martes, 1 de diciembre de 2009

Necrópolis, de Santiago Gamboa





En virtud al comentario publicado por Héctor Abad en El Espectador sobre Necrópolis, de Santiago Gamboa, podría yo decir que leímos novelas distintas. Porque donde él ve historias “con mucha carga poética” yo veo historietas cursis. Ahí donde él ve un escritor que “domina con más perfección el ritmo de las historias, los recursos narrativos para conseguir que nunca decaiga la atención”, yo veo en algunas partes eso, pero también le veo las costuras: diálogos impostados, poco naturales, pomposos; frases francamente feas; salidas en falso de algunos personajes. Mientras Abad caracteriza la prosa de Gamboa como “un río de corriente rápida, que sortea con rapidez cualquier escollo, que te lleva de la mano hasta el final sin que siquiera te des bien cuenta de lo que ha pasado”, yo estuve a punto de bajarme de ese barco no una ni tres ni ocho veces, sino muchas más, fastidiado por pasajes mal compuestos, pobres recursos retóricos y estilísticos, prosa descuidada.

Pero no. Según el resumen que él hace en su reseña, sí parece que leímos la misma novela: un escritor colombiano medio retirado recibe una invitación para asistir a un congreso de biógrafos en Jerusalén. La ciudad está en guerra, y mientras los invitados van contando sus historias –propias y ajenas– se oyen los bombazos y las ráfagas de fusil. La historia más importante es la de José Maturana, cofundador de una iglesia evangélica latina en Estados Unidos, envuelta con el tiempo en casos de sodomía, malversación de fondos y tráfico de armas. Ocupa este relato tres capítulos completos de la novela, y por momentos la voz de Maturana quiere recordar la de Oscar Wao, el personaje creado por Junot Díaz en esa excelsa novela que ya comentamos por aquí. Pero no nos engañemos: nunca Maturana va a alcanzar el tono sostenido, gracioso y exuberante de Wao. A ratos es profundamente Caribe y barroco, a ratos ramplón y barriobajero, a ratos como de profesor universitario: no se sostiene. No es ni coherente ni verosímil, dos pecados que no puede cometer un escritor como Gamboa con sus personajes: “Pero esto duraría poco, mis pana-oyentes, y es aquí donde la historia empieza a llegar a su alta mar, porque unos meses más tarde, en una de esas noches de paseo nocturno mío post-cena [hágame el favor], caminatas digestivas de reflexión y profundo análisis sobre el discurrir de los días [hágame el condenado favor], me encontré un perro que debía haberse extraviado y que estaba a punto de morir de hambre, pues ya estaba tendido debajo de un arbusto, chillando como si estuviera herido…” (p. 79). Y más adelante: “traté de calmarme diciendo, bueno, debes entender, José, el tipo es de carne y hueso y también le gusta mojar la salchicha, seguro que a Don Chuchito The Big Boss también se le para de vez en cuando…” (p. 80), para rematar con “Entre aquel océano de letras descubrí la poesía y me metí con entusiasmo a aprender el sentido y a disfrutar de las frases rimadas, algo que antes, a decir verdad, me había parecido siempre una verdadera mariconada […] Ya sentía hermandad de sentido y soledad a través de palabras rimadas, y es lo vi en William Carlos William o en Whitman o en Milton, con tema religioso este último, muy bello” (p. 83). Aquí hasta este ladrón heroinómano y asesino termina convertido en delicado escritor, en diletante de las letras. Eso a veces pasa en la vida, como pasa en las películas y, claro, puede pasar en las novelas. La cuestión es que debe suceder de manera verosímil, natural, y ese no es el caso con este José Maturana de Necrópolis.

Tampoco con la actriz porno Sabina Vedovelli: una putona alocada que termina como multimillonaria sofisticada que disfruta de placeres espirituales y carnales altísimos: “Luego comimos arenques y salmones ahumados con vodka. Hablamos de cine y literatura, de Cassavettes y de George Cukor, de los epigramas de Svellnek…” (p. 387). Una mujer de mundo y desprejuiciada que en medio de su relato suelta esta frase como de alumna de colegio católico: “pasamos a una colchoneta para ejercicios y nos pegamos una fornicada espectacular” (p. 293). No me crean tan pendejo. Para no mencionar el inmenso lugar común de su desvirgada: un fotógrafo la invita a que pose para él y a medida que ella oye el clic del obturador siente la imperiosa necesidad de desvestirse. Cosa cursi y fea y repasada. Todo eso encima de los chistes tan flojos: “todo lo que hago yo, Sabina Vedovelli, es y ha sido siempre traído de los pelos, pues ese ha sido mi hábitat. Los pelos” (p. 282).

Como si los lectores fuéramos muy tontos para darnos cuenta, se nos tiene que advertir que habla Maturana al comienzo de su relato, lo mismo con los demás testimonios escuchados durante el congreso. Que no digamos que son flojos del todo, faltaba más. Por momentos hay buen ritmo, y las historias están llenas de recovecos y de imaginación. Quizá la más lograda sea la de dos ajedrecistas que renuncian a avanzar en sus carreras hacia convertirse en Grandes Maestros y terminan por preferir las partidas informales entre amigos. Pero aun en ella encuentro diálogos antinaturales, recursos retóricos facilongos, prosa deslucida: “Gunard venía a Tel Aviv y jugaban en la playa hasta que el sol era una esfera color naranja, descendía bajo la superficie del mar y parecía hundirse en el agua” (p. 220). ¿No encontró una imagen más obvia, más gastada? Pero la cosa empeora: “las vidas de ambos habían derivado a ese litoral como un banco de peces que se orienta hacia aguas más cálidas. Oslovsky le decía a Gunard: fíjate en la arena, está hecha de diminutas piedras y cristales. Cuando una de esas partículas se hunde es cubierta por otra, por otras diez, cien o mil, e igual nos ocurrirá a nosotros, ¿no crees? Al hundirnos vendrán otros, centenares de miles, y la Tierra estará siempre poblada de gente que se sentirá sola, pero puede que pasen cien años antes de que se vuelva a ver en esta playa a dos hombres jugando ajedrez” (p. 220). No voy a honrar esta majadería con un comentario. O bueno, sí: si los lectores de este blog están dudando si comprar y leer o no esta novela, los invito a que lean esta página 220 y la siguiente. Si se conmueven, adelante, cómprenla, léanla; si se indignan, pueden pasar de esta novela y aprovechar mejor su tiempo leyendo algo más alimenticio.

