lunes, 11 de mayo de 2009

El nuevo cuento latinoamericano, compilado por Luis Fernando Afanador



Si juzgamos las antologías por las ausencias se rajan todas: siempre quedará haciendo falta algún autor, esta o aquella pieza tan emblemática. Lo que uno espera, entonces, es que el responsable de la antología ponga en claro en su prólogo los criterios que tuvo en cuenta para hacer la selección: por qué éstos fueron los escogidos y por qué esos otros quedaron descabezados. Y en este libro ese criterio no es claro. Lástima. Queda uno entonces con preguntas: a autores muy jóvenes (Daniel Alarcón, Samanta Schweblin) los acompañan unos cuantos que rondan los cuarenta (Pedro Mairal, Eduadro Halfon), y con ambos, autores que han sobrepasado ya los cincuenta años (Julio Paredes, Tomás González, Juan Villoro). ¿Qué es lo que determina, pues, que estas piezas sean representantes del “nuevo cuento latinoamericano”? ¿No nació ningún cuentista de valor en, por poner un caso, Colombia en los setenta? (y si el compilador considera que no lo hay, pues no lo hay y punto, y no relaja los límites de su selección para incluir autores que no son tan “nuevos”). En fin, me hizo falta saber por qué considera el compilador que estos relatos son representativos de una “nueva” cuentística latinoamericana. También me hizo falta una biografía breve de los elegidos, así como el origen de prácticamente todos los relatos: apenas el de Julio Paredes tiene información en ese sentido.

Otra característica de las antologías es que permiten conocer una variedad de registros, y esta docena de cuentos cumple ese rasgo con suficiencia. Cuentos de corte clásico, chejoviano por decir algo, en “Ausencia”, de Daniel Alarcón; en “Escena en un bosque”, de Paredes; en “Bonsái”, de Guadalupe Nettel. Cuentos algo más experimentales, como “Dochera” de Paz Soldán o el ganador del botín de oro en esta selección, “Hoy temprano” de Pedro Mairal. Dos palabras sobre este relato: como lector de manuscritos veo con frecuencia un afán marcado de algunos escritores en formación por escribir cuentos en clave cortazariana –juegos con el tiempo y el espacio, narración que desafía los límites de lo real y lo fantástico–, y casi siempre se quedan colgados en el intento. A esos escritores en formación que quieren jugar a ser Cortázar les recomiendo leer este relato de Mairal con destornillador y llave inglesa: que lo desbaraten y estudien sus recursos, sus tácticas, sus trucos. Podrían extraer varias claves.

Lo demás es cuestión de gustos, y si me preguntan diría que no voy a olvidar fácil el cuento de Gabriela Alemán, que narra la aventura solitaria de un viejo de ochenta años, negro, en Nueva Orleans, que decide ignorar los avisos de evacuación y se enfrenta solo al paso del huracán Katrina por la ciudad. Diría también que el cuento de Fuguet es vigoroso, con buen suspenso, con digresiones que, caso raro en un cuento, no sobran, como las reflexiones del narrador sobre su madre, que es amante del padre de un compañero del curso preuniversitario. Lástima que en el punto clave de esos pensamientos tres erratas –¡tres!– distraigan la atención del lector y arruinen el efecto dramático: “Me costaba verla con los ojos con que probablemente la miraba la madre de Cristóbal, que seguro le [sic] tildaba de puta o algo peor. Uno crece con la idea que [sic] las amantes son las malas, son aquellas que destrozan las familias y no les importa nada. Lo complicado es cuando tu madre es la otra mujer, es la amante, es que la [sic] está remeciendo lo que ya está destrozado” (p. 52). Diría que me sorprendió el relato de Pedro Mairal, de quien no había leído nada y de quien voy a buscar obra. También contestaría si me preguntaran que el relato de Samanta Schweblin sobra: es más bien una anécdota bien contada, y algo va de eso a un cuento.

