Diario de un libertino, de Rubem Fonseca





Sucedió conmigo, sucedió con mis apáticos alumnos y con unos cuantos amigos: quien llega a Rubem Fonseca no sale, siempre va a querer leerse otra historia suya. Pero ¿qué tienen las historias de Fonseca que nos gustan tanto? Bellacos. Sexo explícito. Alguito de sangre. Intrigas por igual en favelas y en palacetes. Villanos ilustrados e investigadores excéntricos, bastantes veces sofisticados. En cuanto a la manera en que se combinan esos ingredientes me limito a extender la invitación a leer cualquier colección de cuentos o cualquier novela para saberlo.

En este diario va tomando cuerpo un delicioso cafre ilustrado, autor de cinco libros, el primero de ellos exitoso, los demás menos potentes. Se enreda con una prima. Se enreda con una mujer y con su mejor amiga. Se enreda con otra mujer y con su hermana. Se enreda con una vecina y con la policía. Se desenreda en algunos casos, en otros no. Y en su diario va haciendo comentarios sobre las mujeres, la amistad, la conquista, el trabajo, la escritura. Sobre este último tópico copia allí una cita de Joseph Conrad que copio yo aquí: “Mi tarea que intento realizar, es que gracias al poder de la palabra escrita puedo hacerte oír, sentir, y, sobre todo, ver” (p. 119). El subrayado es de Conrad, y en él está el frijolito.

Rubem Fonseca, Diario de un libertino, Bogotá, Norma, 2005.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¿Y el autor de este blog se fue de vacaciones o qué? ¿Dónde están las actualizaciones? El que tiene tienda que la atienda.

Lector Resentido.
Tirabuzón ha dicho que…
El blog se actualiza dos o tres veces a la semana, amigo Resentido. Me encantaría que fueran más: cuatro, cinco... leerme un buen libro al día sería el paraíso, pero tengo que laburar para poder comprarlos.