Encima de todo está el leit motiv que enlaza estas historias disímiles, que me pareció fácil, obvio. Un congreso de biógrafos. Ay, un pelín más de esfuerzo se agradece, y es lo que hace la diferencia entre una novela más y verdadera literatura. En Las mentiras de la noche, por ejemplo, Gesualdo Bufalino junta a cuatro personajes la noche antes de su ajusticiamiento, y los pone a contar su historia. El drama que se genera allí, en la última noche con vida de estos personajes, es lo que le da tensión literaria a esa novela. Un congreso de biógrafos para contar biografías es haber tomado el camino fácil.

Y claro, voy a terminar hablando del premio inmerecido: si esto es lo que se merece un premio gordo como es el La Otra Orilla, dotado ahora con cien mil dólares, ¿cómo serían las otras novelas? No hubiera querido estar en los cómodos zapatos de Jorge Volpi o Roberto Ampuero. A quienes después de este fiasco les creo menos y los leeré en adelante con beneficio de inventario, lo mismo que me pasó con –dolor, dolor– Cabrera Infante luego de que premiara la infame Satanás.


Santiago Gamboa, Necrópolis, Bogotá, Norma, 455 páginas.

Nota: publico otra reseña de esta novela en la edición 103 de El Malpensante, pronto en línea.

73 comentarios:

DanielJQ dijo...

Qué bueno saber de otras lecturas de este libro, Camilo, qué bueno porque es una opinión que contrasta con tanta publicidad y tanto elogio. Gracias.

Hace unos días pesqué el comentario de Héctor Abad F. y, lo reconozco, me entusiasmé. Busqué la forma de leer en alguna parte algún fragmento, y justo encontré el primer capítulo por ahí volando en internet... Y pues, qué digo, desde ahí no me quedaron ganas de seguir con más.

Es que, bueno, yo no sé, no la leí completa... pero es que habían cosas que a mí me parecieron como muy mañosas para un autor con varias novelas y años encima. La excusa de la invitación al congreso en Jerusalén, desde las primeras líneas, me pareció débil, como con afán. Muy, muy excusa.

En fin, nunca he podido engancharme con Gamboa.

Algo más: Camilo, parece que revive uno de los temas favoritos de los clubes de conversación: los premios, ay, los premios.

Camilo Jiménez dijo...

Daniel: comento poco lecturas que no me satisfagan. Lo hago en casos como éste, cuando media un premio, excesiva publicidad, amiguismos o lecturas (elogiosas) con las cuales no estoy de acuerdo. Como la de Héctor Abad y otras personas. Intento, eso sí, soportar mis comentarios con citas, para que los lectores de la reseña juzguen por sí mismos. Debo decir que la reseña de Héctor apenas tiene una cita de dos líneas al comienzo.

Por otro lado, Gamboa tiene al menos dos novelas imperdibles: "Los impostores" y "Perder es cuestión de método". Nada más el perfil del profesor peruano Nelson Chouchén Otálora incluido en la primera (en el capítulo "Podrá no haber peruanos, pero siempre habrá poesía") justifica la lectura de toda la novela, y la inclusión de Gamboa en la historia de la literatura colombiana. "Perder..." expone una muy entretenida trama policíaca, con un personaje también memorable, el sargento Aristófanes Moya. Cualquiera de las dos podría engancharlo con facilidad. Hágale.

Carlos dijo...

De Gamboa leídos: 1.Páginas de vuelta, 2.Perder es cuestión de método, 3.Vida feliz de un joven llamado Esteban, 4.Los impostores, 5.El cerco de Bogotá y 6.El síndrome de Ulises. Todas esas lecturas hace rato. La primera en Norma mala. La segunda en Norma, mejor, digamos regular tres cuartos, inflada por los medios y la versión fílmica. La tercera en Ediciones B, es mi preferida y la que siempre recomiendo de Gamboa, la cuarta, primera que publicaba en Seix Barral, regular tres cuartos como la segunda. El quinto en ediciones B, que reune los cuentos de Gamboa, malo, salvo por un cuento bueno titulado "La vida está llena de cosas así". El sexto en Seix Barral, no lo recuerdo bien pero supongo que me gustó tan poquito que a partir de ese libro planté con el autor. No he leído Octubre en Pekín (Mondadori), Hotel Pekín (Seix Barral), ni Necrópolis (La otra orilla). No se si falte algo.
Este premio debió ser concedido a dedo, como sucede con los premios de las editoriales, por cien mil dólares recupera Norma el autor disidente y comercial. Les recomiendo a todos el siguiente blog que descubrí hace unos días, allí hay comentarios sobre Gamboa, Ungar, Rosero, Vallejo y Caballero. http://bartlebylesyeuxouverts.blogspot.com/search/label/Caballero

Martín Franco dijo...

Lo que más me gusta de las reseñas de “elojo”, don Jiménez, es que usté no se casa con nadie: la obra va a juicio independientemente de que la escriba tal o cual. Vi el comentario de Héctor y pensé lo mismo –con todo lo que me gusta Abad–: esta vaina está influenciada por la amistad que tienen. No le creí mucho. Ahora veo la suya y, con todo y las fisuras que pueda tener la novelita, me siguen dando ganas de leerla. La verdad es que Gamboa me gusta; hace unos meses leí “El síndrome de Ulises” y, aunque me pareció excesivo el alarde de macho cabrío que hace el protagonista, la novela me entretuvo. Y lo mismo me ha pasado con “Vida feliz…”, “Los impostores” y “Páginas de vuelta”. He visto “Necrópolis” en la librería y me dan ganas de agarrarla. Es inevitable: ya terminaré entrándole a pesar de los malos comentarios. Y comentaremos.

