Fusilado: Thomas Lynch



En los ensayos de Thomas Lynch se juntan sus dos oficios que son a la vez sus pasiones: poeta y empresario de pompas fúnebres. Siempre en ellos la muerte y la búsqueda de la palabra precisa. Pero también no sé qué jugueteo con los tiempos verbales que en ocasiones aceleran la narración y otras la detienen… no sé si me explico, y si no, ahí está abajo el ensayo con que abre su segundo libro en castellano, Cuerpos en movimiento y en reposo. Éste y el anterior libro fueron publicados por Alfaguara, y traducidos por colombianos: el primero, El enterrador, fue traducido por Adriana de la Espriella y publicado en el 2004. El segundo, Cuerpos en movimiento y en reposo, estuvo a cargo de Juan Manuel Pombo —debo decir que ers un pelín descuidada esa traducción— y está en librerías desde mediados del 2006. Esperamos el tercero, el cuarto, el quinto… y que alguna editorial se apiade y traduzca así de bien la poesía de Lynch. Después llega la Parca y…

Cuerpos en movimiento y en reposo

Estoy en casa de los Horton con mi camilla, mi furgón y mi aplicado asistente, el joven Matt Sheffler, porque encontraron al viejo George, el sacristán del cementerio, muerto en su lecho este jueves por la mañana a una hora normal. La policía ya vino para descartar la posibilidad de acto delictivo alguno y también el equipo paramédico para enviar una grabación del dictamen, de manera que algún médico en alguna sala de urgencias debidamente conectada al mundo pueda declararlo muerto a distancia prudencial. Y ahora nos toca el turno a nosotros, a Matt y a mí, de pasar a George de la cama a la camilla, negociar la curva cerrada en la parte alta de las escaleras y salir por la puerta principal hasta el coche fúnebre que espera con el motor prendido en la entrada para conducirlo de vuelta a la funeraria donde recibirá su último adiós —bien velado y recordado— durante un servicio fúnebre que tendrá lugar un sábado a mediados de abril, bien cumplidos todos los deberes que su muerte implica, sus impuestos pagados.

Somos cuerpos en movimiento y en reposo: allí, en el dormitorio de George, a la luz plomiza de la media mañana, más o menos una hora después de que su hija lo encontrara tras negarse a contestar al llamarlo por teléfono, porque él siempre contesta y ella siempre llama, entonces la mujer se metió en su automóvil, vino y lo encontró tal y como nosotros ahora lo encontramos: inanimado, sin respirar, a todas luces indiferente ante nuestro alboroto. Y aquí está, en efecto, dispuesto en su cama como si no hubiera ocurrido nada, todavía recostado sobre su hombro izquierdo, oreja izquierda contra la almohada, pierna derecha montada sobre la izquierda, mano derecha oculta bajo la otra almohada que otrora ocupara su ex mujer antes de dejarlo hace veinte años y, bajo la susodicha almohada que perteneciera a la señora Horton, como le señalo al joven Matt, una pequeña pistola calibre .22 de mango nacarado con la que George dormía desde que volvió a dormir solo. “Por seguridad”, decía. Alegaba que así dormía mejor.

Y la verdad, no hay nada que no esté en perfecto orden: ni la menor señal de pánico o lucha o dolor y, excepto quizá por el tinte cardiaco que le asoma en las orejas, el tenue olor que deja la temperatura de un cuerpo y una minúscula rigidez presente en sus extremidades, cosa que facilita moverlo, nadie podría sospechar que George no estaba simplemente durmiendo esta precisa mañana, es decir, apenas recuperando unas horas de sueño, porque, por ejemplo, quizá estuvo hasta tarde jugando póquer con los muchachos o porque quizá se trasnochó un poco cenando con su novia o simplemente porque estaba cansado de excavar y rellenar tumbas y, sea lo que sea, esta mañana el hecho es que no tenía tumba para excavar para ningún muerto del vecindario.

