Fusilado: Jean Cocteau




Cocteau es un genio olvidado. Ya no se lo lee ni se lo comenta, ya sus películas ni siquiera existen salvo en los más oscuros y grises cineclubes. Y para mí es uno de los grandes: su novela Los niños terribles es uno de esos libritos a primera vista pequeños e inofensivos que sin embargo permanece en las capas más profundas de la mente por años. O al menos me pasó a mí. Pintor, dramaturgo, decorador (en el más fino sentido del término), poeta, novelista y director de cine, su genio reverbera en estas notas sueltas escritas durante varias curas de desintoxicación, entre 1927 y 1930. En este libro, cuidado y bien editado por Back List, un sello de Planeta, expone aforismos, fragmentos de relatos, cuadros, pensamientos, ideas y crítica –además de dibujos– sobre sus amigos, la amistad, su propia obra y la de sus conocidos, los demonios y los dioses del opio, obras de moda (y demodé), costumbres. Es toda una experiencia de lectura este bello libro. Y se consigue en todas las librerías –colombianas al menosa precio amigo. Qué bueno recuperar a Cocteau. La edición de Alianza Editorial de Los niños terribles la perdí hace veinte años en una isla. Voy a buscarlo y a leerlo de nuevo.


Opium (fragmentos)


Sin el diablo, Dios nunca hubiera llegado al gran público.


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Cuando veo a todos los artistas que hacían profesión de despreciar el gran mundo porque aún no se les recibía en él, que después de los cuarenta caen en el esnobismo, me felicito de haber tenido la suerte de haber salido al gran mundo a los dieciséis y de haberme hartado de él a los veinticinco.


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Muchas modas sorprendentes en el vestir proceden del hecho de que un hombre o una mujer ilustre quisieron ocultar algún defecto.


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El espacio juega un poco el papel del tiempo. Ya es tomar un poco de perspectiva. Un extranjero, que juzga tu carácter conforme a cómo valora tu obra, te juzga mejor que tu entorno, que juzga tu obra según cómo te ve a ti.


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A menudo, personas que creen que Los niños terribles les gusta me dicen: “Salvo las últimas páginas”. Pues las últimas páginas se inscribieron primero, una noche, en mi cabeza. Estaba dividido entre el miedo a perderlas y el de tener que escribir un libro digno de ellas.


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Más adelante explicaré que los increíbles fenómenos de una desintoxicación –fenómenos contra los cuales lo único que puede hacer la medicina es darle a la jaula el aspecto de una habitación de hotel y exigir al médico o a la enfermera paciencia, presencia, fluidez–, en vez de ser los de un organismo que se descompone deben ser, al contrario, los incomunicables síntomas del lactante y de las plantas en primavera.


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Aconsejo al enfermo que lleve ocho días de abstinencia que hunda la cabeza en un brazo, que pegue la oreja a ese brazo y que espere. Devastación, motines, fábricas que vuelan por los aires, ejércitos que huyen, diluvio, la oreja escucha el apocalipsis de la noche estrellada del cuerpo humano.


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En la clínica, a las cinco, le dan al viejo bulldog moribundo una inyección letal de morfina. Al cabo de una hora está jugando en el jardín, saltando, escarbando. Al día siguiente, a las cinco, rasca la puerta del doctor y pide su inyección.


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El que paga sus deudas. En esta época ingrata me gustaría escribir un libro de agradecimiento. Además de otros favores, Gide me hizo el de corregirme la letra. Yo, por estupidez de juventud extrema, me había hecho una caligrafía. Aquella falsa escritura, reveladora para un grafólogo, me falseaba hasta el alma. Cerraba con un pequeño bucle el gran bucle de mis jotas mayúsculas. Un día, al salir de mi casa, Gide, en la puerta, me dijo sobreponiéndose a su malestar: “Le aconsejo que simplifique sus jotas”.

Empecé a comprender cuán lamentable es la gloria que se basa en la juventud y en el brío. La amputación de aquel bucle me salvó. Me apliqué a recuperar mi verdadera caligrafía y, con la ayuda de la caligrafía, recuperé la naturalidad que había perdido.


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La única estética perdurable es la del fracaso. Quien no comprende el fracaso está perdido.


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Una mujer de setenta años me decía: “Lo que hizo creer que los hombres de mi generación, los miembros del Jockey, eran muy ingeniosos fue la cantidad de vinos diferentes que servían a la mesa”.


Después de cenar, todo el mundo estaba un poco borracho. Los unos creían hacer comentarios con mucho mordiente, y los demás creían oírlos.


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Roussel y Proust desmienten la idea de la indispensable pobreza del poeta (lucha por la vida, buhardillas, antesalas…). El rechazo de las elites, el no adoptar maquinalmente lo nuevo no sólo se explica por los obstáculos que el pobre tiene que ir superando poco a poco. Un pobre genial parece rico.