JuanDavidVelez dijo...

Así es la vida de hijueputa, este man Gamboa es como una especie de glad con suerte, ese man Gamboa siempre gana.

Por esa misma razón nunca lo he leido, para mi sería el equivalente a comprar un disco de José Gaviria, es algo impensable, algo que uno no hace por simple educación. Pero debo reconocer que el resumen que hizo Camilo me da ganas de leerme el doble hijueputa libro, es interesante el tema asi como los personaje.

Las gracias para Camilo que relacionó otra novela del "mismo" tema.

JuanDavidVelez dijo...

La frase "perder es cuestion de metodo" es una frase ni la del hijueputa de buena, ¿no?. Vida carechimba, yo quisiera que esa frase se le hubiera ocurrido a otra persona, pero no, se le tenía que ocurrir a este hijueputa embajador. Yo sé como es la vida, si no se le hubiera ocurrido a Gamboa se le hubiera ocurrido a Carolina Sanin, yo se que así es la vida conmigo.

JuanDavidVelez dijo...

Que pena, la ultima cosa, es muy tuitera: yo confieso que me gustan las novelas de Mario Mendoza, me parecen infantiles pero me gustan, me las leo en una sentada con gusto y curiosidad por saber que les va a pasar a los eruditos que viven cerquita de los expendios de bazuco.

Andrés Mauricio Muñoz dijo...

De Gamboa leí con mucho entusiasto Los Impostores, y funcionó muy bien; de hecho el personaje Nelsón Chouchén, como dice Camilo, paga la novela. Y la cita entre personajes perfilados con diferentes trazos, de diferentes calañas y "obligados" a convivir, también funcionó muy bien. Pero, según lo que nos cuenta Camilo, puedo intuir que lo que intentó Gamboa fue repetir la fórmula sin mucho esfuerzo; y claro, quedó como quien, orgulloso de comprobar el efecto de un apunte en la oficina, pretende introducirlo a como de lugar en otro ambiente, situación y auditorio y sólo consigue escepticismo.

Luis H. dijo...

A mí me queda sonando esa obsesión de Gamboa con el ajedrez. En la novela del joven llamado Esteban le dedica un montón de páginas a un torneo de ajedrez en España. Y resulta que el ajedrez tiene su argot. Ni un "marrano" (léase el más chambón de los chambones) llama "reina" a la "dama", como lo hace Gamboa. ¡Horrible! Eso sólo lo hace el que no tiene la menor idea del tema. Yo preferiría tratar de no escribir sobre lo que ignoro o poner cara de tonto y no ser pretencioso para tratar de pasar por entendido, porque siempre habrá lectores que sepan mucho más de temas específicos que el escritor ignora.

Luis H. dijo...

A mí me queda sonando esa obsesión de Gamboa con el ajedrez. En la novela del joven llamado Esteban le dedica un montón de páginas a un torneo de ajedrez en España. Y resulta que el ajedrez tiene su argot. Ni un "marrano" (léase el más chambón de los chambones) llama "reina" a la "dama", como lo hace Gamboa. ¡Horrible! Eso sólo lo hace el que no tiene la menor idea del tema. Yo preferiría tratar de no escribir sobre lo que ignoro o poner cara de tonto y no ser pretencioso para tratar de pasar por entendido, porque siempre habrá lectores que sepan mucho más de temas específicos que el escritor ignora.

Carlos dijo...

Juan David, para que pare de sufrir, creo que la frase de "perder es cuestión de método" es original de Luis Sepúlveda.

Pablo R. Arango dijo...

La frase es de Graham Green, que tiene otra igual de buena: ¿Y si la tierra fuera el infierno de los otros Planetas? Creo que la respuesta es que entonces Gamboa sería un escritor.

Pablo R. Arango dijo...

Perdón, me faltó la 'e' final: Greene.

JuanDavidVelez dijo...

Gracias a Carlos y a Pablo por hacer mi vida un poquito mejor. Para que vea, desde que estoy con este cuento del optimismo todo me sale bien.

S E B A S T I A N G O M E Z dijo...

Camilo, muchas gracias por la reseña.
Yo, por todo el escándalo del premio, pensé que iba a ser una cosa muy buena, tipo "Los Impostores", pero bueno, habrá que leerla y juzgar por sí mismo, aunque siempre confío de elolojoenlapaja.

Sebastián Pineda dijo...

"...la infame "Satanás". ¡Qué adjetivo tan bien puesto para esa infamia de Mario Mendoza! Por cierto, ese Planetario de Gamboa y Mendoza nada que saca algo realmente con cojones, y creo que ya van pal piso 60 y aún se llaman a sí mismos "los jóvenes escritores colombianos"...

Mauricio dijo...

yo he leido dos libros de Gamboa, Perder es cuestión de método y El síndrome de Ulises. La primera le encontre muchas cosas para alguien que ha vivido en el centro del pais mientras que la segunda por mas aclamada que fue por la critica no me convencio mucho, tanto me decepciono que preferi no volverlo a leer. Me han recomendado Hotel Pekin.

yacasinosoynadie dijo...

Además de no ser muy buen escritor Gamboa se comió el cuento de ser la súper “vedette”, sospecho que de verdad piensa que es el mejor escritor colombiano y su actitud es pesada, pedante… no sé a mi se me hizo como de como de faraón. Hace meses, por cuestiones de trabajo tuve que tomarle esta foto http://www.flickr.com/photos/yacasinosoynadie/3215
222082/ y casi me vomito ante tanta fanfarronería.

Carolina Gómez dijo...

