice hoy en día… y no se me ha pasado por alto ni siquiera Mangiafuoco.

Lista de “continuaciones” que más se proponen:

Pinocho
Don Quijote de la Mancha
Los novios
El Evangelio, pero desde el punto de vista de:
-Poncio Pilatos
-su esposa, la señora Pilatos
-María Magdalena
-Barrabás

10. Como un importantísimo “ex” (carta)

Habiendo sido ya colaborador de ustedes antes de la guerra (corregí las pruebas de su Alighieri en el 36 en Milán, hice la introducción con el querido Pastonchi a los escritos históricos de Constant), y después de mi permanencia de más de un decenio en Alemania y de un poco menos de veinte años en Buenos Aires, después de mi larga frecuentación con Bruden, he regresado, y me presento al viejo y querido amigo Editor con una selección de cuatro poemas largos, bajo el rilkeano título de La juventud, si entre los cuadernos, que me imagino no tendrán dificultad en acoger para alguna de sus espléndidas colecciones editoriales… Por ahora no tengo teléfono, pero me pueden llamar donde mi cuñada (893207), en cuanto esté listo el contrato.

11. Con intención de hacer el bien (paquete)

… aunque no soy escritor de profesión. Pero desde hace veinte años estoy suscrito al Messagero y al Índice de la Escuela. Mi libro está dirigido a los niños, ¡de los 12 a los 60 años! ¡Démosles algo bueno para leer! ¡Ah, si el mal no estuviera tan difundido! ¡Los únicos que tienen algo que contar no son los Moravia y los Pasolini! También el bien es capaz de generar igualmente, e incluso más (si no ¿qué tipo de bien sería?), materia viva para buenos libros… Anexo el índice de mi manuscrito titulado El hombrecito de la calle Dionigi.

Sigue, en otra hoja, el índice de la novela:
Capítulo 1°) El hombrecito llega a quinto de primaria
Capítulo 2°) El hombrecito, después de varios años, saca su bachillerato con buenas calificaciones en el Liceo Carducci de Forte dei Marmi
Capítulo 3°) El hombrecito consigue novia y un año después se casa con Gabriella Pozzati, de Marina di Viareggio
Capítulo 4°) Tiene ella trillizos: Queridito, Besamanitos y Perfectico
Capítulo 5°) El hombrecito es contratado en un banco y el Commendator Razzi acepta estar en el bautizo del cuarto hijo, volviéndose padrino perpetuo de la familia Olona (apellido del hombrecito)

Firmado Giacomino Olonari

12. Proponiendo un escándalo (carta)

Si son capaces de publicar la verdad más explosiva sobre cierta sociedad que se mueve alrededor de las droguerías, simbolizadas, en la copia que les mando, por la “Provvida” de via Balzarina (dirección inventada, como entenderán) de una ciudad, “Cosmópolis”, también inexistente, en la que sin embargo los interesados no tendrán dificultad alguna en reconocer a la más abyecta ciudad de Vercelli…

13. En grupo (carta)

Somos un grupo de empleados y secretarias de Facondit Arm. El doctor Cilli tuvo una mañana la idea extravagante de que contáramos nuestras experiencias de oficina, todos juntos, cada uno según su propio carácter, con un tris de sal y de… pimienta. La historia no lesiona la personalidad de ninguno de los empleados, aunque en algunos puntos tiene algo de maliciosa, pero siempre dentro de los límites de la decencia, y con un hilo conductor fantástico por añadidura, con algo de romántico… Nosotros somos 45, y una copia cada uno la compraríamos sin duda, pero no sólo esto: nos parece que el libro también podría venderse en las librerías con bastante éxito. En Italia hay 15.832.000 empleados (ver el caso N° 8)… A la espera, ansiosa, de su respuesta, respetuosos saludos… (siguen 45 firmas)

14. Con ilimitada admiración (carta con el nombre, exacto, del director de la edtorial)

Estimado profesor:

Desde hace años sigo su actividad con atención. He leído todos sus libros. El último (?), incondicionalmente, me encantó. Me permito hacerle llegar mis Relatos sardos, que están, como podrá ver, inspirados precisamente en sus preciosos trabajos.