Proust, gracias a su fortuna, vivía encerrado con su universo, podía pagarse el lujo de estar enfermo, de hecho estaba enfermo por la posibilidad de estarlo; asma nerviosa, ética bajo la forma de higiene extravagante, que le condujeron a la enfermedad auténtica y a la muerte.


La fortuna de Roussel le permite vivir solo, enfermo, sin la menor prostitución. Su riqueza le protege. Puebla el vacío. Su obra no tiene ni una mancha de grasa. Es un mundo suspendido de elegancia, de magia, de miedo.


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Proust me parecía una lámpara encendida en pleno día, o el timbre de un teléfono en una casa vacía.


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No condeno la música verbal y todo lo que conlleva de disonancias, de durezas, de suavidades nuevas. Pero me interesa mucho más una plástica del alma. Oponer una geometría viva al encanto decorativo de las frases. Tener estilo y no un estilo.


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Mi naturaleza necesita serenidad. Una fuerza aciaga me empujaba hacia los escándalos como a un sonámbulo hacia el tejado. La serenidad de la droga me protegía de esa fuerza que me lleva a sentarme en el banquillo, cuando basta con la simple lectura de un periódico para destruirme.


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A la multitud le gustan las obras que imponen su canto, que la hipnotizan, hipertrofiando su sensibilidad hasta adormecer su sentido crítico. La multitud es femenina; le gusta obedecer o morder.


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Un hombre normal desde el punto de vista sexual debería ser capaz de hacer el amor con cualquiera e incluso con cualquier cosa, porque el instinto de la especie es ciego; trabaja al por mayor. Eso explica la moral fluida, que se atribuye al vicio, del pueblo y sobre todo de los marineros. Lo único que importa es el acto sexual. A un bruto no le importan las circunstancias que le excitan. No estoy hablando de amor.


El vicio comienza con la elección. Según la herencia, la inteligencia, la fatiga nerviosa del sujeto, esa elección se refina hasta resultar inexplicable, ridícula o criminal.


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Los médicos aseguran que el opio nos embota y nos quita la escala de valores. Pero aunque el opio retira bajo nuestros pies la antigua escala de valores, allí mismo levanta otra mucho más alta y más fina.


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Los libros deben tener fuego y sombra. Las sombras se desplazan. A los dieciséis años, se devora Dorian Gray. Después el libro resulta ridículo. Lo acabo de releer y he encontrado sombras muy bellas (el episodio del hermano de Sybil Vane) y he visto qué injustos somos. En algunos libros las sombras no se mueven; bailan en su sitio.


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Hay una enfermera muy amable, viuda de guerra, que es del Norte. En la mesa, sus colegas le preguntan por la ocupación alemana durante la guerra. Dan sorbitos al café mientras esperan escuchar atrocidades.


“Eran muy amables –responde ella–, compartían el pan con mi hijo, e incluso si alguno era incorrecto no nos atrevíamos a quejarnos a la Commandantur, porque les imponían castigos demasiado duros. Al que molestaba a una mujer le tenían atado a un árbol durante dos días”.


Esta respuesta los deja consternados. La viuda resulta sospechosa. La llaman “la Boche”. Ella llora y poco a poco va cambiando de recuerdos, desliza alguna atrocidad. Quiere vivir.


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Mi ventilador no levanta viento y no enturbia la imagen que se alza detrás; pero no aconsejo a nadie que meta el dedo.


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La paciencia de la adormidera. Quien haya fumado fumará. El opio sabe esperar.



Lo fusilamos de: Jean Cocteau, Opium, Bogotá, Back List (Planeta), 2009, 193 páginas. Traducción y prólogo de Ignacio Vidal-Folch.


Comentarios

Laura García ha dicho que…
Uy Camilo! Es verdad, un genio olvidado... Yo lo había sacado completamente de mi registro y debo tener Los niños terribles en mi biblioteca, confinado, así que lo busco para leerlo de nuevo. En todo caso hay un dato que me parece interesante, o al menos curioso, en la biografía de Jean Cocteau: él fue algo así como el mecenas y mentor de Raymond Radiguet. A mi modesto juicio otro grande de esa época, quien murió jovencito, pero nos dejó esa belleza que es El diablo en el cuerpo...
Camilo Jiménez ha dicho que…
Las aventuras de esos chicos en el liceo Condorcet son simples pero poderosas, Laura. No sabría cómo eso sucede y por eso voy a volverlo a leer también. Espero que no pase con esa novela lo que pasa con tantos otros libros que no soportan una relectura (no creo), como señala el propio Cocteau respecto al Retrato de Dorian Gray.

En esa generación hay nombres grandes que en estos días ya casi están borrados de las páginas de la historia de la literatura, como si hubieran sido escritos con lápiz. Radiguet, el propio Cocteau, Roussel y hasta De Chirico. Luego compartimos impresiones sobre la relectura de Los niños terribles, Laura. Gracias por pasar por acá.
kekel ha dicho que…
Muy buena entrada Camilo, me dan ganas de leerlo, espero que se pueda conseguir el librito.
Me gustaron varias cosas: como eso de la condición del poeta, de pobreza comparándolo con la vida de Marcel Proust; lo de la estética del fracado y lo de la moda. VOTO por Cocteau
Johan Bush Walls ha dicho que…
Ta chilero el fusilado maestro Camilo.