Estimado Camilo nos haría un gran favor a quienes somos apenas lectores neófitos, los que corremos la cortina con timidez y nos asomamos con sigilo, si nos dijera porque Satanás es una novela abominable, o cuando menos nos remite a una página en donde se haga alguna reseña. Lo digo sin ironía. He leído muchos adjetivos descalificadores sobre esa novela pero hasta hora ningún análisis que sustente esas opiniones. Me parece que en ocasiones la gente replica los denuestos solo a partir de la autoridad que inviste a quien los emite.

Camilo, en serio, me gustaría conocer su opinión. Conozco el blog desde hace 6 meses y lo leo con frecuencia.

Camilo Jiménez dijo...

La novela es predecible, los personajes son simplones y campanudos, los diálogos son pretenciosos y antinaturales. Sería conveniente hacer un comentario más en profundidad, y para eso debería volver a leer la novela, y ni de fundas. ¿Por qué no la lee usted misma, Carolina, directamente, y nos cuenta por acá qué le pareció? Creo que es la mejor manera de juzgar una obra: metiéndole directamente el diente.

Gracias por pasar.

Yacasi: usté sí que tiene buenas fotos. Bien.

Carolina Gómez dijo...

Gracias Camilo, leeré la novela y les contaré...

Jorge Sánchez dijo...

"y creo que ya van pal piso 60 y aún se llaman a sí mismos "los jóvenes escritores colombianos"..."

Jajaja, buena esa, Sebastián.

Camilo, perdone el atrevimiento: ¿cuál cree que se el mejor escritor "joven" colombiano? Por joven pensaría nacidos después de la década del 60. ¿Hay alguno que de verdad valga la pena? Yo he escuchado cosas tan malas sobre todos que he preferido casi no meterles el diente.

Carlos dijo...

Para Carolina Gómez (ahí perdonará don Camilo -el dueño del club de parla- que meta la cucharada) remisión a página con comentarios sobre la novela premio Seix Barral:

http://www.circulolateral.com/revista/revista/espejo/091_092mariomendoza.htm

Yo no he leído Satanas (ni Dios lo quiera) pero si leí Scorpio City y La travesía del vidente además de algunos cuentos en antologías; en uno de ellos, el de la antología erótica de Planeta Aaaaaahhh, un enfermero violaba a una paciente, creo que después Almodovar lo fusiló en Hable con ella. El otro cuentico, el de la antología de los Cuentos caníbales iba de un pirata (creo que un personaje de Stevenson), y ese cuento era cercano a la atmósfera general del libro La travesía del vidente; digamos que estos cuentos medio marinos no son tan malos pero digamos que nadie se pierde de algo si pasa de ellos. La novela en cambio si es muy mala.

Camilo Jiménez dijo...

Pablo, gracias por la aclaración: siempre pensé que la frase que le da título al libro era de Luis Sepúlveda, que tiene otras felices.

Camilo Jiménez dijo...

Carlos: había visto esa página alguna vez, cuando existía aún Lateral (adiós, buena colega, se te extraña). Gracias por refrescarla. Creo que esa sección que me gustaba tanto, "El espejo de la crítica" nunca fue ni tan dura ni tan unánime con ninguna obra literaria que pasara por allí. Pero repito: sería muy alimenticio que Carolina leyera la novela y sacara sus conclusiones.

Camilo Jiménez dijo...

Jorge: yo creo que hay escritores de verdad jóvenes que valen la pena, sin duda. Juan Gabriel Vásquez es el primero que se me viene a la cabeza. Aunque apenas tiene un libro publicado, creo que Juan Carlos Rodríguez arrancó muy bien con su libro de cuentos largos "El viento agitando las cortinas". Otro Juan Carlos, esta vez Garay, tuvo una muy buena primera novela, "La nostalgia del melómano". Esperemos a ver con qué sale. Enrique Serrano es buen cuentista (es más, es muy buen cuentista), aunque sus novelas son casi insufribles. Pero es juicioso y podría entontrar un tono para las narraciones largas, o bien limitarse a los relatos, que también vale.

A ver si otros lectores juiciosos (sí, Carlos, Luis H, etcétera, es con ustedes) nos recuerdan algunos otros nombres que se me hayan escapado, o que candidaticen sin sonrojarse...

JuanDavidVelez dijo...

Como parte del etcetera digo mi opinión.

La verdad es que me da pena poner los nombres de los escritores jovenes colombianos que me parecen bacanos, pero claro que hay, son varios.

Gamboa es de la seleccion sub-50, realmente los que mas leo son los del prometedor equipo sub-40. De Hector Abad que es del equipo sub 60 a mi me gusto muchísimo Angosta, obviamente también me gusto mucho el olvido que seremos.

JuanDavidVelez dijo...

Acerca de la calidad de los escritores colombianos yo no puedo opinar con confianza, porque casi que solamente leo autores colombianos, entonces no tengo punto de comparación, eso sumado a que soy simplemente un aficionado a leer.

El otro día le pregunte a Federico Escobar por la comparación con el equipo del resto del mundo, Federico si lee muchísimo de muchas partes, pero no me respondió a mi interrogante.

JuanDavidVelez dijo...

Las guevas, el libro de Javier Moreno (lo definitivo y lo temporal) es bueno, y nadie lo menciona nunca. Ese libro es muy bacano.

JuanDavidVelez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Pero, en primer lugar. ¿Para qué darle otra oportunidad a Gamboa?

Carlos dijo...

Camilo, Jorge y los demás, de los nacidos después de 1970, Vásquez sin discusión pese a su pifia (Alina suplicante); comparto a Rodríguez y añado a Noriega Hederich (Iménez) y a Juan Álvarez (Falsas alarmas), el pero de estos tres es que solo han publicado de a libro, rescato además el primer libro de Ungar (Trece circos comunes).

Martín Franco dijo...

