
Quiso ser Ramón para todos, nada de doctor, ni maestro ni nada parecido. Se graduó como abogado a los 21, pero nunca ejerció: desde siempre estuvo escribiendo en revistas y periódicos, al tiempo que iba componiendo su obra narrativa y dramática. Ya a los 17 había publicado su primer libro. En el 36, al estallar la Guerra Civil en su país, se exilió en Buenos Aires, donde murió en 1963. Su novela autobiográfica Automoribundia fue bastante leída y comentada, pero más lo fueron sus greguerías, género a medio camino entre el aforismo y el chispazo, que él mismo definió como “metáfora más humor”. En este género publicó Flor de greguerías, Greguerías y Total de greguerías. Del segundo tomamos las que siguen. En un momento quise fusilarlas todas, pero el objetivo de esta sección de el ojo en la paja no es agotar sino sugerir. En internet se pueden leer muchas. Provecho.
Greguerías
Los auriculares son las gafas oscuras de las orejas.
Después de ayudar a pasar la calle a un ciego, nos quedamos un poco ciegos e indecisos.
Cuando la mujer pide ensalada de frutas para dos, perfecciona el pecado original.
En la manera de matar la colilla contra el cenicero se reconoce a la mujer cruel.
Las flores que no huelen son flores mudas.
Los presos a través de la reja ven la libertad a la parrilla.
El lápiz sólo escribe sombras de palabras.
El mar sólo ve viajar: él no ha viajado nunca.
Catálogo: recuerdo de lo que se olvidará.
La mosca se posa sobre lo escrito, lo lee y se va como despreciando lo que ha leído. ¡Es el más exigente crítico literario!
El agua no tiene memoria: por eso es tan limpia.
Al cepillarnos, el cepillo nos dice algo en voz baja.
El polvo está lleno de viejos y olvidados y estornudos.
La raya del pelo es feliz.
A los presos los visten con pijamas a rayas para ver si vestidos de rejas no se escapan.
En el río pasan ahogados todos los espejos del pasado.
En las grandes solemnidades llenas de personajes parece que hay algunos repetidos.
Las patillas son los galones del sargento de la cara.
El ventilador afeita el calor.
Abrir un paraguas es como disparar contra la lluvia.
Los bebés con chupete miran al fumador en pipa como un compañero de cochecillo.
En las cajas de lápices guardan sus sueños los niños.
La bombilla que se funde nos gasta una broma de fotógrafo al magnesio.
El agua se suelta el pelo en las cascadas.
Hay el especialista en pedir el unico plato que se ha acabo en el menú.
En el papel de lija está el mapa del desierto.
El apuntador es el eco antes de la palabra.
El sombrero que se vuela parece que se ha escapado con todas las ideas del que corre detrás de él.
Lo malo de que llore una mujer es que después no querrá salir de paseo.
El que pide un vaso de agua en las visitas es un conferenciante fracasado.
Los violinistas de los restaurantes reparten lonjas de jamón de violín.
La manera de curarse el corazón es ahorrando presentimientos.
Los gatos se beben la leche de la luna en los platos de las tejas.
La fraternidad de tres pares de calcetines es conmovedora y tiene rebaja.
La luna es un banco de metáforas arruinado.
El cocodrilo es un zapato desclavado.
Al cerrar una puerta con violencia, pillamos los dedos al silencio.
El pañuelo de seda es el adiós de una caricia.
Las vacas escriben con el tintero de sus ojos el poema de la resignación.
La niebla lleva unos pantalones que le van cortos.
La avispa es la señorita cursi de los insectos.
Dormir la siesta es morir de día.
Las raíces de los árboles están cruzadas de brazos.
Al fundirse la bombilla nos salva de una muerte que venía por nosotros.
Estamos mirando el abismo de la vejez y los niños vienen por detrás y nos empujan.
Tenía tan mala memoria que se olvidó que tenía mala memoria y comenzó a recordarlo todo.
El acordeón tenía los pantalones rotos.
Aquel despacho olía a libros malos.
El caballo sí que es un hombre serio.