Si me preguntan qué me llamó la atención, contestaría que muchos relatos tocan el tema de la migración o suceden en lugares que uno no espera cuando ve en la portada las palabras “cuento latinoamericano”: los de Alarcón y González tratan de inmigrantes en Nueva York, el de Alemán sucede en Nueva Orleans, el de Halfon recupera la historia de un abuelo en la Europa de la Segunda Guerra Mundial, en el de Nettel un matrimonio japonés se encuentra y desencuentra en un jardín de ese país… No están pues las temáticas o los espacios que uno asociaría con esa combinación de palabras de la portada, y esa es una bonita sorpresa. Otra, las citas sobre el cuento al reverso de esta edición de Cara y Cruz, a las que considero habría que darles más espacio y reducir un poco el del extenso y no muy útil –a mi parecer– cronograma que aparece allí.

Con sus ausencias y sus alcances, con sus piezas memorables y otras pocas olvidables, son doce cuentos que vale la pena leer para conocer algunos aspectos del cuento latinoamericano reciente. Que sea representativa o dé un panorama completo del asunto… no lo creo.


Luis Fernando Afanador (selección y prólogo), El nuevo cuento latinoamericano, Bogotá, Norma, 2009, 196 páginas. En el reverso: A propósito del nuevo cuento latinoamericano, 54 páginas.

31 comentarios:

APG dijo...

Todos los escritores que integran esta antología son enormes, enormes escritores, y celebro que esto no tenga que ver con sus edades. Creo que agrupar al talento por rango de edad es un capricho del mercado y termina siendo una injusticia como lo es también el título de esta antología. Tomémoslo nomás como una herramienta de venta de tapa y disfrutemos del contenido.

Saludos desde Baires,
APG

Anónimo dijo...

Por curiosidad, ¿es este el cuento de Mairal que de manera tan enfática recomendó Camilo? ¿O es sólo un fragmento?
http://pedromairal.blogspot.com/2007/03/hoy-temprano.html

S E B A S T I A N G O M E Z dijo...

Ya era hora de que alguien jalara la cuerda de ese globo inflado con helio que es el señor Afanador. Que berraco! Sabe de todo, y lo que no sabe se lo inventa o lo busca en Google.

Camilo Jiménez dijo...

De acuerdo con APG: el volumen es disfrutable consideraciones de selección aparte. Al compilador sólo le discuto que no haya puesto en claro los criterios para la escogencia de las piezas, nada más. Bueno, y a la editorial, cierto descuido en la revisión de los materiales: tiene más erratas de las normales.

Anónimo dijo...

Una noche con Sabrina Love, la primera novela de Mairal, se consigue en la Librería Nacional. Muy recomendada.
Un saludo,
Andrés Felipe Solano

Javier Moreno dijo...

Es bueno el cuento de Mairal, sí.

Una cosa que me parece importante resaltar de la lista de autores es que (al menos los que usted menciona) no son novelistas que escriben cuentos ocasionalmente sino escritores que han cultivado la narrativa breve con mediana seriedad. Lo mismo no puede decirse de la antología El futuro no es nuestro, por ejemplo.

Johan Bush Walls dijo...

Hay cosas que si uno las dice es porque es envidioso, pero lo voy a decir, Eduardo Halfon es guatemalteco, no puedo hablar de la calidad de su trabajo porque no lo he leído; lo que si he leído es que es el único escritor guatemalteco que tiene un agente literario, pagado por él mismo, quizá por eso está en la antología, quizá por eso están todos los demás; tiene sentido, no digan que no.

Salú pue.

Sinar Alvarado dijo...

de mairal leí hace poco una bonita elegía al culo. ideal para nosotros, los que preferimos, si toca escoger, un buen par de nalgas a un buen par de tetas.

salud, capitán.

Lucaz dijo...

Las antologías siempre son cosa ingrata, el año pasado leí una increiblemente buena: Habrá Una Vez,una excelente selección de cuentistas norteamericanos nacidos despues del 60 preparada y traducida por Juan Fernando Merino; Camilo si no la has leido no dejés de hacerlo, lo bueno (o lo triste) es que se consigue por diezmil pesitos en una buena edición de Alfaguara. La antología de cuentistas colombianos de Luz Mary Giraldo -Cuentos Caníbales- no me gustó mucho, esa si me pareció muy irregular.