Sin embargo, esta mañana, George Horton está realmente muerto y siendo desalojado de su residencia por Matt y por mí al tiempo que lo envolvemos en sus sábanas de lino, sigilosamente lo rodamos sobre la camilla, alzamos esta última para sortear la curva difícil en la punta de las escaleras y bajamos cuidadosamente por las escaleras haciendo lo posible porque las rodachinas no golpeen los peldaños cada vez que quien carga la parte más pesada del empeño da un paso abajo. Y la verdad es que da mucha pena el asunto, porque a pesar de todo, aquí tenemos a un George digamos que, hoy por hoy, más o menos en la flor de la vida, no todavía muy cerca de los sesenta, sus hijos criados y educados, su casa pagada y una novia todavía en sus treinta con la que se le veía dos veces por semana. “Aprovechar mientras se puede”, solía decir. Y juega al golf con handicap cero, es dueño de un pequeño negocio con empleados de fiar y un gran acumulador de millas aéreas que gasta en viajes a Las Vegas dos veces al año en donde se enloquecía un poco jugando a los dados y con las coristas de cualquier espectáculo. Y tiene dinero invertido en casas que arrienda y en fondos de inversión inmobiliaria y cantidades de amigos que hablarían bien de él y una hija que está a punto de convertirlo en abuelo por primera vez y, la verdad sea dicha, todo parecía indicar que George lo había logrado todo. Si no fuera porque esta mañana lo estamos sacando con los pies para delante de su propio hogar, podría decirse que George tenía toda la vida por delante.

Y es justamente aquí, en el rellano del primer piso, a unos pocos metros de la puerta principal, en donde su hija de preñez avanzada espera, en sudadera, darle el último adiós al abuelo de su bebé que aún no ha nacido. La cara de Matt está colorada de tanto alzar, jadear y resoplar o, por qué no, conmovido ante la triste belleza de la mujer al tiempo que ésta deja correr su mano sobre las mejillas de su padre, casi sin aliento, con los ojos rojos y lacrimosos. Entonces, la mujer levanta su rostro, me mira y dice:

“¿Por qué?”.

“Su corazón, Nancy…”, fue todo lo que le pude decir. “Todo parece indicar que murió mientras dormía. No se dio cuenta de nada”.

Son palabras consoladoras de comprobada eficacia que uno aprende tras veinticinco años dedicado a estos asuntos.

“¿Pero por qué?”, pregunta de nuevo la mujer, y ahora resulta evidente que explicarle cómo ocurrió lo que ocurrió no va a ser suficiente.

Entonces me veo pensando en todos los posibles sospechosos: las hamburguesas de queso, el whisky, los Lucky Strike, los diez o quince kilos de más que todos nosotros, bueno, algunos de nosotros, nos echamos encima, las caminatas que no hicimos, la medicación preventiva que siempre ignoramos, el trabajo y las preocupaciones y los impuestos, las malas rachas, la bestia que en el fondo somos, las cosas del mundo, la mierda que simplemente pasa porque pasa.

Pero Nancy tampoco está preguntando por esos detalles. Lo que ella quiere saber es por qué. Por qué, en el más sobrecogedor y ampuloso sentido de la palabra, no somos eternos; por qué nos tenemos que morir. Por qué estamos condenados a la orfandad y al desamparo. Por qué dejamos de existir, por qué no nos deja en paz natura. Por qué no somos inmortales. ¿Por qué esta mañana? ¿Por qué George Horton? ¿Por qué, por qué, por qué?

No son pocas las veces en mi vida que, como dueño de una funeraria o director de pompas fúnebres, me han preguntado lo mismo colegiales, viudas recientes, cavilosos clérigos, peregrinos compañeros de viaje… quizá todos piensen que yo fui el de la idea. Quizá a todos les gustaría verme retorciéndome incómodo ante la idea de un mundo en donde todos los seres humanos no tuvieran necesidad de ataúdes y coches fúnebres y en donde yo y mis colegas estaríamos siempre y en todo momento, sin solución de continuidad, a sus pies y servicio. O quizá en realidad sólo se preguntan, como yo, la pregunta verdadera.

