Fusilado: Borges

Borges y su gato Beppo.


Antes de una película, en un teatro cualquiera en Bogotá, me acomodo en mi silla. En la fila de atrás hay un joven universitario que conversa con su levante. Reparo en ellos porque el muchacho alza la voz un poco, como reafirmando lo que dice, como dándole importancia. Alcanzo a ver que la niña lo mira con ojos encantados. Por lo que oigo, puedo decir que él estudia literatura o filosofía y ella, una carrera en artes aplicadas: diseño o publicidad. Dice muchas cosas, el muchacho. Está desplegando sus más finas plumas. Y suelta esta joya: “Es que me trasnoché leyendo una novela de Borges que…”.

Siempre me contuve de fusilar a Borges en este espacio. Supuse que es un autor demasiado conocido, demasiado repasado como para compartir aquí algún texto del gran argentino de todos los tiempos. Pero no: Borges es un autor más citado que leído, un nombre comodín, breve y enfático, que sirve para apoyar cualquier idea e incluso su contraria, que se usa para darle peso a algún argumento peregrino en las conversaciones de coctel. Borges se lee poco y mal. Así que aquí está, en unas cuantas piezas, la palabra del gran nombre de las letras argentinas. Qué digo argentinas: universales.

El ejercicio es este: comprar la Poesía completa (Barcelona, Lumen, 2011). Vale 62.000 pesos, unos 34 dólares. Y con el primer café de la mañana, mientras se calienta el pan en la tostadora, así, en las primeras horas del día, leer un poema y solo uno. Todos los días. Despacio. Verso a verso. Ninguno tomará más de cuatro minutos. Cuatro minutos del día dedicados a un poema de Jorge Luis Borges. El libro tiene 630 páginas, o sea que el ejercicio dura poco más que año y medio. No sé para qué sirva, lo más seguro es que para nada. Pero lo estoy haciendo y lo propongo. Voy por la página 95.


Poemas

La Recoleta

Convencidos de la caducidad
por tantas nobles certidumbres del polvo,
nos demoramos y bajamos la voz
entre las lentas filas de panteones,
cuya retórica de sombra y de mármol
promete o prefigura la deseable
dignidad de haber muerto.
Bellos son los sepulcros,
el desnudo latín y las trabadas fechas fatales,
la conjunción del mármol y de la flor
y las plazuelas con frescura de patio
y los muchos ayeres de la historia
hoy detenida y única.
Equivocamos esa paz con la muerte
y creemos anhelar nuestro fin
y anhelamos el sueño y la indiferencia.
Vibrante en las espadas y en la pasión
y dormida en la hiedra,
sólo la vida existe.
El espacio y el tiempo son formas suyas,
son instrumentos mágicos del alma,
y cuando ésta se apague,
se apagarán con ella el espacio, el tiempo y la muerte,
como al cesar la luz
caduca el simulacro de los espejos
que ya la tarde fue apagando.
Sombra benigna de los árboles,
viento con pájaros que sobre las ramas ondea,
alma que se dispersa en otras almas,
fuera un milagro que alguna vez dejaran de ser,
milagro incomprensible,
aunque su imaginaria repetición
infame con horror nuestros días.
Esas cosas pensé en la Recoleta,
en el lugar de mi ceniza.

A un gato

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganjes y el poniente,
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la amorosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde la eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

Patio

Con la tarde
se cansaron los dos o tres colores del patio.
Esta noche, la luna, el claro círculo,
no domina su espacio.
Patio, cielo encauzado.
El patio es el declive
por el cual se derrama el cielo en la casa.
Serena,
la eternidad espera en la encrucijada de estrellas.
Grato es vivir en la amistad oscura
de un zaguán, de una parra y de un aljibe.

La rosa

A Judith Machado

La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín en la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.

El despertar

Entra la luz y asciendo torpemente
de los sueños al sueño compartido
y las cosas recobran su debido
y esperado lugar en el presente
converge abrumador y vasto el vago
ayer: las seculares migraciones
del pájaro y del hombre, las legiones
que el hierro destrozó, Roma y Cartago.
Vuelve también la cotidiana historia:
mi voz, mi rostro, mi temor, mi suerte.
¡Ah, si aquel otro despertar, la muerte,
me deparara un tiempo sin memoria
de mi nombre y de todo lo que he sido!
¡Ah, si en esa mañana hubiera olvido!


La noche que en el Sur lo velaron

A Letizia Álvarez de Toledo

Por el deceso de alguien
—misterio cuyo vacante nombre poseo y cuya realidad no abarcamos—
hay hasta el alba una casa abierta en el Sur,
una ignorada casa que no estoy destinado a rever,
pero que me espera esta noche
con desvelada luz en las altas horas del sueño,
demacrada de malas noches, distinta,
minuciosa de realidad.

A su vigilia gravitada en muerte camino
por las calles elementales como recuerdos,
por el tiempo abundante de la noche,
sin más oíble vida
que los vagos hombres de barrio junto al apagado almacén
y algún silbido solo en el mundo.