Apelaez dijo...

Afanador siempre escribe reseñas calmaditas en semana. Todo bien, todo bien salvo este detalle. En el malpensante arremete con todo contra la novelita de la editorial independiente.

Seguro tiene razon, la novelita debe ser una porqueria, pero ¿acaso las editoriales grandes no publican porquerias dignas de una reseña emponzoñada como la de el malpensante?

luis h. aristizabal dijo...

Me complace descubrir que algunos de los cuentos que incluye Luis F. en su recopilación y que a Camilo le han gustado son exactamente los mismos que me gustaron en la antología dedicada a los 39 latinoamericanos de menos de 39, así como los mismos autores: Gabriela Alemán, Alarcón, Mairal, Halfon… En los gustos parece que coincidimos los tres. No sé qué tanto en los disgustos, porque a mí me parecieron malitos, malitos, los muy premiados (incluidos un Alfaguara y un Pulitzer, nada menos).

Juan Álvarez dijo...

Ey, ¿se escuchó lo que acaba de decir el colega Peláez? Gua, a mí me sonó fuerte, claro, y, en su brevedad, exhaustivo: todo indica que tenemos dos Afanadores; el blandito y el que va de valiente... la diversión de dos tonos, digamos.
Pero entonces, ¿todo dependiendo de qué?
Para meditar, ¿no les parece?

Camilo Jiménez dijo...

ANÓNIMO: es el cuento completo.

ANDRÉS FELIPE: a por ella. Gracias por el dato, este fin de semana la compro.

JAVIER: lo mismo destaca, me parece que con tino, Afanador en el prólogo: son cuentistas de oficio, tradición marcada en el continente.

JOHAN: creo que todos tienen las virtudes necesarias para estar en una muestra como la presente. Y lo de tener agente o no... da visibilidad, pero no talento, que se tiene o no se tiene. ¿No le parece?

Don SINAR, bienvenido de nuevo por acá. Anda bien perdido usted. Por favor, pásenos los datos para encontrar el texto de Mairal que recomienda, si le es posible.

LUCAZ: "Habrá una vez" salió hace unos buenos cinco, seis años, y es excelente (todavía recuerdo muy vívidamente un relato sobre una dominatrix: extraordinario). La de Giraldo, como prácticamente todas las que hace, sí: es floja.

PELÁEZ: creo que en Semana Afanador escoge lo que reseña. En El Malpensante le sugerimos un par de títulos y él escoge. La de la editorial independiente le pareció mala, y ahí lo manifestó, así de sencillo. Y si le parece que se le fue con toda a Fondoblanco, espere la de este número que está circulando, sobre la última novela de Mario Mendoza...

LUIS H: efectivamente, coincidimos en los gustos aunque no en todos: a mí me gustó mucho el cuento del ganador del Pulitzar que apareció en la antología de Bogotá 39, que es un fragmento de su estupenda novela "La maravillosa vida breve de Oscar Wao".

JUAN: yo no creo que haya dos reseñistas distintos en Afanador. (Para mí es el mejor del país al lado de don Luis H.) Creo que pasa lo que le contesté a Peláez: en un lado escoge (y escoge recomendar buenas lecturas), en otro da su comentario franco --y con más espacio para explayarse-- sobre una obra asignada. Nada más.

Juan Álvarez dijo...