“Pura cuestión de matemáticas”, hubiera dicho George Horton o no es más que “la última cuenta de cobro” o “así es la vida” o, incluso, “está escrito en la Biblia”. Y si ninguna de las respuestas anteriores le hubiera parecido suficiente, entonces hubiera dicho “lo único que quiero es no estar allí cuando me llegue la hora”. Bajo la presión de los enemil calificativos adverbiales que pueden llegar a cruzar por una cabeza al tiempo que se excavan o tapan tumbas, George era un tipo del que se podían esperar respuestas sencillas y claras. Autodidacta en lo que concierne a los asuntos del mundo, sus lecturas se limitaban a la Biblia protestante del rey Santiago, el Wall Street Journal y Golf Digest, el catálogo sobre Victorias’s Secret en lo que a la decoración del hogar concierne y el Gran Libro de los Alcohólicos Anónimos. Sus gustos televisivos se reducían a C-SPAN, The Home Shopping Network y los partes meteorológicos. La mayoría de las tardes se adormecía mirando el programa de Oprah Winfrey, de quien estaba irremediable e ilusamente enamorado. En los días tranquilos navegaba por la red o examinaba su portafolio en la misma. Los domingos observaba programas de opinión en la TV y luego salía a comer por fuera y a cine con su novia. Entre semana se tomaba un café en el Summit Café con los muchachos antes de hacer su ronda de los doce cementerios de los que estaba a cargo. Miércoles y sábados, en principio y sobre todo, jugaba al golf.

“Es pura matemática”, le oí decir un día desde la cabina de su retroexcavadora a propósito de nada; estaba rellenando una sepultura en el cementerio Milford Memorial. “Si vas a tener hijos, hay que abrirles espacio: el asunto es bíblico”.

En otra ocasión, recostado contra una pala, mientras esperaba a que el cura terminara, soltó lo siguiente:

“Copular, poblar, aspirar, expirar; mera matemática: sumar, multiplicar, restar y una división más o menos complicada… a eso se reduce lo que estamos haciendo aquí, pura matemática. En resumidas cuentas, nos entierran a razón de mil por media hectárea o nos incineran y entonces cabemos en dos cuartos de galón, poco más o menos”.

Imposible saber cuándo iba a salir con una de esas ocurrencias sabias.


*

Sin embargo, mientras embalsamaba a George más tarde esa misma mañana, a mí se me ocurrió que las cifras nos dan consuelo porque, en último término, cuadran. Los guarismos conocidos, no importa qué tan precarios, son como un bálsamo. Cualquier año dado, en lo que falta para culminar el milenio, morirán 2,3 millones de estadounidenses. El 10% de los embarazos no habrán sido buscados. Se darán 60 millones de casos de gripe común. Se trata de cifras que uno casi podría ir y consignar en un banco. Nacerán, más o menos, 3,9 millones de niños. Definitivamente bíblico el asunto. Y todos estos recién nacidos serán obsequiados con unos 76 años de expectativa de vida. Los varones alcanzarán una estatura promedio ligeramente por encima de los 1,70 metros y las mujeres un poco por debajo de 1,70. De todos ellos, el 25% será cremado, el 35% sufrirá de obesidad y un 53% lidiará con el alcohol. Cada año se divorciarán dos millones de los cuatro que contraerán matrimonio y el número de suicidas estará cerca de los 30 mil. Unos pocos se ganarán la lotería, otros cuantos más buscarán ser elegidos para un cargo público y a un buen manojo los matará un rayo. Y cualquier día normal de estos, 6.300 ciudadanos como nuestro querido George, dejarán de respirar y serán sacados tiesos en una camilla y en adelante se hablará de ellos (o ellas) en pasado. Y la mayoría será arropada en sus mejores vestidos, tal y como hoy arropo a George en su mejor atuendo azul, lo descanso en un ataúd con la ayuda de Matt Sheffler y miro a ver cómo organizo las 2 0 3 docenas de arreglos florales, los 100 o 200 parientes y amigos, y los 60 o 70 automóviles que seguirán el cortejo fúnebre a 30 kilómetros por hora a lo largo de la ciudad hasta llegar a la sepultura número 4 del lote 17 en la sección C del cementerio Milford Memorial que se convertirá, como decimos en el gremio, en su última morada sobre la cual se erguirá una lápida de granito sobre la que se tallarán su nombre y fechas, una de las cuales, restada de la otra, dará cuenta de lo que fue su tiempo. Lo corruptible será incorruptible, dirá el clérigo que oficie, lo inmortal será inmortal.