Perdón que me salga -o no tanto-, pero ya que hablan de Satanás... He estado leyendo "El insomnio de Bolívar", un libro de ensayos de Jorge Volpi que acaba de ganar el premio Debate Casa de América y, en un capítulo dedicado a la literatura del contiente -con especial énfasis en Bolaño-, aparece el siguiente comentario:

"De entre el alud de novelas de género publicadas en los últimos años, señalaré tres que se escapan al lugar común. Satanás (2001) del colombiano Mario Mendoza, reconstruye la locura de un veterano de la guerra de Vietnam que asesinó a una decena de personas en una pizzería de Bogotá en 1986; la intriga es aquí lo de menos: la relación entre la literatura y el crimen, y la convulsa psicología de su personaje, la siúan en un ámbito que rehúye los mecanismos comerciales".

Eso dice Volpi.

Por lo demás me parece que el libro está muy interesante.

Camilo Jiménez dijo...

Volpi va de mal en peor.

yacasinosoynadie dijo...

hey Camilo que bueno que le hayan gustado mis fotos hombre... por aquí a la orden... un abrazo grande...

Apelaez dijo...

De Gamboa me leí un libro que le debe mortificar la conciencia: Biografia de Rozo José Serrano. Cosa tan aburrida la vida de ese señor, sin embargo, creo que el policia de "perder es cuestión de método" esta inspirado directamente en la experiencia de Gamboa con el mejor policia del mundo.

Jorge Sánchez dijo...

Gracias, Camilo, Carlos y Juan David. Voy entonces a hacer la prueba con Vásquez, depronto me compre este fin de semana "Los informantes" o "Costaguana". Y también he sentido curiosidad por "El viento agitando las cortinas" de Rodríguez, porque además tengo debilidad por los cuentos.

Juan David, he querido comprar el libro de Javier Moreno, pero dicen que ya no se consigue. ¿Será cierto? Lo busco también este fincho.

Carlos dijo...

Del vínculo Mendoza-Volpi un capítulo en Sevilla 2003:

http://sentenciasinutiles.blogspot.com/2008/10/palabra-de-amrica.html

JuanDavidVelez dijo...

Jorge, yo lo compré hace mas o menos un mes, ese libro es de la editorial de la universidad Eafit, yo fui allá a la librería de ese claustro y había un ejemplar.

Como apunte biografico hay que decir que Javier Moreno es egresado de la escuela de ninjas del espinal, promoción del 97.

(que risa apelaez con ese man, ¿sabes la historia del libro del general?, creo que es así: García Marquez le dijo que tenía una vida como para un libro, y el general le creyo)

Luis H. dijo...

Camilo, a veces creo que lo que nos hace falta, como en el fútbol, son buenos técnicos extranjeros, que nos den formación. Nos cuesta mucho trabajo encontrar nuestras propias voces. De ahí, creo, la ventaja de personajes como William Ospina, Héctor Abad, Juan Gabriel Vásquez o Darío Jaramillo, que encontraron pronto sus voces. Yo espero buenas cosas de los más jóvenes, espero a ver con qué sale Andrés Arias, creo que Constaín tiene la formación y el talento, si no elige el camino de sabio oficial y se convierte en un aburrido Volpi colombiano. Como sería muy bueno Serrano si alguien le mostrara los límites. Si no le pedimos peras al olmo, creo que Ricardo Silva está bien en lo suyo, así como Antonio García, Burgos y algún otro que a veces se pasa por aquí. En este momento parece que hay pocos temas: cada asesinato, bomba, atentado, sicario, tienen su propia novela. Nuestra literatura se estaba volviendo cosmopolita pero parece que decidió devolverse al terruño. Por otra parte, ¿habra una evolución desde El buen salvaje hasta El síndrome de Ulises? Mmmmm...

Andrés M dijo...

Y yo apostaría por otros dos: Ignacio Piedrahíta nos dejó -al menos a mí- un buen sabor de boca con su novela: "Un mar", un relato estupendo de un geólogo extraviado en un pueblo extraviado que busca minerales y amores; y Claudia Arroyave y su libro de cuentos "Mientras Dios descansa", que me parece ya había sido comentado por aquí. Una radiografía deliciosa -y brutal- de nuestras más larvadas costumbres antioqueñas. Claro, habrá que ver con qué salen después. Saludos a todos.

Mauricio dijo...

luego de leer muchos de los comentarios de algunos escritores sobre libros de otros y que al parecer resultan siendo amigos entre si, deja mucho que desear. Mi impresion es que muchas veces en esa comunidad (como en muchas otras) no se critican abiertamente entre ellos, no se si es para evitar controversias o que, pero bueno. Si hasta Bolanho llego a decir que Jaime Bayly estaba marcando un camino en la literatura latinoamericana, lo cual me parece super exagerado (no se pero a mi no me convencio luego de leer dos novelas de Bayly). Creo que en la resenha de Faciolince sobre el libro de Gamboa tiende a confirmar esa tendencia, aunque claro hay excepciones...

FANTASMAGORICO dijo...

SEÑOR JIMENEZ SU BLOG ES UNA DELICIA. SU INDEPENDENCIA ES DE APLAUDIR. NO HE LEIDO ESE LIBRO NI LO LEERE, ES MUY POCO PROBABLE QUE UNA MUJER MAL POLVO LA PRIMERA VEZ FUNCIONE LA SEGUNDA; LO DIGO POR QUE LEI PAGINAS DE VUELTA Y NO QUIERO PROBAR NADA MAS DEL SEÑOR GAMBOA. LE SUGIERO QUE NO PERMITA A NUNGUN HIJUEPUTA QUE ESCRIBA HIJUEPUTA COMO EL HIJUEPUTA QUE ESCRIBIO: "EL HIJUEPUTA EMBAJADOR". RICARDO SILVA ROMERO ES UNO DE LOS MEJORES POR QUE SABE LO LIMITADO QUE ES Y ESCRIBE DENTRO DE SU LIMITACION Y ADEMAS ME CAE MUY BIEN Y QUIERASE O NO LA SIMPATIA SUBJETIVA RESPECTO A LAS POSTURAS DE VIDA INFLUYE, ¿O NO?... CELINE ES BUENO PERO NO ME PASA POR LO MISMO. ABAD FACIOLINCE ES UN BODRIO Y EL OLVIDO QUE SEREMOS ME PARECE MUY MALO. FIN.