15. Con traducción, la película, la serie de televisión en el bolsillo (carta)

… De este libro, Recuerdo de Postdam, ha sido extraído un guión que el director Barley Cauntreen, de la Paramount, empezará a rodar en Nettuno el próximo agosto, con Albert Wolf y Shirley Campbel.

O también:

… Milly Andrews se ha encargado de la traducción para las Editions du Mesdi, y la revista Play Son Magazine publicará en octubre un amplio extracto del mismo, con realizaciones fotográficas hechas por el objetivo de Arthur Kepp.

O también:

De mi Valle del adulterio, suprimiéndole la parte más fuerte, la televisión está rodando una película cuyo título será El valle, sobre la vegetación y familias del valle del Itri. Llamando la atención del público, con una oportuna franja sobre la carátula, podríamos redoblar el éxito televisivo e impreso de Y las estrellas miraban.

O incluso:

Soy una ex monja de clausura. Mi libro les ha gustado a los protestantes alemanes, tal como me lo asegura el padre Kolten Mir, reformado de Dresde (ver caso N° 1). Yo misma lo estoy traduciendo directamente al alemán, lengua que conozco bien. Tengo ya acuerdos muy precisos con Kopit und Bernemgasse. Podría haber dificultades con las mayorías católicas italianas, lo comprendo, pero esto podrá obviarse si la campaña publicitaria del libro se emprende con el siguiente eslogan: “Este libro le gustó muchísimo a Dios”.

16. Con oro (tarjetas personales acompañan la carta)

Sé muy bien que los empleados de una Editorial no reciben sueldos muy sustanciosos. Sin querer ofender a nadie, si deciden que mi libro merece la publicación, yo no me olvidaré ciertamente de esto. Sabré demostrarle a usted, apreciado doctor, y a los demás colaboradores que me sabrá indicar, mi específico y liberal reconocimiento.

Commendator Grassi Alberto
Import Export Tabaco
Viale Bruno Buozzi – Roma
Rascacielos Rosa – Buenos Aires

17. “Soy un periodista” (carta en papel membreteado de un periódico)

Habiendo sido jefe de redacción del Minturno, y luego de la edición vespertina del Paseo como obligación, cuento con muchísimas amistades en las redacciones de los principales periódicos italianos. La novela, que se desarrolla en la oficina de redacción de un periódico, trata de cerca y con conocimiento de causa los problemas de este gremio, poco menos que desconocidos en nuestro país. Calculo que, en reseñas y notilibros de mi novela La edición es amor, contaríamos ya con lo equivalente a diez millones en publicidad editorial… haciendo cuentas según los costos promedios vigentes en los mayores diarios… Si no pueden o no quieren publicar mi libro, les pido que me lo devuelvan de inmediato. No quisiera que mis amigos, que están esperanzados en que algunos cambios esenciales se produzcan gracias a la publicación del libro, se sintieran ofendidos y reaccionaran en las columnas de los periódicos… (ver caso N° 6)

18. Lleno de sexo (copias escritas con bolígrafo, en cuaderno, sin carta explicativa, llevadas por el mismo autor, en promedio 20 años)

Prototipo de los primeros 12 renglones del manuscrito “El internado”:

Corrado entró al cuarto. Había unas diez o doce muchachas. Desnudas, semidesnudas, una haciendo pipí. Siguió un instante de silencio. La mayor, de la que se adivinaba el cuerpo velado por una combinación, alzó un brazo hacia él.
—Entra —dijo, soltándose las cargaderas.
—Soy el nuevo asistente del internado. ¿No está aquí el médico?
—Tú serás nuestro médico —añadió una chica rubia vestida solo con los calzoncitos. Corrado la miró nerviosamente. Avanzando hacia él, una morena, que llevaba puesto únicamente un par de botas, le ofreció un cigarrillo que apretaba entre los labios rosados doblados hacia fuera. Corrado apretó las mandíbulas. Lanzó a su alrededor su mirada autoritaria, morena.
—¡Acuéstense todas! —ordenó. De inmediato le obedecieron…

“El internado” sigue así, como los manuscritos de su misma clase, ininterrumpidamente, por 290 hojas de bolígrafo, equivalentes a unas 480 mecanografiadas.