“Sé que voy a morir, pero espero que el día que ocurra no esté presente” como dijo Woody Allen, será una de esas cosas que ya nunca jamás le escucharemos decir a George Horton.

Así como tampoco podemos ver ahora, al observar los ojos de su hija Nancy, la mañana azul del mes de mayo próximo cuando ella, erguida, llena de dolor, alzará su recién nacido bebé al pie de la tumba de su padre, su único padre, en honor al cual bautizará a su hijo. Y tampoco oiremos las promesas mudas que hará de mantener a su padre vivo, de recordarlo por siempre jamás en el fondo de su corazón. No hay matemáticas ni versículo de la Biblia que valga a la hora de dar cuenta del instante o el misterio que aquí (y luego allí) la embarga.
Lo fusilamos de: Thomas Lynch, Cuerpos en movimiento y en reposo, Bogotá, Alfaguara, 2006, pp. 31-37. Traducción de Juan Manuel Pombo.

Comentarios

Lucaz ha dicho que…
La muerte de un histérico perfecto, contada con perversa candidez. Habrá que segurle la pista a Lynch.
Anónimo ha dicho que…
El Enterrador es una golosina rara y sabrosa. El señor Lynch fue una de las fuentes que consultó Alan Ball -uno de los mejores guionistas vivos- para diseñar Six Feet Under, la serie de HBO que ha pasado al Olimpo de los mitos televisivos al lado de Los Sopranos.

Burgos.
Lucaz ha dicho que…
Cuando vino Sergio Pitol´(2001) nos dejó una listica de autores como el Sr. Lynch, bajo la categoría de "excéntricos". Obviamente a disposición de la muchachada bloggera. Según el mexicano el grán excéntrico colombiano -mientras la galería repetía y repetía el apellido Vallejo- es si señor como no don León de Greiff, notre paysan. Saludos.
FRANCO ha dicho que…
Ufff, qué buen relato: una radiografía de la muerte limpia, escueta, sin dramatismos. Buenas reflexiones las de Lynch, sobre todo si tenemos en cuenta que el hombre debe andar lidiando con esta señora cada día. Por cierto, me llamó la atención la parte del ¿Por qué a mí? No sé dónde leía alguna vez que todo el mundo se hace la misma pregunta, pero casi ninguno se dice, mejor, ¿Y por qué no a mí? Ya llegará la hora en que seremos una estadística de ésas que pone ahí Mr. Lynch. Gracias, don Camilo.
Lucaz ha dicho que…
Frank, para el caso de don Jorge, Lynch deja por ahí regadito -así como haciéndose el manolo- su ensayo de respuesta a esa pregunta de por qué le tocó a él, el funebrero conoce bien el sótano del alma humana....y le sabe sacar partido.

Burgos, buscaré la golosina.
Camilo Jiménez ha dicho que…
Todos y cada uno de los capítulos de las seis temporadas de la inmensa Six Feet Under incluían un crédito a "The Undertaker", de Thomas Lynch.

