Jaime Jaramillo Escobar, Método fácil y rápido para ser poeta, 2 tomos, Bogotá, Luna Libros, 2011.
Amor a primera vista. Soy testigo: quienes amamos los libros
quedamos prendados de este en cuanto lo vemos. Me pasó a mí y al menos a seis
personas cercanas. Arrebatan de emoción sus dos volúmenes en pasta dura con
hermosas ilustraciones de portada, su tamañito como de devocionario, sus
páginas con la caja tipográfica tan mesurada, su fuente límpida. Su autor: quienes
amamos los libros respetamos a su autor.
Jaime Jaramillo Escobar está muy cerca de cumplir ochenta años, y aun así trabaja tiempo completo. No de lunes a viernes de 8 a 12 y de 2 a 6, como cualquier funcionario, sino tiempo completo de 24 horas todos los días de la semana. Trabaja por la permanencia de la poesía y para señalar su relevancia. Sueña, lee, escribe, imparte talleres, conversa, revisa y corrige siempre en función de la poesía; está pensando siempre en ella como materia universal esencial.
Este libro recoge ensayos escritos a partir de los talleres que el autor imparte desde hace más de 25 años con el patrocinio del Banco de la República. Son breves –cuando alguno alcanza las tres páginas es un “ya desmesurado capítulo”–, y terminan con unas cuantas citas de autores diversos sobre el asunto que trata el aparte o sobre temas conexos. Es absolutamente promiscuo con esas citas: no están los autores de moda, los notables, sino que están los que el poeta ha querido porque sus palabras son poderosas y evocadoras. Robert Graves, Otto Morales Benítez, Jean Genet, Vargas Vila, André Gide, Henri Bergson, Lawrence Durrel y Pepe Barrientos y Plinio Apuleyo Mendoza y, claro, Jorge Luis Borges. A veces la conexión con el tema no es evidente en una primera lectura, pero eso no importa. Son palabras sabias sobre temas queridos para quien esté leyendo el libro. En el capítulo titulado “El poeta como pensador”, por ejemplo, leemos esta frase de Aniceto Alcalá Zamora: “Saber todo lo que se quiere decir, antecedente indispensable para saber decir lo que se quiere”.
Algunos títulos de los capítulos son “Ser poeta”, “Utilidad de la poesía”, “Comprensión de la lectura”, “Formación del estilo”, “Secretos para escribir”, “Revistas y publicaciones literarias”, “Crítica y autocrítica”, “Los concursos literarios”, “El dinero y los poetas”, “La inspiración”, “Vanguardia y experimentalismo”, “El humor en la literatura” y “El arte de no escribir”. Pero el libro no está dirigido exclusivamente a poetas, escritores o a quienes quieren serlo, sino que le habla a personas que estén buscando ser más consistentes con su trabajo en artes, más conscientes, más creativas. Va dirigido a personas que llevan en el alma la inquietud estética y quieren desarrollarla.
Por eso lo he calificado en otro lugar como un libro de autoayuda. Habla del comportamiento en sociedad, de las buenas maneras, de la disciplina, del respeto por lo esencial. Nos dice hacia dónde mirar para ver lo que es de verdad importante. En su escritura se nota un respeto mayúsculo por la prosa, por la frase bien hecha. Casi que cada frase es un verso. Pero no por ello el autor la alarga o la adorna inoficiosamente: tiene un respeto tal por la frase bien hecha que en ninguna, en ninguna frase de los dos volúmenes, falta o sobra una palabra, una coma, una idea sustantiva. En su forma, este libro es un tratado de mesura. En su contenido, lo es de sabiduría.
Son temas y acercamientos variadísimos, pero hay unos puntos rectores que recorren todos los ensayos. El primero es que la poesía es más una forma de ver, de pensar, que de escribir: “escribirla es un resultado, primero hay que vivirla”, dice. Poesía no es escribir en verso: “El poema puede ser una forma vacía de contenido poético”, dice. Denuncia esos poemas que no son más que frases dispuestas verticalmente en la página. “En la Grecia antigua se escribía en verso para atraer la atención, y ahora se escribe en verso para ahuyentar la atención”, dice. “La poesía no es literatura sino que es solamente el alma de la literatura. Es decir, que el escritor que quiera poner alma en su obra, debe necesariamente acudir a la poesía”. “Toda la poesía escrita en verso libre se debe considerar como prosa. Sólo se llama verso con propiedad el que se sujeta a medida, y lo demás es prosa”. “Desechar, olvidar el trabajo de los siglos, pereza, eso se llamó libertad”.