19. Con sexo en un solo punto (carta)

Le adjunto el índice, ilustre director, a partir del cual podrá irse haciendo una idea, aunque sólo aproximada, del libro.

Firmado Maria Gloria del Serlo
Sigue el índice de Anna

Primera parte:
Capítulo 1° Infancia de Anna
Capítulo 2° Anna y el campo
Capítulo 3° El mar y Anna
Capítulo 4° El párroco y Anna
Capítulo 5° Pensamientos de Anna en ocasión de una helada en Boboli

Segunda Parte
Capítulo 1° El primer sastre de Anna
Capítulo 2° Clases de canto en San Doménico
Capítulo 3° El viaje a Siena de Anna
Capítulo 4° Anna es secuestrada por el cochero que, junto con el médico, le hacen violencia, en una caballeriza, hasta el amanecer, dejándola sans culotte, en un charco de sangre
Capítulo 5°: Los libros preferidos de Anna
Capítulo 6° Regreso a Florencia a través de la primavera de Umbria
Capítulo 7° Pensamientos de Anna en ocasión de una nevada en Boboli

20. Con irrefrenable e inadvertido sexo (carta)

Doctor:
Me he decidido hoy, ¡forzándome a mí misma! Me abro a ustedes, volviendo a enterrar dentro de mí un punzón que me hace sangrar íntimamente. Les mandé La fiorona. Ahí estoy yo toda, entera. Cosas que no le mostraría a nadie, ni siquiera a mí misma frente al espejo, allí están al descubierto, sobre las blancas páginas. La doy a ustedes que no tienen ni siquiera rostro para mí, y que me provocan un miedo sin ojos, ni labios, con su erguida, inflexible presencia dentro de mí. Siento que mi Fiorona ya está en las manos de ustedes, que ustedes la palpan, la ojean, viva criatura que a sí misma se basta, y a mí unida indisolublemente. ¿Qué me puedo esperar? Todo, como una mujer espera lo que se cree merecer por haberlo deseado hasta quedar exhausta… Les ruego que se pongan en contacto conmigo. Hoy por la tarde voy a estar, sola en casa, esperando al cartero.

Magdalena Cagliozi

21. Con imitación absoluta (sin carta, en persona: esta manera va variando al pasar de los años; cito tres visitas durante diez años; el joven es el mismo, disfrazado)

1959. Un muchacho, 18 años, de sobria elegancia; observa a la secretaria de la oficina; mira de arriba abajo, inquieto en el sillón:

“Tengo 18 años, he escrito Los infidentes. Mi estilo es una especie de realismo no estético. Nace del razonamiento, de la observación de una sociedad que conozco. Le podrá parecer algo brutal, en algunas partes; pero no lo es. Es simplemente moral, es decir muy crudo, digamos así”.

Director editorial: “¿Le gusta Moravia?”

“No estoy de acuerdo con él. Me gusta el primer Moravia. Admito algunas similitudes entre el Moravia joven y yo. ¿Quiere saber algo (se pone de pie) por lo menos curioso…? Yo soy una persona muy sana, pero a veces, de noche, cojeo”.

1962. Un joven peinado con ondas y brillantina, en actitud de torito interpretado por otro animal: mico, oso; 18 años:

Director editorial: “¿Pier Paolo leyó su libro? Qué raro, no me ha dicho nada. ¿Qué le dijo?”

“Que lo publicara usted”

“Está escrito en dialecto romanesco, por lo que veo” (lo hojea)

“No, en tomarancio, que es una jerga especial”.