Este ensayo es precioso, pero no es el mejor del libro. Con eso digo mucho. Hay que buscarlo, así como también el primero, "El enterrador".
Carlos A. y Pablo R. ha dicho que…
El periodista Alan Johnston, secuestrado en Gaza, escribió lo siguiente en una crónica de su secuestro:
«En el estilo medido y pausado de la BBC, escuché informes de que me habían ejecutado… Había sido declarado muerto… Pero yo sabía muy bien que estaba vivo y, luego de unos minutos, no pude evitar que la famosa línea de Mark Twain viniera a mi mente: "Los informes de mi muerte son exagerados"».
William Zapata M. ha dicho que…
Uyyyy!! Tan intelectuales; no pues, la tertulia sabanera...
Anónimo ha dicho que…
¡Bravo! Volvió el empeliculao. Y pisando fuerte. Apenas para un aviso publicitario: "El Empeliculao renovao: ahora da un 30% más de papaya".
Carlos A. y Pablo R. ha dicho que…
Lo que no hemos podido saber del empeliculado es quién es: si el actor de porno brasilero de su blog o el paralítico que sale en las fotos de los mensajes.
Lucaz ha dicho que…
Ese mismo Carlos und Pablo, la esperanza de algún paisa despistado (empezando por himself) de tener un Bukowski en la bella villa. Y que Willy, que otra cosa de nuestra pobre cultura victimista has superado trasegando las altas esferas de la intelectualidad neuyorquina?? Cuando es que te vamos a ver el New Yorker o en Atlantic Monthly??
FRANCO ha dicho que…
Ya te extrañaba, güilliamcito. Que bueno que volviste, ¿no gustas pasar a tomar una tacita de café?
Camilo Jiménez ha dicho que…
Carlos-Pablo, Lucaz, Franco: estoy buscando desesperado un sombrero para quitármelo por los últimos comentarios que pusieron. Y el del Anónimo tambíén está simpaticón. Gracias. Y gracias al Willy por aparecer de nuevo a darle garra a este blog.
Anónimo ha dicho que…
Y qué pasaría si se encontraran el empeliculao y Plata? Que vuelva Platica y que a Wilman le den tarjeta de cliente frecuente pa que no se pierda tanto!
Sinar Alvarado ha dicho que…
tengo una sospecha: el señor jiménez, mi estimado capitán, ha fabulado ese personaje -el tal willi, alias empeliculao- sólo para poder polemizar con un espantapájaros divertido. sin embargo, cierta flaqueza intelectual del sujeto me desconcierta: le salió deficiente el personaje durante el proceso de factura? o, por el contrario, es camilo nuestro nuevo moliere y estamos en presencia de la tontería humana elevada a la categoría de arte? pregunto, caballeros, cuál es la verdad?
Anónimo ha dicho que…
Me encanta muchísisimo esa teoría de sinar, yo también creo que camilo depuro esquizofrénico se invnetó a ese mancito, gente así no existe
William Zapata M. ha dicho que…
Uf! Cuidado se les recalienta esa cafetera que tienen por cerebro procesando tan elaborados chascarrillos. Y eso sin contar los comentarios tan agudos y estructurados sobre los post en cuestión... y a propósito, a qué arquidiócesis pertenece este grupo juvenil?????
Camilo Jiménez ha dicho que…
Mi querido Willy, te declaro visitante ilustre de esta parroquia. Mira que cuando empiezan a pasar demasiadas bolas de heno por acá, aparecés vos y esto se llena de comentarios. "No tengo con qué pagale, mijo". Las ventajas de tamaña distinción las podés consultar en la letra menuda.
Anónimo ha dicho que…
Wilman for president!
FRANCO ha dicho que…
A mí me da por pensar que güilli es como el presidente Chávez: cuando todo está calmado sale a decir una cantidad de vainas que uno no sabe si reírse o llorar. Yo prefiero la primera, y por eso me encanta que abra la bocota y que vuelva por este blog cuantas veces quiera. ¡Reeleción vitalicia para güilliamcito!
Lucaz ha dicho que…
Humm Willy, buen punto lo del nombre para el grupo juvenil y su arquidiócesis ...déjame pensarlo; teniendo en cuenta la vasta cultura y feraz imaginación de los habitues no puede uno salir con un chorro de babas..ya te contaré. Solicito ayuda de los cofrades para la dificil tarea que Willy nos "colocó".
Carlos A. y Pablo R. ha dicho que…
Lucaz: nosotros ya estamos bastante colocados.
Anónimo ha dicho que…
¿La williantología?
¿Los willianscanos, willianitas o willianicos?
¿Los williarishnas?
¿Los willistas del séptimo día?
¿Las willianitas descalzas?
¿Willy and the pussycats?
¿Willy y el prisionero de Azcabán?