Tomás D. Rubio dijo...

Pablo R. Arango cuenta cómo llegó a tirar a Satanás por la ventana: el yanomás llegó en la página 230:

"-¿Tienes a alguien?
-¿De qué me estás hablando?
-Estás saliendo con alguien, estoy seguro.
-Y si así fuera qué, estoy en todo el derecho.
-Todo este tiempo has tenido otras relaciones y no has sido capaz de decirme nada.
-Yo no tengo ningún compromiso contigo.
-Siempre tuviste otras relaciones, callada, sin hablar del asunto, y yo como un imbécil convencido de que era el único.
-Si llamaste para hacer una escenita de celos, te equivocaste, es un poco tarde para eso.
-Eres promiscua y mitómana.
-Al fin en qué quedamos: ¿me amas y estás preocupado por mí, o me detestas y estás esperando cualquier oportunidad para insultarme y ofenderme?"

Como cuenta Pablo R.: uno nunca dice eres promiscua y mitómana, uno le dice: ¡sos una puta mentirosa!

Luis H. dijo...

¡Jua! ¡Jua!

Camilo Jiménez dijo...

Satanás tiene escenas solucionadas así casi que en cada página. Necrópolis, al menos cada dos. Ambas con premios que las inflan sin merecerlo. Lo peor es que los lectores que ignoran que los premios son estrategia de mercadeo y no reconocimiento al valor literario, que son mayoría, consideran que eso es lo que vale la pena leer, que es "lo bueno" porque tiene premio. A la larga, esos premios atentan contra la literatura como arte. Contra la formación de lectores.

Y sí, como señala al paso Carlos: estoy casi seguro de que este premio se dio más bien para recuperar al autor vendedor disidente.

Angry Girl dijo...

Pobres “jóvenes escritores colombianos” cuantos “jóvenes escritores colombianos” tendrán que pasar y pasar para llegar a alguno o algún grupo medianamente admirable? Ya lo he dicho antes acá, para escribir hay que lograr la espontaneidad que nos asusta, o será que eso existe pero a los que les asusta es a los editores? O a los lectores?

Yo solo sé que los arenques son horripilantes.

Ahora, los premios… quien es quien para dar un premio? Que tipo de autoridad intelectual tienen los que dan un premio, de verdad los que dan premios son autoridades suficientes, tienen todo el conocimiento suficiente? Quien escoge a los que dan los premios, otro con mas autoridad intelectual? Como se mide eso, es posible? No creo en los premios de ningún tipo.

Arturo López dijo...

Pues cuanta mala leche y envidia que se destila en este blog contra Santiago Gamboa... ya los viera yo con una novela "tan mala" como le dicen y cien mil dolares en su bolsillo... se sentirían merecedores del Nobel. Si "Necrópolis" no hubiera sido premiada, seguro la novela estaría siendo recomendada aquí con sumo entusiasmo.
Y si tan mala juzgan que es... entonces el buen juez por su casa empieza... por ejemplo, ¿que tal escribir una novela que demuestre que la obra de Gamboa es el adefesio que dicen?

Andrés Mauricio Muñoz dijo...

Arturo, lo que tú pides es como pedirle al comentarista de fútbol que entre a la cancha, se calce los guayos y haga el gol que con tanta vehemencia le pide al delantero.

maggie mae dijo...

Arturo, no es envidia, además han dicho que hay libros de Gamboa buenos, a mi Los impostores me encantó, y Cuestión.. es bacana y vida feliz.. no está mal, pero el hombre se ha ido descachando cada vez más. Con premio o no, tiene cosas malas.

Harold Alvarado Tenorio dijo...

Gamboa es tan feo que da escalofríos

Hermogenes dijo...

Harold, tu seudónimo es más feo todavía.
Espero que me perdonen, pero hay comentarios que simplemente no entiendo. Creo que Fantasmagórico y Arturo tienen algo que decir, pero yo todavía no aprendo a leer el pensamiento. Parecen borrachos o furiosos. De cuál embajador y cuák Celine habla Fantasmagórico?
¿Lo que dice Arturo es que Camilo tiene que escribir una novela demostrando que Necrópolis es mala, o si no no le cree? Agradecería más luces.

Camilo Jiménez dijo...

Creo que Fantasmagórico dice que Celina es mal polvo, y Arturo quiere que escriba una novela donde demuestre que Santiago Gamboa es n
un adefesio. Hombre Arturo, yo le hacía, me siento y la escribo, pero ya pa qué si sabemos final... no la compra naiden

Anónimo dijo...

Ya varias veces había escuchado y leído que eso de los premios es pura paja(pero no no en el ojo)Pero ahora que el dueño del blog lo dice así de crudo: "Lo peor es que los lectores que ignoran que los premios son estrategia de mercadeo y no reconocimiento al valor literario, que son mayoría, consideran que eso es lo que vale la pena leer, que es "lo bueno" porque tiene premio", me da mucha tristeza, parecida, digo, a la que sintió Truman Burbank...A mi padre le gusta leer libros premiados, porque él dice que "si no sabes sigue las recomendaciones", pero él no sabe que las tales recomendaciones(los premios) no son más que ofertas especiales de plaza de mercado...Acaso ¿no hay premios serios? Así las cosas, solos ante el montón de libros, mejor seguir leyendo los "clásicos", ahí no hay pierde.

Anónimo dijo...

Hablando de JG Vásquez, sí, es un gran escritor, pero me decepcionó en la traducción del libro "Conversaciones con Al Pacino". ¿Alguien lo ha leído? Que tu actor favorito diga "joder" y "coño tío" durante toda la entrevista, ya es demasiado.