“El título… no está escrito… ¿cuál es?

Er mejó”.

1965. Un hombre de menos de 30 años; ojos como fastidiados por el que lo recibe, como si el director editorial emanara neón; aparta la mirada para escuchar de medio lado, con un solo ojo y una sola oreja; traduce, es evidente, al arcaico lo que se le dice; descifra; tiene un vestido de cazador clochard cocido encima de la ropa de un arquitecto; en últimas resulta elegante, muy bien combinados los colores:

“Mi libro es Z - 1

Director editorial: “Nosotros no publicamos libros tan experimentales, lo siento”.

“¿Y por qué lo siente?”

“Entonces no lo siento. Quería decir que cuatrocientas páginas sin espacios entre las palabras intercaladas con una serie de números y de trazos del alfabeto japonés… ni siquiera sabría cómo proponérselo a la editorial. Habría que hacer un montón de clichés, imagínese, como en los libros de arte… ¿conoce los libros de arte?

“¿…?”

“¿No? ¿Sí?

lunes, 10 de septiembre de 2007

El último diario de Tony Flowers, de Octavio Escobar Giraldo



Con esta novela me toca regresar a un tema que ya he tocado en estos comentarios, el de la distribución. Y en este caso no se trata de la circulación por los países vecinos de la literatura que se escribe aquí y allí, en Perú, Venezuela, Chile, y aun en Argentina o México —los supuestos centros de la cultura latinoamericana—, sino de obras que se escriben en sitios de Colombia distintos a su capital. Lo que no circula por el centro no se conoce, así de simple. Ya lo dijeron Fuguet y Gómez y la introducción a su antología McOndo: lo que no pasa por España no se lee en el resto de América (“Si uno es un escritor latinoamericano y desea estar tanto en las librerías de Quito, La Paz y San Juan hay que publicar (y ojalá vivir) en Madrid. Cruzar la frontera implica atravesar el Atlántico”). Lo mismo puede decirse de cada uno de nuestros países: si los autores no publican o viven en la capital, no se conocen sino en su provincia. Hay excepciones, pero son las que confirman la regla.

Octavio Escobar (Manizales, 1962) tiene una obra sólida y constante, incluso avalada por dos premios de prestigio, el Nacional de Cuento de la Universidad de Antioquia (por Hotel en Shangri-Lá) y el Nacional de Cuento del Ministerio de Cultura (por De música ligera). Y aun así, poco se conoce en el país su producción. Una pena.

En esta novela ágil, rápida, recompone el diario de un escritor de éxito entrado en la decadencia vital y creativa. Son evidentes los paralelos que pueden trazarse con los últimos años de la vida de Capote, e incluso en la supuesta introducción que escribe el traductor de los diarios se menciona al autor nacido en Nueva Orleáns: amigo de un montón de celebridades, promete a sus editores una obra genial pero nada que deja ver un avance en su escritura. Parte a Europa y regresa a Nueva York en 1980, justo el año que comprende este diario.

Y es el diario de su vida que se desbarata, y con ella su entorno: entra en quiebra a pesar de sus anteriores éxitos de ventas, se enreda con una artista del Village medio bruja que lo enloquece, las amistades le van retirando el saludo, su edificio en Manhattan es atacado por un extraño polvo gris que se está comiendo los cimientos, no puede avanzar en un artículo que le encargan de la revista Playboy ni en su supuesta obra maestra definitiva. Estados Unidos cae en garras de Reagan, asesinan a Lennon… Y Flowers en medio de este remolino que se lleva hacia el fondo lo que caiga en él.

Podría decir que la construcción del personaje no está muy afinada, que le falta quizá algo más de profundidad, de trabajo, de diseño de personaje para uno poderlo ver y sentir como persona de carne y hueso. Pero la agilidad del relato no permite que uno se detenga mucho en ese detalle. Además, el diario está salpimentado con la trascripción de fragmentos del artículo y la novela que intenta componer el personaje, por lo que la textura de la narración es muy variada y amena. Su novela en proceso se inspira en la narrativa de H. P. Lovecraft, y el excéntrico de Providence está en casi cada línea de este diario. En fin, uno se quiere leer de un tirón esta novela y seguir con otros títulos de la obra de Escobar. Me espera en mi mesa de noche Hotel en Shangri-Lá, y lo voy a empezar ya mismo.