Att.
Un jesuita dispuesto a convertirse.
Anónimo ha dicho que…
¡Por favor, liberen a Willy!

A.
William Zapata M. ha dicho que…
Hombre, Camilo, pues en letra menudita estaba escrito que si la tecnología mac es cada vez más desechable, la tecnología microsoft es dolor de cabeza permanente; así que el esfuerzito hay que hacerlo antes que el pc te deje varado.

Bueno, quedo a la espera de más juan-fernando-mosqueradas de parte de Andrés Burgos y las demás eminencias. New York Calling!
Lucaz ha dicho que…
Willy, gracias a tus brillantes incursiones por estos lares y a esa -para mi inexplicable- persecución contra el escritor Andrés Burgos, yo descubrí que tataaaan tataaaan !!!Charles Bovary es Gustave Flaubert!!!. Emulando a las quinceañeras: porfa Willy nunca cambies!!! TQM
William Zapata M. ha dicho que…
Gracias por dar la cara, peludo comegalletas, eso es lo que necesitamos en ese país maldito condenado a arder en la hogura... y a todas estas: Será que sos capaz de escibir más de cinco líneas seguidas???? Tal vez diez? Quince? digamos unos cuatrocientos carácteres...
Carlos A. y Pablo R. ha dicho que…
Cn tu método de escritura, empeliculado, el mismo de los antropólogos y demás especies que inundan nuestro ambiente, se pueden escribir miles, millones de caracteres por día: comprás dos volquetadas de gravilla y las vas soltando por puñados encima del teclado.
Lucaz ha dicho que…
Pero por que te pones tan agresivo muchacho?? lo que me asombra es tu capacidad de adivinación...ahora mismo estoy con mi dosis de galletitas saltinas....ya sabés el azucar, la vesícula...el reuma que se avecina. 400 caracteres yo???? jamás...eso es para iluminados como vuesa merced. Gracioso eso de a ver que que que? vos no sos capaz de... me recuerda mi infancia en la Bolivariana y la joyita (según Margarita Valencia y yo estoy de acuerdo) de Burgos: Manual de Pelea. On se calme et bon soiree cherie. TQM Still.
oscar ha dicho que…
Me gustó mucho la sinceridad y el desparpajo de el señor Lynch, que sólo por su apellido ya es para tener en cuenta. Ensayos rebosantes de buena escritura, anécdotas y un humor vitriólico que te sacude y vigoriza.
Sinar Alvarado ha dicho que…
por primera vez en la historia de este blog, estoy casi seguro, una entrada supera los treinta comentarios. y soy yo el que lo firma!

aprovecho para recomendarle a willi, alias empeliculao, personaje ideado por camilo jiménez, que se tome una infusión de valeriana. para que encuentre sosiego. caso contrario, si está de ánimo y le sobra energía, lo invito a que suelte esas volquetas de gravilla que recomienda pablo r. a ver si por azar consigue componer "manquesea" un comentario ocurrente.

salut!
Lucaz ha dicho que…
Eso puede ser cierto Sinar, con lo jodido que es ese muchacho desde que estaba chiquito... Pero habría que encontrar al que escribe las entradas en el blog de Willy, ese si que es un genius freak..
Carlos Ciro ha dicho que…
Camilo.

Muchas gracias por tu comentario en mi blog sobre Pessoa que me trajo al tuyo y a este interesante post.

Desde ya, me considero asiduo visitante de este blog.