Bueno, digamos que en materia de reseñas el caso Afanador responde, efectivamente, a los espacios donde éstas se publican, y que en materia de antologías acá está ésta para empezar a hablar... ¿Qué me dicen de otras operaciones más delicadas de antologistas como Apuleyo y su séquito en un libro deleznable como “100 autores colombianos del siglo blablablá...” De esa vaina no se acuerda ya nadie, y sin embargo ahí está el librito, no en el mercado, porque nunca lo vendieron, pero sí en las bibliotecas de universidades extranjeras, en las bibliotecas de institutos, en las mesas de centro de las salas de “notables”. Me disculpo por estas indelicadas autopromociones, pero ahí paso este linkcito apenas en ánimo de ampliar discusión... Es ensayo (que no reseña) sobre esa antología en particular y las operaciones de Mister Apuleyo Mendoza
http://www.letralia.com/209/articulo02.htm

Alejandro dijo...

shiza, shizas, bueno, hay que entrar en puntas, como Pavlova; porque es el blog de Jiménez y de algún modo no me siento bienvenido, (si me equivoco me dice, Camilo). tanto más, porque se trata de suscribir un comentario propositivo: un par de consideraciones relacionadas con la atención que desde diversos focos se le ha prestado a Fondoblanco. la más general, tiene que ver con la forma como un libro se convierte de repente en un pretexto para que los intelectuales, más o menos renombrados, difieran entre así; en un punto, decimos, el libro sirve para que un crítico refute los procedimientos y las conclusiones a que ha llegado otro, con quien compite, digamos, en su personal campo. y así, alzado en hombros propios, se hace más juez que crítico, juez de libros, portero del reino literario, adonde nadie entra sin su permiso.
por favor, no se vuelvan el Icontec de la literatura

Anónimo dijo...

Alejandro: qué pena, pero si a usted lo trasnocha el icontec de la literatura, es problema suyo, no del icontec. Que el icontec haga lo que le venga en gana y usted también. Así todos somos felices. Afortunadamente nadie censura los libros en este país. Estamos en una especie de dictadura, pero no en este aspecto, ¿o sí?

Camilo Jiménez dijo...

Alejandro, por supuesto que es usted bienvenido por acá. Faltaba más, hombre. Las opiniones sobre su novela, de Afanador o mías, son apenas eso, opiniones. Y las hago (y sé que las hace Afanador) sobre una obra literaria publicada, es decir, pública. Nunca sobre usted. Así que adelante con la discusión sobre ideas, sobre obras, ojalá no sobre personas.

Lucaz dijo...

Hombre Alejandro, tiene ud. razón en cuanto a que críticos (y manuscrito en mano también los editores) se convierten en "porteros del reino literario", pero no hay de otra. Se trata de saberse colar o de no dejarse fusilar por el pelotón, tal cual lo propone un ilustre colega y compatriota suyo en la más popular de sus obras.

Camilo, con tu permiso más tardecito te cuelgo mi top ten de reseñistas colombianos.

Alejandro dijo...

sea entonces, acepto la invitación. y como no se personaliza, mi entrada anterior prospera en ambas direcciones, vale tanto para la crítica más propicia, como para la menos favorable. a eso apunto, en este blog se dan cita escritores y lectores, no veo cuál pueda ser lío.

salud.

Juan David dijo...

No leí la novela de Mairal, pero sí puedo decir que un gran logro de ese porteño fue caerle en el Hay a la niña porteña que enamoró a toda la Nacho!

Lucaz dijo...

El más difícil de los géneros no es el cuento, es la reseña. Decir que un libro nos gustó o no es fácil, argumentar por qué y demostrar esos argumentos dentro de algún contexto literario, histórico u otro es bastante más complicado. Yo lo he intentado varias veces (por invitación o por que un libro me gustó mucho) y no he quedado nada satisfecho con el resultado. Por eso admiro a los buenos reseñistas que voy leyendo en el Malpensante o en el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República o en otras publicaciones.

Aquí va mi top ten que no incluye (aunque lo merecen) al dueño del blog por razones obvias y a Mario Jursich quien lamentablemente “dejó el vicio” de escribir reseñas.