“Lo experimental es efímero, perdura lo clásico” sería otro principio rector del libro. Está bien trajinar por experimentalismos, emprender búsquedas estéticas, sea en la escritura o en cualquier otra manifestación artística. Es parte de la formación, de la búsqueda de expresión. “Después de trajinar por el experimentalismo, los escritores vuelven a la claridad y al clasicismo, que es siempre el último de los ismos y el único que sobrevive a las fugaces modas y escuelas. ‘Ser clásico es ser actual’, se ha dicho con propiedad. Todo escritor serio es siempre un clásico”. “Nadie más anticuado que un joven. Es una de las paradojas de la vida”. Es comprensivo con los jóvenes, los conoce, conoce su trabajo. Y por eso mismo quiere orientarlos o, mejor, advertirles para que no se deslumbren con experimentaciones vanas, con temas suficientemente trajinados: “Para todos los poetas hay demasiada niebla, llueve mucho, y una inmensa tristeza los embarga, según sus propias palabras”.
Un tercer principio rector es que el personaje más importante de una obra es el lector. Y para llegar a ese personaje como se debe hay que huir de la mediocridad, buscar lo esencial, borrar, volver a buscar, reflexionar. “El buen poeta sólo tiene que escribir; pero el mal poeta tiene doble trabajo: escribir y promocionar su baratija”. “El poema que casi acierta es un desacierto, el que casi es bueno es casi malo, el que tal vez viene nunca llega”.
Recio, enfático, pero siempre con humor, porque “Quienes rechazan el humor en la literatura lo excluyen de su vida. Son los adustos, amargados, rencorosos, solemnes y aburridos. La risa empaña la trascendencia que algunos poetas a sí mismos se dan”. Jaramillo Escobar siempre tiene el comentario socarrón para sí mismo y para los asuntos más trascendentales: “El escritor pobre suele ser también un pobre escritor”; “Hay dos poesías: la poesía y la otra”, “El corrector gramatical automático no es para escritores; es para secretarias”; “No soy amigo de conferencias; nunca voy a una conferencia dictada por mí”; “He huído de la poesía toda la vida, y no la he podido alcanzar”; “A las personas a las que nos gusta hacer el ridículo en público, es evidente que la poesía nos sirve de maravilla para un recital”.
Si queda alguna duda, invito al lector de esta nota a buscar el libro y abrirlo en cualquier página. Basta leer unas pocas líneas para estar seguro del valor de este libro. Al menos para mí, Método fácil y rápido para ser poeta, “en sólo dos tomos”, es el libro del año.
El decálogo
Hace un par de meses
le expresaba mi entusiasmo sobre este libro a Mario Jursich, director de El Malpensante. Seguramente Mario ya se traía entre manos la edición especial de
la revista sobre decálogos, que está genial, y me preguntó si era posible
extraer una suerte de decálogo para escritores a partir de citas de este libro.
Hice el ejercicio y aquí está el resultado. Estoy seguro de que Jaime
Jaramillo, de habérselo pedido a él, no hubiera compuesto un decálogo de diez
puntos. Ni siquiera hubiera hecho un decálogo como mandan los decálogos para
hacer decálogos.
“El escritor es ante todo un lector que escribe. Por eso el
escritor debe guardar una serena humildad ante la gran literatura de todos los
tiempos. Los grandes escritores se nos presentan con una modestia encantadora.
Empezar con orgullo vano conduce a fracaso seguro” (t. 2, p. 112)
“No existe amigo sin diálogo. Dialogue con sus libros,
discuta con ellos, vuelva a sus páginas. Que su biblioteca sea viva. Que todo
sea vivo a su alrededor. Hay personas que andan muertas. Y no son fantasmas.