Octavio Escobar Giraldo, El último diario de Tony Flowers, Bogotá, Cooperativa Editorial Magisterio, 1998, 104 páginas.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Fusilados: Joaquín Sabina & Etiqueta Negra



Lo siento mucho, mi querida revista Etiqueta Negra: como sólo circulas en Perú a pesar de los esfuerzos de varios países para venderte en ellos, como tu página web es avara y no deja leer casi ningún texto completo, me tocó en esta ocasión fusilarte un textito de tu número 50. ¿Será que te condueles y te sacudes esos remilgues que pones para moverte por toda América, por España? Es difícil, lo sé, pero mirá a tu fundador y ex director, Julio Villanueva Chang, que se la pasa de país en país hablando bien de vos. Mirá al montón de lectores que tenés en todas partes. Mirá a la gente que escribe para vos, gente de mucho oficio que lo hace gratis porque es tu política editorial no pagar a los autores (lo dicho, sos avara, y por eso te merecés la fusilaíta): Bryce Echenique, Savater, Gabriela Wiener, Villoro, John Lee… Hacete querer un poquito, querida revista Etiqueta Negra. Si no, me va a tocar seguirte cortando en pedacitos y exponiéndote en esta página. Mira que te lo he advertido, ¿eh?
Y con vos, Sabina, no creo que lleguemos a ningún problema: he pagado regalías por todos tus discos, todos, así que cobrate de ahí. Además, no creo que te deliqués por unas cuantas fracesitas que te fusilo, a vos te salen a borbotones. Y si tenés algún problema, llamame y conversamos.


Más de 50 aforismos (para no soñar)

—Menos los de autoayuda, todos los libros son de autoayuda.

—No se trata de no querer venderse sino de no saber. (Aunque doblen la oferta.)

—No hago otra cosa que pensar en mí y no se me ocurre nada (Serratiana)

—No se canta con la voz, el canto es el alimento del hambre del corazón.

—Si todos los partidos sostienen que han ganado las elecciones, ¿quiénes hemos perdido?

—Era un escritor tan exquisito que sólo publicaba primeras ediciones.

—Lo que tiene remedio algunas veces es irremediable.

—¿Siempre? Pasemos a la siguiente pregunta

—Todavía tengo un alma (en oferta) que perder. Anímese, Mefisto.

—La ocurrencia es a la idea lo que a la joya la bisutería.

—Que me devuelvan lo bailao.

—La tragedia es la apoteosis de la vanidad.

—El abismo es excitante si no caes en la rutina.

—Contra la patria chica mundo grande.

—Dijo que rotundamente no, quiso decir depende.

—Hay amores eternos que duran lo que dura un corto invierno.

—Le sobraban razones, le faltaba razón

—Recoge las palabras de la calle y báñalas en oro.

—Exígete a ti mismo demasiado y a los demás lo mínimo.

—Lo bello no es caro ni barato, es singular y escaso.

—El sabio se hace el tonto porque sabe.

—Una vez tuvo una idea y se creyó que era suya.

—Moriré sin descendencia como murió mi padre.

—La razón, la belleza y la bondad no son sinónimos.

—Muera la muerte.

—Mañana será otra noche.

—Qué desconsuelo que el ascensor no llegue al séptimo cielo.

—Era tan sensato que estaba cuerdo de atar.

—¿Nostalgia? De fututo.

—Puede que sí, pero no empujen.

—Entre los inmorales y los moralistas, me quedo con los amorales.

—Embisto a oleadas y con la cara alta, como los toros mansos.

—Ciertos árboles caídos venden su leña carísima y por capítulos.