Alberto Quiroga, ameno, culto y muy generoso, aunque un poco frío.
Álvaro Miranda, gran conocedor y evaluador de la narrativa colombiana.
Andrés Hoyos, hace días que no reseña, ahora que se retiró del Malpensante esperemos que vuelva por sus fueros.
Darío Jaramillo Agudelo y Edgar O`Hara, tengo la impresión de que son la misma persona. Sus reseñas de libros de poesía son excelentes y el lector aprende toneladas del asunto.
Fernando Herrera Gómez, no se desde cuando ejerce la crítica pero en los últimos números del Boletín me ha sorprendido gratamente.
Jaime Jaramillo Escobar, a X-504 cuando un libro no le gusta no le gusta en serio, cicuta pura; escribe eseñas de poesía, historia, libros de viaje, monografías de municipios etc.
Juan Gabriel Vásquez, reseñando jueque lo conocí y me hice seguidor de su obra. Muy lúcido y contundente, sin duda también es un gran lector.
Luis F. Afanador, en Semana le tocó bailar con la más fea: reseñar para gente que –en su mayoría- no lee ficción. Debería ser más provocador en ese medio, inquietar más respecto a la literatura a los Yuppies y funcionarios que la leen. En el malpensante le va mejor, ahí si escribe con más gracia y contundencia.
Luis H. Aristizábal, el más ameno de todos, da la impresión de haberlo leído todo.
Santiago Londoño Vélez, de lo mejor para juzgar libros de arte y de historia del arte colombiano, tiene mucho humor negro.

También hay escritores jóvenes que sacan buenas reseñas (Correa, Solano, Robledo, a veces Charry) pero no se les podría catalogar como críticos profesionales. No me queda mucho tiempo de leer historia universal e historia de Colombia, pero en esa disciplina hay tres excelsos orientadores de lecturas, son Jorge Orlando Melo, Adolfo Meisel Roca y Eduardo Posada Carbó. Algunos de los listados (Luis H, Herrera y otros) también reseñan libros de esta disciplina.

Camilo Jiménez dijo...

Lucaz: extraordinario aporte. Coincidimos en prácticamente todos los nombres, aunque debo decir que no he leído muchas reseñas de X 504 ni de miranda. Y destacaría un pelín más a Fernando Herrera. Y entre los comentaristas de poesía incluiría también a Luis Germán Sierra.

Va un abrazo y de nuevo gracias por el aporte, estimado.

Lucaz dijo...

Si Camilo, y también me faltaron Ariel Castillo Mier y Cataño el que escribió el el Malpensante un ensayo-reseña buenísimo sobre una biografía de Camilo Torres. Aquí en Colombia el que quiera aprender a leer libros no se puede quejar por falta de un buen cuerpo de críticos y reseñadores que lo vaya orientando. Otro abrazo.

Renson Said dijo...

"Se trata de una antología personal: de los cuentos que le gustan a Luis Fernando Afanador. O, de los autores que conoce. Y tal vez no conoce a muchos o tiene un pésimo gusto estético porque los cuentos aquí reunidos no pueden ser lo nuevo que produce América Latina. Me niego a creer que un escritor menor como el chileno Alberto Fuguet o el colombiano Julio Paredes o el peruano Daniel Alarcón representen el “nuevo” cuento continental. Creo más bien que Afanador publicó a sus amigos. O que fue una antología por encargo.
Lo que dice en el prólogo es lo que se ha repetido en América Latina desde hace cincuenta años: “sin el cuento, la literatura latinoamericana no tendría el mismo valor”. Semejante obviedad la grita Afanador como si fuera una revelación. En una reseña que anda por ahí yo ya había advertido que eso mismo es válido para la poesía. La frase se puede cambiar por: “sin la poesía, la literatura latinoamericana no tendría el mismo valor”. Y quite usted poesía y ponga novela y el resultado es el mismo. Quite novela y ponga música. Quite música y ponga lectores. Y así hasta el infinito con lo que se le ocurra.El prólogo, ya digo, es de una grotesca obviedad. Los textos de Chejóv, Cortázar, Carver, Borges, Poe, están en todas partes y no creo que haya representado ningún esfuerzo investigativo. ¿Nuevo cuento latinoamericano? La novedad, dice Afanador, es el sesgo personal y algo de espíritu de época. ¿Pero acaso eso no es lo que identifica a toda obra de arte? Desde Las mil y una noches hasta Mario Vargas Llosa (o García Márquez) por citar sólo a un escritor que el lector identifique fácilmente, los cuentos llevan cierto “sesgo personal” y están impregnados de “espíritu de época”.
No hay nada nuevo aquí. Ni los temas, que son los mismos de siempre desde que existe la literatura. Ni los autores, que hace cincuenta años pasaron por la adolescencia. Ni las fórmulas de construcción del relato que, por ser fórmulas, ya son cosas viejas. Este es un nuevo libro sobre el viejo cuento del “nuevo cuento latinoamericano”.

