Tácticas contra el tedio, de Mauricio Bernal




Santiago Buscáceres fue un profesor de historia entusiasta, respetado por colegas y alumnos. Diez años después, en el momento de la narración, está bien entrado en su cuarta década de vida y se ha convertido en un apático que repite año tras año la misma lección. A punto de separarse de su esposa Valeria llega una nueva hija, y ambos deciden sostener un matrimonio destartalado en esos cuatro kilos escasos que pesa la criatura. Tienen otros dos hijos, y si miramos la diferencia de edades entre ellos podríamos pensar que la historia del naufragio matrimonial y la salvación a última hora por el estado de gravidez se ha repetido: Alberto es bien mayor, ya tiene esposa y apenas aparece cada tanto a pedirle dinero a su padre. Casilda tiene 18 y vive con Santiago y Valeria. Todos los miércoles Santiago se reúne en un bar con tres conocidos a jugar parqués, el resto de su tiempo lo pasa entre perderlo en su oficina y la biblioteca de su casa, hacerse pajas y recibir callado los embates de su mujer, que lo jode por todo y lo desprecia.

La novela está repartida en tres partes, y al final de la primera, gracias a una casualidad, habrá un cambio radical en la vida de Santiago que no debo adelantar acá: lo importante es que se va de su casa sin despedirse y durante seis meses se dedica a viajar. Pero sólo sale de los aviones para quedarse en aeropuertos esperando el vuelo siguiente a cualquier parte: curioso, ha decidido combatir el tedio con más tedio: en los aeropuertos, en los aviones, “todo es tan tranquilizadoramente repetitivo” (p. 149). Después de esta aventura excéntrica, en la tercera y última parte de la novela lo encontramos de nuevo en su casa, instalado y degradado a la categoría de egoísta y desquiciado. Una casualidad (otra) lo pone en frente de un pasamontañas, y este objeto lo lleva a una aventura igual de rara a la anterior: por las noches se dedica a deambular por las calles de su pueblo y a cometer pequeñas felonías bien intencionadas (que tampoco debo detallar para no matar el duende). En esta última parte la novela va encontrando un ritmo rápido y una seguidilla de aventuras que no tuvo en las doscientas páginas anteriores.

Es que el texto está reconcentrado en la mente de Santiago: cualquier evento que llegue a desacomodar la rutina, y al comienzo son pocos, es seguido por páginas y páginas de pensamientos del protagonista. Le da vueltas, lo explica, lo comenta de dos, tres, cuatro formas distintas: “lo que hasta hace poco era una poderosa fábrica de signos vitales no es más que un bulto sin vida, una maquinaria privada de funcionamiento. Se han apagado el corazón y los pulmones, la sangre ha dejado de correr, los ojos abiertos de par en par ya no pueden ver el techo blanco y agrietado, y si lo ven ya no transmiten la información y de todas formas ya no hay neuronas para interpretar las imágenes…” (pp. 255-256).

Esta insistencia en decir lo mismo de varias formas diferentes, de darle vueltas y vueltas tanto a asuntos baladíes como a grandes eventos, empieza a aburrir. Va uno encontrando como lector cierta estructura que se repite: la aventura (pequeña o grande, da igual, y en la novela hay de ambas) y luego repeticiones, reflexiones, “qué pasaría sí…”, estudio en detalle de ese evento durante párrafos y párrafos. No pocas veces me vi diciendo “ya está bueno, pasemos a otra cosa, por favor”. En un aeropuerto, por ejemplo, se encuentra con una estrella juvenil a quien su hija adora. Le quiere pedir un autógrafo pero no quiere hacerlo él directamente, y entonces le paga un dinero a una mujer para que lo haga; cuando está frente a la estrella la mujer señala a Santiago, y el actor o cantante sonríe y se dirige hacia él. Santiago sale corriendo, y yo como lector quise hacer lo mismo: no ha pasado nada, nada, en unas cincuenta páginas (además de los pensamientos del protagonista), y justo cuando está a punto de cambiar esta aburrida dinámica el personaje decide correr. Hombre, está bien que Santiago aprecie la rutina y se acomode bien a ella: lo que no puede permitirse un autor es que al lector le pase lo mismo.