Lo extraño es que ese libro lo publicó el Grupo Editorial Norma para Colombia. En fin, unas son de cal...

Un saludo a todos

Jaime Andrés

Camilo Jiménez dijo...

Jaime Andrés: es que el manual de traducción de Anagrama ha tenido su éxito, y no sólo en España. Incluso, no sólo para traducciones: Efraín Medina lo ha adoptado para su estilo de escritura. Pa que vea.

Ahora bien, siempre he querido echarle una mirada ("echar un vistazo", diría el manual de estilo mencionado arriba) al libro de Pacino, y con el comentario me picó más la curiosidad.

JuanDavidVelez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JuanDavidVelez dijo...

Que pena con fantasmagorico, pero es que técnicamente me veo obligado a decir una o dos palabras profanas en este nuevo comentario, espero me disculpe.

Oí Camilo, ¿el manual de traducción dice algo asi como "fuck se traduce como coño", y asi?. Supongo que "Sos una puta mentirosa" es una frase con la que sueña todo traductor. ¿"holy bitch" acaso?

Gracias, y que pena fantasmagorico, algunas veces se ve uno obligado a utilizar palabras un poco fuertes, pero eso si, no vuelvo a decir hijueputa embajador sino cuando sea preciso, que es casi siempre.

Javier Moreno dijo...

J.D.: "Fuck" se traduce "Follar" si se usa como verbo. Si se usa como interjección, probablemente "Joder".

Carlos dijo...

1. Hola a todos.
2. De la prosa a media lengua del fantasmagórico creo entender que se refiere a que no le gusta Celine por una postura de vida, supongo entonces, su antisemitismo. En ese caso tampoco deben gustarle los grandes escritores racistas, lo que son malos padres, peores hijos, perros, drogos, borrachos, que cascan a la mujer, y todo el etcétera que se les ocurra.
3. El libro de las conversaciones con Al pacino, circuló en España bajo el sello Belaqcva que antes era como decir Norma en España, ahora creo que se llama La otra orilla. Entonces la traducción que le metieron a la versión nacional de Norma fue la misma que había hecho Vásquez para España. El otro día leí una traducción de Vásquez de Muerte escarlata de Walter Mosley en Roca y era como leer cualquier traducción de Anagrama: tío, el que, coche, etc. Es que si no se han dado cuenta ahora en Colombia ya no se culea sino que se folla y ya lo manes no tienen verga sino polla.
4. En la traducción colombiana de "Shooting Elvis", el finado Hernando Valencia Goelkel, traduce: "que lo cosan hijueputa" o "que lo cosa su madre hijueputa" (no recuerdo bien) en la traducción española del mismo libro que se llama "Buena conducta" la misma frase la traducen: "que te zurzan capullo". No se ustedes pero me quedo con la españoleta.
5. Saludo a todos.

l. dijo...

El primer libro que me leí de Gamboa fue "Vida feliz de un joven llamado Esteban", que me hizo creer que por fin iba a encontrar un nuevo autor colombiano "joven" favorito. Seguí con "Los Impostores" que me pareció muy entretenido, pero menos vital. Seguí con "Perder es cuestión de método" que seguía con la onda entretenida pero perdía cada vez más vitalidad y empecé a temer que hubiera caído en una trampa. Continué con "El síndrome de Ulises" que lo empecé y no pude seguir, ya habían muerto todas y cada una de mis ilusiones con el autor y en cambio se había asentado un disgusto generalizado por su fácil conformiso con una receta de éxito comercial y degradación literaria.

Juan David Velez: a mí los libros de Mendoza no me convencen, pero a lanzamiento de libro suyo o entrevista que le hagan y pueda ir voy, porque me encanta como habla, tiene ideas chéveres y una sensibilidad bonita e ingeniosa al tiempo. Además tiene pinta de buena gente. No entiendo qué le pasa a la hora de escribir que no le salen las cosas tan bien, si fluyen naturalmente en él en vivo y en directo.

Carlos (supongo que Castillo), a mí me gustaría mucho (realmente MUCHO)escribirle, pero su correo de norma rebota. Cómo más puedo contactarlo?

chaly2 dijo...

Vaya!uno se descuida y pasa de todo en este blog. Me gustó mucho la entreda Camilo, sustentada como siempre. Gamboa nunca me ha llamado la atención y ahora menos; pero debo felicitarte, porque pocas veces has dado "varilla" de esta forma (no que recuerde). Y sí...definitivamente queda el sin sabor con el tema de los premios, fastidia la lambonería y la corrupción literaria en el país, el pago de favores, la lagartería, las reunions pseudo-intelectuales en Leo Cocina y Cava...mejor dicho como decía Andrés López...deje así!!!!!!

Carlos dijo...

(CON EL DEBIDO PERMISO DEL SEÑOR DON CAMILO JIMENEZ)

Este servidor se permite informar

A QUIEN PUEDA INTERESAR:

Que no soy ninguno de mis tocayos.

JuanDavidVelez dijo...

Camilo, estoy de acuerdo con las felicitaciones twiteras de apelaez y de Javier Moreno. Felicitaciones.

Lalu dijo...

De Gamboa sólo he leído Hotel Pekín, y me pareció la cosa más cursi, predecible y falta de vida del mundo entero. Estoy tratando de dar con el nombre de algún escritor de libros de autoayuda con el que pueda compararlo.

Arturo López dijo...

Camilo... te ausentas. Ninguna entrada en 2010 y ya va casi al 10% de transcurrido. Están muy interesantes las polémicas, asi que no lo dejes. El mes pasado leí "Necrópolis". Por la manera en que llegó a mis manos, es un libro entrañable. Por el contenido, esperaba algo mucho mejor. Uno que otro momento bueno, pero abundan los lugares comunes, las frases cursis y hasta copias malas de clásicos (el episodio donde se fusila la historia de Edmundo Dantés es patético) y la biografía de la puta culta bon vivant que se la crea su madre. En fin. Retiro lo de la mala leche pero me sostengo en lo de la envidia.
Saludos desde Gdl, México.