yacasinosoynadie dijo...

Totalmente de acuerdo con Renson Said respecto al flojísimo prologo de este libro. Un poco también de acuerdo con Camilo cuando dice que los criterios de selección no están claros, pero no creo que tenga nada que ver con las diferencias de edad entre los autores. Hay que ser conciente de que no es fácil hacer una selección pareja en estos casos, lo de menos a fin de cuentas es la edad. Recuerdo que el año pasado Juan Pablo Plata publicó una antología de cuento colombiano en la que destacaba que todos los autores habían nacido después de 1970, si la cosa fuera por ahí no habría peros, el criterio es claro, más sin embargo en varias reseñas le dieron palo por ese motivo.

Pienso que el error esta en ser tan pretencioso: es descabellado salir a decir que la antología de uno representa al NUEVO CUENTO LATINOAMERICANO… es como quien sale a decir: “ESTAS SON LAS 10 MEJORES NOVELAS DE LA HISTORIA” en eso todos vamos a tener peros, la prueba se encuentra devolviéndose un poquitín en este blog cuando varios asiduos visitantes pusieron sus listas y, aunque coincidían en algunas, no hubo una que fuera idéntica a la otra… En ultimas sería mejor un poco de sinceridad, yo preferiría una antología que se titule: “Los mejores cuentos latinoamericanos según Luis Fernando Afanador”, en ese caso uno iría a la fija, a darse cuenta que tanta compatibilidad de gustos tiene con el tipejo y ya.

Camilo Jiménez dijo...

Coincido en algo con Renson y Yacasi: el prólogo es inespecífico y recoge obviedades. Y sí, es más bien una antología personal, el título del libro es pretencioso. Pero también difiero con el primero: entre los doce cuentos hay algunos memorables, como los que menciono en la entrada.

Sinar Alvarado dijo...

cierto, capitán: muy perdido ando. pero ya tendrá noticias de mí y de mis aventuras. ya verá.

por lo pronto, aquí tienen la oda al culo, del señor mairal. saludos.

http://elenjambreazul.blogspot.com/2008/02/el-culo-de-una-arquitecta-por-pedro.html

Patricio dijo...

Muy bueno el cuento de Pedro Mairal, y MUY MUY MUY bueno el cuento de Samanta Schweblin. (Yo había leído MATAR UN PERRO, en la web, y me había caído de culo, pero no me acordaba que era de ella).

Feki dijo...

Hace algunos años leí un cuento dentro de una de tantas antologías de jovenes autores latinoamericanos. El cuento trataba de una plaga de morsas (con gran imprecisión recuerdo las palabras "pinnípedo" y "púrpura").

Los pinnípedos progresivamente se vuelven antropófagos y amenazan acabar con la población.

Disculpen mi vaguedad, esta lectura fue hace más de diez años y la reciente avalancha de temas apocalípticos me ha hecho recordarla.

A alguno de ustedes les es familiar este cuento? Alguien conoce su autor o la antología que lo recopila?

Saludos cordiales,
Feki

mensajes claro dijo...

Eduardo Halfon es guatemalteco, no puedo hablar de la calidad de su trabajo porque no lo he leído .

Cerrajeros Madrid dijo...

Para Anonimo

Este es un fragmento.