—Llevaba una falda tan corta que se le veían mis pensamientos.

—¿Alfredo Bryce? Discutámoslo, pero de rodillas y sin sombrero.

—Bailar es soñar con los pies.

—La mejor vacuna, aunque tome su tiempo, es el olvido.

—La poesía está en todas partes, incluso en algunos versos.

—Antes nos contábamos la penúltima conquista, ahora lo último que nos ha prohibido el médico.

—Las verdades son impías ¿y las mentiras piadosas? Las corbatas de la buena educación.

—Lo más duro es curarse de lo que cura.

—Hay quien predica la igualdad por el procedimiento de cortarles la cabeza a los más altos.

—¿Qué importa parecerlo? Hay que serlo (aunque no lo parezca)

—Definitivamente envejezco sin madurar.

—La vida me ha tratado demasiado bien. Pero soy un desagradecido.

—Desengáñese usted, cuando se es joven se es joven para siempre (oído a Picasso)

—En el gimnasio la gente corre y corre para ir a ningún sitio.

—Cuando me daba por soñar nunca dormía, ahora que duermo a pierna suelta ya no sueño.

—¿Cara o cruz? Canto

—¿Culpable o inocente? Anarcotraficante sin remedio

—Un pesado es ése que encuentras en la calle, le preguntas ¿cómo estás? Y te lo cuenta.

—Al lector: ¿hay alguien ahí?

—La felicidad no da la felicidad.

—¿Muertos? Ni de risa

—Acabar con la religión va a costarnos dios y ayuda (oído por ahí)

—Yo me debo a mi público

—Las páginas de Borges están llenas de citas a ciegas.



domingo, 2 de septiembre de 2007

Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig



No tendrían mucho sentido blogs como éste, revistas literarias, lanzamientos, firmas de libros y en general los departamentos de promoción y mercadeo de las editoriales si todos los libros fueran como éste. Porque este libro es perfecto, en su forma y en su contenido.

Empecemos por afuera: es un gusto leer, acariciar, oler los libros de Acantilado. No importa que tengan 102 páginas, como éste, o 476, como los Cuentos contados dos veces de Hawthorne: las páginas vienen siempre cosidas al lomo. Es un gusto el papel cremoso, las páginas de cortesía en cartón negro y el diseño interior, perfectamente proporcionados el tamaño de la fuente, el interlineado y las márgenes. Para no hablar de la sofisticada selección de los títulos, el esmero en la escogencia de los traductores… ¿sigo? Larga vida a esta editorial.

Y en cuanto a la historia, es también un gusto esa prosa elegante de Zweig para contar una historia en las voces de dos narradores, el principal y una anciana señora inglesa que le cuenta al atardecer un día en su vida, el día en que su vida cambió para siempre. Hacia la mitad de su relato anuncia: “En aquellas dieciséis horas había aprendido más de la realidad que en cuarenta años de vida burguesa” (p. 70). El lugar, un balneario europeo de esos que aparecen tanto en las espléndidas páginas de Henry James o Thomas Mann. Llega allí un joven francés arrobador —“a primera vista y observado de lejos, recordaba a esos maniquíes de cera, de color rosado, petulantemente echados hacia atrás, que vemos en los escaparates de los grandes establecimientos de modas, y que, con un bastón de fantasía en la mano, representan el ideal de belleza masculina” (p. 7)— y en dos días convence a una señora de su casa para que se fugue con él, dejando atrás a su marido y a sus dos hijas. La anciana inglesa pasó por una aventura más o menos similar veinticinco años atrás y se la cuenta al narrador con todo detalle. La anciana dama le ha dado vueltas a esa historia durante todo ese tiempo, por lo cual su relato nos mantiene pegados al papel, como mantiene sentado en la punta de la silla al narrador que escucha el relato.

Una verdadera delicia esta novelita, un placer leerla en esta edición de Acantilado.


Stefan Zweig, Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Barcelona, Acantilado (traducción de María Daniela Landa), 2001, 102 páginas.