El reloj no existe en las horas felices.
El que se equivoca al escribir un sobre, reincidirá dos o tres veces más.
Lo grave del solterón es que se va volviendo viudo.
El lector como la mujer ama más a quien más lo ha engañado.
Lo fusilamos de: Ramón Gómez de la Serna, Greguerías, Madrid, Lampre Editorial.
Greguerías
Los auriculares son las gafas oscuras de las orejas.
Después de ayudar a pasar la calle a un ciego, nos quedamos un poco ciegos e indecisos.
Cuando la mujer pide ensalada de frutas para dos, perfecciona el pecado original.
En la manera de matar la colilla contra el cenicero se reconoce a la mujer cruel.
Las flores que no huelen son flores mudas.
Los presos a través de la reja ven la libertad a la parrilla.
El lápiz sólo escribe sombras de palabras.
El mar sólo ve viajar: él no ha viajado nunca.
Catálogo: recuerdo de lo que se olvidará.
La mosca se posa sobre lo escrito, lo lee y se va como despreciando lo que ha leído. ¡Es el más exigente crítico literario!
El agua no tiene memoria: por eso es tan limpia.
Al cepillarnos, el cepillo nos dice algo en voz baja.
El polvo está lleno de viejos y olvidados y estornudos.
La raya del pelo es feliz.
A los presos los visten con pijamas a rayas para ver si vestidos de rejas no se escapan.
En el río pasan ahogados todos los espejos del pasado.
En las grandes solemnidades llenas de personajes parece que hay algunos repetidos.
Las patillas son los galones del sargento de la cara.
El ventilador afeita el calor.
Abrir un paraguas es como disparar contra la lluvia.
Los bebés con chupete miran al fumador en pipa como un compañero de cochecillo.
En las cajas de lápices guardan sus sueños los niños.
La bombilla que se funde nos gasta una broma de fotógrafo al magnesio.
El agua se suelta el pelo en las cascadas.
Hay el especialista en pedir el unico plato que se ha acabo en el menú.
En el papel de lija está el mapa del desierto.
El apuntador es el eco antes de la palabra.
El sombrero que se vuela parece que se ha escapado con todas las ideas del que corre detrás de él.
Lo malo de que llore una mujer es que después no querrá salir de paseo.
El que pide un vaso de agua en las visitas es un conferenciante fracasado.
Los violinistas de los restaurantes reparten lonjas de jamón de violín.
La manera de curarse el corazón es ahorrando presentimientos.
Los gatos se beben la leche de la luna en los platos de las tejas.
La fraternidad de tres pares de calcetines es conmovedora y tiene rebaja.
La luna es un banco de metáforas arruinado.
El cocodrilo es un zapato desclavado.
Al cerrar una puerta con violencia, pillamos los dedos al silencio.
El pañuelo de seda es el adiós de una caricia.
Las vacas escriben con el tintero de sus ojos el poema de la resignación.
La niebla lleva unos pantalones que le van cortos.
La avispa es la señorita cursi de los insectos.
Dormir la siesta es morir de día.
Las raíces de los árboles están cruzadas de brazos.
Al fundirse la bombilla nos salva de una muerte que venía por nosotros.
Estamos mirando el abismo de la vejez y los niños vienen por detrás y nos empujan.
Tenía tan mala memoria que se olvidó que tenía mala memoria y comenzó a recordarlo todo.
El acordeón tenía los pantalones rotos.
Aquel despacho olía a libros malos.
El caballo sí que es un hombre serio.
El reloj no existe en las horas felices.
El que se equivoca al escribir un sobre, reincidirá dos o tres veces más.
Lo grave del solterón es que se va volviendo viudo.
El lector como la mujer ama más a quien más lo ha engañado.
Lo fusilamos de: Ramón Gómez de la Serna, Greguerías, Madrid, Lampre Editorial.
Comentarios
Maya.
Malla
Camilo te dejo un besito borrascoso
Carlos Castillo.
Justo ahora estoy viendo Ramón Gómez de la Serna en una clase de generación del 98 y 27. Buena fusilada.Un saludo.