Róbinson Úsuga dijo...

Igual, nunca me ha llamado la atención este Gamboa. Empecé a leer Vida feliz de un joven llamado Estaban por recomendación de un amigo, pero lo dejé cuando me encontré con el recurrente escenario paricino, tan visto ya en otros autores. Una trama demasiado simple y un título de libro muy malito de por sí.

Un transeúnte cualquiera dijo...

Primero, la novela tiende a policíaca. Eso, desde ya, descontextualiza parte de la reseña. Si los argumentos son flojos, es porque deben serlo para la trama: ni la actriz porno ni el reverendo están en el Congreso porque sí; están allá porque han aprendido de escritura (por eso los invitaron), y habría que leer la novela completa para saber por qué y cómo terminaron en el mundo de las letras. Lo segundo es que la novela si tiene sus fallas. Pero, al menos eso creo yo, no de ritmo, tono ni trama, sino de congruencia sicológica. Tendrían que leerla, insisto. En los útlimos tres capítulos (la última de tres partes del libro) el personaje principal, el escritor-narrador, vaga en una situación que se aleja sicológicamente de su ya formada estructura. Es decir, hace o dice lo que no se espera que haga o diga. Es una lástima, pues desluce la novela, aunque no narrativamente, claro. A mi gusto es una novela prescindible, y sin embargo disfrutable. Los últimos tres capítulos, eso sí, serán aburridos y, para lectores exigentes, ajenos a la novela. Pero si para Borges un libro estaba justificado por una frase, ¿no lo estará por 300 páginas?

Anónimo dijo...

Yo no le tengo ninguna fe a Gamboa. Alguna vez, de un libro que no quiero recordar, leí como el señor Gamboa citaba de manera aberrante y falsa unos versos de Gil de Biedma que no tenían ninguna complicación: se los tiró: ¿le quedaba muy difícil ver el poema antes de transcribirlo mal? ¿cómo es que los editores pasan eso a sabiendas de que el verso estaba mal, sino es por una rosca igual de gorda al libro...? misma Rosca que empuja a Abad a elogiar novelas malas..como éste..la de Bonnet...

libermagistra dijo...

No puedo creer que haya crucificado esta novela profunda en su caracterización, temas y mensaje mientras ha elogiado Dime quién soy de Julia Navarro: novela comercial, vana, insustancial y absurda, que además es una tortura por lo larguísima.
Necrópolis no es una novela para entretener; es una historia para el análisis y la reflexión.

Camilo Jiménez dijo...

Es una opinión de lector, libermagistra, ninguna crucifixión. Y no recuerdo de verdad haber alabado ninguna novela de Julia Navarro, porque no he leído nada de ella. Es más, nunca había oído su nombre.
Bienvenido por acá, pronto reinicio actividades.

Anónimo dijo...

Por esas cosas de la vida, sobre todo en Internet, un hilo que uno comienza a tirar va desbordando poco a poco el costal hasta llevarnos al punto que buscamos u otro mejor. Buscando sobre una discusión muy acalorada que tuvo el escritor Andrés Candela y Santiago Gamboa en París, llegué a este blog.
Gamboa un intelecto de peso y de primera página con mucha suerte para sus ramplonas novelas. Y eso que dejo por fuera sus dos despreciables amigos: Abad y Gabriel V. (Escritores de publicidad, no de merito) Los tres parecen “cortados con la misma tijera” para escribir historias y a Abad le faltan muchos años para tener un ritmo como el de William Ospina. Candela (hasta donde sé): un escritor a pulso de tocar puertas hasta que lo apadrinó Planeta, lo respaldó Fernando Savater y lo elogió Juan Cruz en España ¿Y en Colombia? Les dejo la inquietud.
La discusión, para no salirnos del tema ni perder la pasada por el blog, en la Unesco, un burdo (entiéndase Gamboa) contra la certeza del guante blanco de Candela y sus certeros argumentos, en ese momento me di cuenta porqué es el ahijado literario de Savater y por eso busqué Madrid y yo… una novela única, una trama que no se le ocurriría a ninguno de los “jóvenes escritores colombianos” y Candela (con lo poco que hay de él sé que no tiene ni 35 años). Por ese mismo motivo Abad no se ha atrevido a tocarlo, no se le ha ocurrido criticarlo pues Savater y Juan Cruz son dos voces con mucho peso literario como para que Abad y su triangulo amoroso lleguen a declarar lo contrario contra su obra.
Les aseguro que haber visto el encuentro y los pocos argumentos de Gamboa para expresar ideas simples dejan mucho que pensar de alguien que se denomina “escritor”, pero ese mismo cuerpo de ideas deben ser las que él tiene para “inspirarse” o para invocar sus musas literarias en sus novelas de bombillo rojo. (Parecen las memorias de un burdel)
Los que asistimos al evento salimos convencidos de algo: Los que gozan del “boom” literario y el respaldo de los medios, no le llegan ni a los tobillos al verdadero talento que trabaja y escribe sin tanto show.

Sergio Saenz

Anónimo dijo...

Bueno, yo leí hace poco este libro y la verdad es que me defraudó un poco. Había leído muy buenas críticas pero al momento de leerlo me aburrió en varias ocasiones.
Al igual tú, tampoco encontré su pluma extraordinaria como algunos críticos la definen.
En general, la historia me pareció buena, pero a veces, en su afán de diferenciar a los relatores, fue demasiado majadero en sus lenguajes. Mucha muletilla que francamente está de más y aburre.
Con todo, el relato que más me gustó fue el de los ajedrecistas. Los demás se me hicieron muchas veces soporíferos.
El final... no me convenció mucho, como que derepente lo llamaron a comer y esbozó algo como un final.
En fin, no me pareció mala, pero por las críticas que tenía me esperaba algo mucho mejor.
Saludos
Lorena V