Salú por eso pue.
Camilo Jiménez ha dicho que…
¡Johan! Tiempo sin "verlo" por acá. Saludos, maistro.
Sinar Alvarado ha dicho que…
joder. es el tipo más fino y potente que he leído acá en mucho tiempo. tiene estilo, no un estilo.

mañana mismo lo busco en la pulpería, capi. una librería de viejo enorme como un cine de los de antes. acá en caracas. cuando vengas a visitarme te invito.

abrazo.
Anónimo ha dicho que…
Cuando vayas a Caracas, Camilo, no dejes de decirle a Sinar que te invite al Éxito.
Anónimo ha dicho que…
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Luis H. ha dicho que…
Al igual que Laura, yo también voto por "El diablo en el cuerpo" de Radiguet. Pero leyendo inmediatamente después "Thomas el impostor" de Cocteau, su continuación en el otro lado del espejo. En mi recuerdo el personaje de ambos es el mismo y no sé cuál de los dos libritos es mejor.
Anónimo ha dicho que…
Yo voto por ranis, yupi, que ha vuelto a comentar y dice joder como todo un español siendo un patizambo, negroide que diría el maestro fernando gonzález, el de otra parte no pacheco
Sinar Alvarado ha dicho que…
Entre esa prosa tuya, querido anónimo, tan infantil y confusa, me parece que leo el amago de un insulto. Voy a repasar de nuevo a ver. Apenas lo encuentre, apenas consiga extraer siquiera una idea entre tanto papelillo mal regado, te respondo seguro.

Espérame tantito.
Anónimo ha dicho que…
hola buenos días. Somos de un blog de libros de España, www.melibro.com
he visto tu web y me gusta bastante. Quise mandarte en email pero no encontré una dirección, por eso te lo digo aqui.
Quería proponerte que intercambiáramos enlaces para mutuamente publicitarnos. Lo que leí me gustó y me pareció interesante proponerte esto. Nuestra dirección: info@melibro.com
Un saludo afectuoso
Félix
natalia_paperblog ha dicho que…
Buenos días Camilo,

Quisiera disculparme, pero no he encontrado otra manera de contactarte que a través de los comentarios.

Soy Natalia, de Paperblog. Me pongo en contacto contigo para invitarte a conocer el proyecto Paperblog, http://es.paperblog.com, un sevicio de difusión cuya misión consiste en identificar y dar a conocer los mejores artículos de los blogs inscritos ,que sino, se diluyen entre la masa antes de llegar a los oportunos lectores. "El ojo en la paja" se adapta a nuestros criterios y creo que tus artículos resultarían muy interesantes a los lectores de "Cultura".

Espero que te motive el proyecto que iniciamos el mes pasado con tanta ilusión. Échale un ojo y Mientras, no dudes en escribirme para conocer más detalles.

Un saludo de todo el equipo,

Natalia -natalia@paperblog.com
Responsable Comunicación Paperblog
Anónimo ha dicho que…
Hola Camilo,

soy la representante de gordosinteresantes.com, un portal de difusión de pensadores de peso. Queremos que hagas parte de nuestra separata especial Editores en bermudas y chancletas. Para la fotografía tú eliges el libro que quieres salir leyendo; nosotros ponemos los shorts. Por favor no dudes en contactarnos.

Maria Dora Dávila.
Anónimo ha dicho que…
Ranis, el negro, ha respondido a mi insulto. Yupi. No lo dudes Ranis, es un insulto. Eres un negro sapo, lambón. Y no envidiaría tu prosa ni en mil años. Al que envidio es al editor de labobadaliteraria.blogspot.com y al de Soho, que se burlan de todo y todos y escriben mejor que tú. Porque por lo que he leído en tu libros publicados en Random House (Parece la editorial de las FARC Fuerzas Armadas Relovucionarias de Colombia), escribe regularcito mi chino.
Carlos ha dicho que…
Hola Camilo, feliz año. Repasando entradas pasadas noté que mis lecturas recomendadas de 2009 ya no están en los comentarios al último post del año; también noté que faltan las recomendaciones del escritor Antonio García Ángel. Ahí le dejo esa inquietud.
Camilo Jiménez ha dicho que…
Hola, Carlos. No sé qué pasaría... desde hace un tiempo estaba un robot poniendo comentarios en el blog, hasta que puse las letras de verificación. No sé si tenga que ver eso con la desaparición de comentarios: yo no borré nada. Y en la planilla general no están tampoco. Rarísimo. Y una verdadera lástima.

Bienvenido de nuevo por acá. Un saludo.
Anónimo ha dicho que…
Camilo, gracias por la pronta respuesta. Volveré a poner mis recomendados.
Carlos ha dicho que…
El último anónimo soy yo