Son personas casadas” (t. 2, p. 23)
“No debe confundirse redactar
con escribir. Aprender a redactar es
fácil. La mayoría de las personas pueden hacerlo. Para eso existen normas, a
las que algunos llaman técnica. Escribir es más difícil y sólo está al alcance
de una minoría. Porque, mientras redactar sólo requiere una gramática y el conocimiento
de lo que se desea expresar, escribir es creación y por lo tanto requiere
inventiva, imaginación, fantasía, originalidad, elocuencia y genialidad en
algún grado” (t. 1, p. 98)
“Quien se sienta a escribir es porque tiene algo qué decir.
Mientras no se tenga algo para decir no hay por qué empezar. El famoso cuento
de la hoja en blanco todas las mañanas a primera hora sólo ha producido
literatura babosa y polucionante. El que necesita una hoja blanca frente a los
ojos para empezar a pensar, no es pensador. Primero piense, y después de que
haya pensado, vuelva a pensar sobre lo escrito. Reflexionar. Ése es el secreto”
(t. 1, p. 105)
“El estilo sirve hasta para disimular la falta de ideas. Al
comienzo no importa mucho lo que se escriba, sino cómo se escribe. El escritor,
como cualquier otro artista, y al igual que la Naturaleza, procede por ensayos.
No se llega a tener un estilo antes de haberse formado una personalidad. La
edad para tener personalidad depende de cada quién. Algunos no la adquieren nunca.
El escritor sin personalidad no existe, pues carecería de autoridad, de poder
de convicción, sería débil y amorfo, sin magnetismo y sin atracción. (t. 1, p.
101)
“El autor es responsable de todas las palabras que escribe.
En consecuencia, deben ser medidas y pesadas, una por una” (t. 2, p. 53)
“Lo que más me ha enseñado a escribir poesía no es la
poesía, demasiado manoseada, sino la prosa y la publicidad. La publicidad
enseña precisión, oportunidad, claridad, iluminación y destaque, astucia, poder
de convicción y, sobre todo, calcular la reacción del lector” (t. 2, p. 234)
“El personaje más importante de una obra es el lector” (t.
2, p. 100)
“El buen escritor se impone, no titubea” (t. 1, p. 203)
“Algunos prosistas se apartan bruscamente de la poesía.
Consiguen una prosa áspera, mecánica, sin gracia. No hay buena prosa sin el
auxilio de la poesía. Es más: la mayor parte de la peor ‘poesía’ que se ha
escrito está en verso” (t. 1, p. 18)
“Un poeta es mejor mientras más sentidos tenga. Por lo común
se tienen cinco y sobran dos. Pero el poeta no se contenta con cinco.
Desarrolla el sexto sentido (de orientación, debido a la magnetita), así como
los otros sentidos: el de observación, el sentido común, el sin sentido y el
sentido de la realidad. También el de la irrealidad, y el de la poesía, y el
del absurdo, y el de percepción extrasensorial, y el mágico y el de los sueños.
Y el de la velocidad tanto como el de la quietud. Es decir, que está conectado
con el Universo como una neurona por muchos puntos de contacto que le
transmiten información de proceso y de intercambio” (t. 1, p. 44)
“Los escritores incultos son muy aficionados a emplear
epígrafes y citas para aparentar que saben mucho […] el cuento es un género que
no resiste el epígrafe” (t. 1, p. 221)
“Para el escritor que empieza debe ser fácil escribir. Si le
resulta difícil, mala señal. Señal de que debe dedicarse a otra cosa. Para el
escritor profesional debe ser muy difícil escribir. Si le resulta fácil, mala
señal. Señal de descuido” (t. 2, p. 100)
“La única escuela que existe es la escuela elemental o
primaria, donde se aprende de verdad, no por boca de los maestros, sino en el
patio de recreo” (t. 2, p. 241)
“El buen poeta
sólo tiene que escribir; pero el mal poeta tiene doble trabajo: escribir y
promocionar su baratija” (t. 2, p. 111)
Comentarios
Ángel Castaño G.
Darío Lemos tiene piezas memorables, dos o tres.
Fernando Mora Meléndez, escritor y profesor universitario de Medellín, hizo un documental estupendo sobre el poeta titulado "La eternidad tiene tiempo de esperarme". Allí se ahonda en este punto. Recomendado.
Ángel Castaño G.
http://www.emiliorestrepo.blogspot.com/p/decalogos-ajenos.html
Vale la pena echarles un vistazo