Saludos
William Zapata M. ha dicho que…
Total, sos OPINÓLOGO como yo, Comegalletas.

Deberías manejar la selección Colombia o dirigir una película de cine, a ver si se te quita el vicio.
Lucaz ha dicho que…
Error muchacho, arduos trabajos de índole variopinta me han llevado a poner el cine y la música en su lugar, si creces y si lees y te lees bien, preferiblemente en la compañía adecuada y en el momento justo, sabrás a que me refiero. En cuanto al futbol, quedando campeón Lanús el domingo, creo que será prueba superada...pero sin comillas como suele ser tu caso. Keep the mirror boy. Bye
Anónimo ha dicho que…
alguno me puede explicar de qué estan hablando Lcaz y Wilman¿
Lucaz ha dicho que…
Anónimo, pues que Pinto pinta bien (8 de 12)
Anónimo ha dicho que…
No sé si venga al caso. Todo metido es así: inoportuno. Pero, y apartandome de la contienda que veo tiene una historia a la que prefiero no indagarle las raíces.... ¿Alguno de Uds. ha leído a Thomas Pynchon?
Anónimo ha dicho que…
Nada! Qué van a leer! La mayoría son puras groupies del dueño del blog; eternos soñadores de algún ídolo para lamerle los pies
FRANCO ha dicho que…
Cami, ¡un autógrafo!
Anónimo ha dicho que…
Uyy que agresividad se respira por aquí....yo sólo preguntaba!! Claro, tal vez me deje engañar por la apariencia de que este era un un Blog literario....perdon!

Anonimo arrepentido..
Anónimo ha dicho que…
Anónimo: Pynchon es una delicia, pero hay que ponerle ganas porque no se entrega sin dar la pelea. Te recomiendo, si vas a empezar, una de sus novelas más reconocidas, más cortas y menos enrevesadas: La subasta del lote 49.

Burgos.
Anónimo ha dicho que…
Burgos: Gracias por el consejo. He empezado. Atrevido que es uno! Solo que varias nimiedades que ando hacieno se me han interpuesto en el avance normal de lectura...Ya me reportare mas adelante para comentar a fondo cierta teoria acerca que me acecha....A
Anónimo ha dicho que…
Obvien el (acerca) del comentario anterior...A
Lucaz ha dicho que…
Pregunta Thomasito ¿por que nos tildan de lambones cuando comentamos aqui y no cuando comentamos en Vainas Mias, Matamoscas, Nos van a Perdonar, Flaca et Malvada etc etc?. Again, keep the mirror anónimo(a).

P.D. A Pynchon solo lo entienden los psicoanalistas.
Lucaz ha dicho que…
Burgos...cantor
Anónimo ha dicho que…
Qué va, Lucaz... Pynchon no es muy digerible, ni se lo aguanta todo el mundo, es verdad, por eso no lo recomiendo a cualquiera. Pero quien le agarre la velocidad crucero va a encontrar experiencias únicas y un narrador mamagallista de primera.

Burgos.
Camilo Jiménez ha dicho que…
Nunca he leído a Pynchon... me dan muchas ganas, pero nada.
William Zapata M. ha dicho que…
Qué bien que dejamos a un lado esa cosa judía, cuasi sabatiana, de hacernos las víctimas. A veces la auto-promoción también puede esperar.
malvisto ha dicho que…
Pues qué bueno, no lo conocía. Habrá que seguirle la pista, irle de frente.
Y por otro lado, ya no son solo autores fusilados, ahora viene uno aquí a que lo fusilen en los comentarios. Caramba.

http://malvisto.wordpress.com/
Lucaz ha dicho que…
Los cuentos de Pynchon son excelentes (Un Lento Aprendizaje creo que se llama la coleccioncita y cada uno comentado por su autor en el prólogo) La Subasta es memorable pero deserté de V, espero retomarlo más adelante.
Anónimo ha dicho que…
Afortunadamente, Camilo, todo pasa pronto, no?...A
Anónimo ha dicho que…
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