Che



De frente

Todavía se discute si Ernesto Guevara de la Serna fue un héroe o un facineroso, un iluminado o un tonto. En lo que todo el mundo parece estar de acuerdo es en que ha sido el más exitoso vendedor de camisetas y souvenirs, por encima incluso de iconos de la cultura popular como Marilyn Monroe, Elvis o Los Beatles. La foto que le tomó Alberto Korda en 1960, en un acto público del recién estrenado gobierno revolucionario cubano, es “El primer plano más reproducido de todos los tiempos”, según el Centro Internacional de la Fotografía en Nueva York. Su pelo revuelto bajo la boina, la barba mal cuidada y, sobre todo, la mirada al infinito se han convertido en el símbolo de la revolución, pero también en mercancía vacía de todo contenido ideológico (insertar aquí el sonido de una máquina registradora).

Faltándole poco para graduarse como médico salió con su amigo Alberto Granado en un viaje por América entera. Una vez graduado emprendió otro y ya no regresaría ni a su profesión ni a su país ni a su clase social acomodada. En todos los países conoció la miseria y la desigualdad. En Guatemala se encontró con una revolución en marcha y, en México, Fidel y Raúl Castro lo embarcaron en la aventura que tres años más tarde, en 1959, tomaría el poder en Cuba. Esos viajes fueron determinantes para su vida y para crear el mito en torno a su figura: “Soy el mismo solitario que era, buscando mi camino sin ayuda personal, pero ahora poseo el sentido de mi deber histórico”, le escribió a su madre a comienzos de los sesenta.

Al tiempo que combatía —en Cuba, en el Congo, en Bolivia—, llenaba cuadernos con reflexiones filosóficas, apuntes políticos y poemas malos. Habló de batallas, de sangre del pueblo, de oligarquía, de imperialismo en una época en que esas palabras tenían sentido. Era hábil para crear lemas: “Hasta la victoria siempre”, “Este es el diario de un fracaso”, “Crear dos, tres… muchos Vietnam es la consigna”.

Lo pusieron en el mundo de los mitos esas frases efectistas, pero también sus renuncias, su ímpetu, su muerte joven, el cadáver bien parecido que exhibió y luego escondió el ejército boliviano, después de haberle dado cacería en las montañas y fusilarlo amarrado y sentado en el salón de clases de una escuela rural. Su foto muerto con los ojos abiertos es otra de las insignias del culto al Che.  


De perfil

En vida encontró pocos triunfos o ninguno. La fiesta por la victoria en Cuba terminó rápido: había que echar a andar el nuevo gobierno. Los más fieros detractores del Che ponen delante de sus heroísmos los más de 500 fusilamientos que ordenó o ejecutó él mismo en los primeros meses de 1959. “En este problema, si no matas primero, te matan a ti”, dijo. Mientras fue ministro de Industria la producción azucarera bajó a niveles que la isla de Cuba no había conocido. Como director del Banco Nacional tampoco hizo mucho además de firmar los billetes únicamente con su mote, Che. Y sus oficios diplomáticos pusieron una revolución que se decía independiente a las órdenes de la Unión Soviética.

El hombre nunca ha entendido del todo los mitos. De hecho, ni siquiera ha entendido que los mitos no son para entenderlos, y por eso se siguen revisando, repasando. La que es considerada la mejor biografía del Che se publicó en español hace diez años: Che Guevara: una vida revolucionaria, de Jon Lee Anderson, pero hay mil más. Cada tres o cuatro años llega a las salas de cine una película sobre el Che. Por más que se intente o se quiera, nunca terminará de comprenderse al Che Guevara, porque era contradictorio. Dulce y obstinado, soñador y pragmático, hábil y torpe. Un poco como todos nosotros. Por lo pronto, su imagen seguirá vendiendo camisetas, ceniceros, vasos y ponchos por los siglos de los siglos.

Esto dijeron del Che 

“El ser humano más completo de nuestra época”. Jean Paul Sartre, escritor.

“Hoy ya no vivimos la política como una religión. El Che era un místico”. Régis Debray, filósofo.

El Che es un icono universal porque reunía todas las cualidades del héroe clásico, como Ícaro o Dios: su disposición al sacrificio por sus ideales, la austeridad, la voluntad de cambiar el mundo”. Jon Lee Anderson, reportero.

Che Guevara fue un fanático y un aventurero, pero no llegó a ser nunca un corrupto, no tuvo edad para ello. Eso le hizo diferente a otros, y explica que tantos le perdonen sus equivocaciones y aun sus crímenes” Juan Luis Cebrián, periodista.


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