El juego del ahorcado, de Imma Turbau




Me gustan mucho las novelas de las muchachas jóvenes, y a quien diga que este comentario es cabrón y machista debo darle toda la razón. ¿Qué hago? ¡Me gustan las muchachas jóvenes! ¡Me gustan las novelas!

A veces geniales y frescas y otras veces cosidas con clichés y cargadas de verdades inamovibles de las que se tiene a los 22 años, estas novelas cuestan su trabajo, no se vaya a creer. Pero cuando están bien hechas regalan ratos de lectura muy entretenidos. Como esta de Imma Turbau, que recoge una historia simple pero contada con mucha elegancia: el amigo y ex novio de una chica de provincias se suicida, y ella arranca a escribir la historia de los dos, juntos desde los siete años. Nada más y nada menos.

Debo decir que los dos primeros capítulos me dieron rabia: había que caminar por ellos con cuidado para no ir a pisar la cantidad de lugares comunes. Fracesitas, expresiones del tipo "tardes de domingo anheladas" (p. 10), "puñetazos en la pared y besos con sabor a tabaco" (p. 11) me iban cargando... pero seguí y seguí y fui encontrando por ahí frases extensas, proustianas, muy bien hiladas, historia carnosa y fresca y párrafos redonditos, como este que describe el balneario al que va la narradora con su familia todos los veranos: "El pueblo era bastante feo, estaba en la costa más superpoblada de la península y los edificios que habían nacido una década atrás sin orden ni concierto, pero con la voluntad de perdurar propia de la maleza, comenzaron a perder a ojos vista la practicidad y funcionalidad que en el pasado se les supuso, como si el eskay marrón y la fórmica naranja anunciasen un futuro remoto y, por suerte, improbable. Había cafeterías Kansas, Las Vegas y Kentucky, discotecas Bali, Hawai y Capri, hoteles Savoy, Plaza y Royal, heladerías Venezia, pizzerías Napoli, restaurante gallego, mesón andaluz, cervecería Heidelberg, restaurante chino Gran Muralla y, milagro, un McDonald's, creo que el primero que vi..." (p. 52).

Y así se va yendo esta novela, entre observaciones que juntan en una frase bien hecha toda una tendencia, una época; el relato ágil de una relación que crece ante los ojos del lector y ahí mismo se va desbaratando, y el cuadro de la vida de una muchacha de clase media en provincia. Me da por pensar que cuando hay conjunción entre tono, tema y narrador, y encima hay franqueza y ganas radicales de contar una historia y nada más, una novela se salva, sea del tema que sea. Y hasta puede ser buena. Esta lo es.

Imma Turbau, El juego del ahorcado, Barcelona, Mondadori, 2005.

Nota: Lamento el tamaño de la carátula, escribo desde las montañas de Antioquia y no hay un escáner por acá. Fusilé la carátula de la página de Mondadori (también lo lamento, señores, pero les estoy dando el crédito).

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Gracias por las recomendaciones acerca de qué leer.
Se te lee en Finlandia.
saludos
Anónimo ha dicho que…
Tirabuzón: ¿ya registraste tu blog en blogueratura o en blogscolombia? Es un buen modo de hacerle difusión a esta importante plataforma educativa de la juventud colombiana para que salga de las drogas y el satanismo.

Un abrazo,

Un amigo del uñipintao
Mauricio ha dicho que…
yo creo que en la literatura no hay nada escrito, se puede contar la historia que usted quiera y cuando se hace bien resulta ser algo muy bueno. Que que signifique eso de hacerlo bien, hay que dejarselo a muchos factores, aunque para mi es netamente subjetivo.
Sandy ha dicho que…
se ve muicho mejor una carátula asi que una grande.
Anónimo ha dicho que…
Me parece muy bien que te gusten las muchachas jovenes Tirabuzón. Y tu blog es un buen pelotón de fusilamiento porque quienes caen, lo hacen con justa razon.