Lento el andar, en la posesión de la espera,
llego a la cuadra y a la casa y a la sincera puerta que busco
y me reciben hombres obligados de gravedad
que participaron de los años de mis mayores,
y nivelamos destinos en una pieza habilitada que mira al patio
—patio que está bajo el poder y en la integridad de la noche—
y decimos, porque la realidad es mayor, cosas indiferentes
y somos desganados y argentinos en el espejo
y el mate compartido mide horas vanas.

Me conmueven las menudas sabidurías
que en todo fallecimiento se pierden
—hábito de unos libros, de una llave, de un cuerpo entre los otros—.
Yo sé que todo privilegio, aunque oscuro, es de linaje de milagro
y mucho lo es el de participar de esta vigilia,
reunida alrededor de lo que no se sabe: del muerto,
reunida para acompañar y guardar su primera noche en la muerte.

(El velorio gasta las caras;
los ojos se nos están muriendo en lo alto como Jesús.)

¿Y el muerto, el increíble?
Su realidad está bajo las flores diferentes de él
y su mortal hospitalidad nos dará
un recuerdo más para el tiempo
y sentenciosas calles del Sur para merecerlas despacio
y brisa oscura sobre la frente que vuelve
y la noche que de la mayor congoja nos libra:
la prolijidad de lo real.
  
Poema de los dones

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esa alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos, cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.


Lo fusilamos de: Jorge Luis Borges, Poesía completa, Barcelona, Lumen, 2011.



Comentarios

Una novela de Borges... El muchacho estaba haciendo de Borges una novela.
yacasinosoynadie ha dicho que…
Mi buen Borges. Aveces me da tristeza que lo manoseen tanto, que lo manoseen tan mal manoseado.

Dejo acá mi poema favorito de Borges.

Sábados

Afuera hay un ocaso, alhaja oscura
engastada en el tiempo,
y una honda ciudad ciega
de hombres que no te vieron.
La tarde calla o canta.
Alguien descrucifica los anhelos
clavados en el piano.
Siempre, la multitud de tu hermosura.
A despecho de tu desamor
tu hermosura
prodiga su milagro por el tiempo.
Esta en ti la ventura
como la primavera en la hoja nueva.
Ya casi no soy nadie,
soy tan solo ese anhelo
que se pierde en la tarde.
En ti esta la delicia
como esta la crueldad en las espadas.
Agravando la reja esta la noche.
En la sala severa
se buscan como ciegos nuestras dos soledades.
Sobrevive a la tarde
la blancura gloriosa de tu carne.
En nuestro amor hay una pena
que se parece al alma.

que ayer solo eras toda hermosura
eres tambien todo amor, ahora.
Camilo Jiménez ha dicho que…
Gracias por compartirlo, Jorge. Evidentemente es una belleza.
Anónimo ha dicho que…
Cuando me lean a Borges por favor disparen en mis rodillas.
Camilo Jiménez ha dicho que…
¿Qué querrá decir el anónimo del comentario anterior? La verdad, no entendí.
Andres ha dicho que…
Me compré el libro y es una estafa, falta el mejor poema de todos, el inmortal "Instantes" ;)

Seguro que el muchacho del cine se lo sabe de memoria.
Juan Camilo ha dicho que…
Un ejercicio bonito, buena idea leer uno diario.
Todo el mundo lo citaba en la universidad y los que más hablaban de él eran aspirantes a hipsters, lo que le hace a uno creer erróneamente que Borges se quedó en la universidad, que pertenece a esos que sólo se leen a cierta edad y que "ya está superado". (Una verdadera idiotez, claro.)
Anónimo ha dicho que…
Buena historia. Los plumiferos son verdaderos maestros en el arte de la simulación. Al chico se le olvidó recitarle a la damita un poema de Carlos Fuentes o comentarle una película de Andrés Caicedo.
Ángel Castaño G.
Renzo Francese ha dicho que…
Hice ese ejercicio!! Lo mismo!! Pero soy joven y no tengo constancia. No terminé con Luna de Enfrente. Dejo dos de mis poemas favoritos, entre los pocos que leí.

Final de año

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.
Diego Fonseca ha dicho que…
Leo el "Sábados" que subió yacasinosoynadie y mi pie marca tango. Prueben. Tiene el 'tempo'.
RafaelGutierrez ha dicho que…
Como diría Bolaño, hay que releer a Borges.
Muy buen blog Camilo, lo seguiré acompañando.
Jorge Sánchez ha dicho que…
Hace poco me terminé la "Poesía completa" de Borges. Es un libro fantástico. No hay nada mejor que leer un par de poemas antes de dormir, porque lo persiguen a uno en los sueños.
Roberto Balbastro ha dicho que…
Esa anécdota de "Leí una novela de Borges" la he escuchado (algunas leído) varias veces, y todas me han hecho reír. Ya es famosa. Personalmente me quedo con los cuentos de Borges, con sus "Ficciones".
No sería descabellado suponer que el chico del cine, para deslumbrar más a su levante, le haya dicho que el irónico viejo argentino fue capaz, hasta sus ochenta y siete años, de enhebrar una aguja de un sólo envión y con "visible" precisión.
paola ha dicho que…
me encantan los poemas de Borges..en mi apartamento en buenos aires tengo muchos libros de el y cada tanto los releo. mis favoritos son los románticos