Hay que decir que está impecablemente bien escrita y tiene pasajes entretenidos y muy bien relatados; a ratos las insistentes reflexiones del personaje llegan a ser inteligentes o al menos divertidas, como cuando está estudiando qué taxi tomar a la salida de un aeropuerto: “está convencido de que escrutando a su hombre podrá saber si pertenece a la peor especie, la que ningún mortal con un poco de amor propio quiere tener a su servicio: el taxista hablador” (p. 168). Creo que le faltó al autor una voz amiga que le indicara desbastar ripios, repeticiones. Mejor dicho, faltó edición para que fuera más que una novela aceptable. Pudo haber sido una buena novela.

Mauricio Bernal, Tácticas contra el tedio, Bogotá, Villegas Editores, 2008, 288 páginas.

Comentarios

yacasinosoynadie ha dicho que…
Yo ya desconfío mucho de Villegas Editores. Hace arto no publican algo que realmente valga la pena.
Johan Bush Walls ha dicho que…
En relación a su comentario sobre la falta de buen editor para el libro que comenta, ya se metió a honduras con los textos de los malos escritores, ahora le toca darle a los malos editores, ¿qué le parece la idea?

Usté que sabe del negocio, podría ilustrar por qué hay tantos malos libros.

Salú pue.
Anónimo ha dicho que…
Hola Camilo, a pesar de que no escribo mucho ni opino en este blog, siempre lo sigo. Quisiera que alguien me dijera como dejo de ser anónimo, porque después del alboroto que se armó hace poco (y que como buen chismoso y mortal, me dio por leer todos y cada uno de los casi 60 comentarios....si así fueramos para todo!) pues, quisiera entonces poder mostrar mi nombre.

Este señor Bernal, creo que vive en Barcelona y es periodista. Cuando me metí de lleno en la lectura hace unos años, quería leer los clásicos, claro está, y por supuesto esa nueva literatura colombiana y entonces compré "La dificultad de las cosas"....y debo decir que realmente, es uno de los pocos libros que no me dolío dejarlo a la mitad....no pude! física y literalmente no pude. Peca por mucho de lo que describe Camilo....el hombre le da vueltas y vueltas a una sola cosa y resulta que después de 50 hojas uno no siente que avanza la historia. En esta novela, el asunto es con un taladro y el personaje central llamado Mauricio BernEl (con "e", que original), martirizado por un taladro y una prostituta que conoce en una calle. Así como esta novela Recursos Humanos, otra que se me cayó de las manos, desde el primer capítulo con la figurita del TIC TAC y las tetas de no se quien. En fin, Camilo, una pregunta que por favor espero que me puedas responder.....cuando dices que "Tácticas contra el tedio" esta bien escrita.....A que te refieres?, es decir, que puntos a favor en cuanto a la escritura y al manejo del lenguaje se le puede dar a esta novela....porque si es así, al menos por ejercicio me gustaría echarle un ojo, gracias.
Anónimo ha dicho que…
Se me olvidaba, me llamo Carlos. Gracias.
Apelaez ha dicho que…
Carlos: hay varias formas para dejar el anonimato:

1. Seleccione nombre/URL y ponga su nombre.

2. Si tiene cuenta de GMAIL, puede usarla y saldra su nombre real.

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chaly2 ha dicho que…
Apelaez, gracias, creo que ahora si lo logré....todavía soy medio brutico para estos temas del internet. gracias.
Carolina Andújar Córdoba ha dicho que…
Suena original. Y si está bien escrita, pues muy bueno. Chévere leer historias distintas.
Andrés ha dicho que…
A mí me gustó La dificultad de las cosas. A pesar de ser muy tobogán, muy de culos pal estanco la historia, sin mayores matices o giros, tiene su algo. De lo que he leído de la colección de literatura de Villegas, tal vez lo mejor.
Apelaez ha dicho que…
Chaly2: De nada. Palo pa Charry.