Satura, de Jaime Alberto Vélez


Este libro es un taller de literatura. No de escritura: de literatura en general. Está dirigido a escritores, lectores, periodistas culturales, editores, promotores de lectura, directores de bibliotecas y de revistas culturales, traductores, prologuistas profesionales, reseñistas. Busca un único objetivo, que es al tiempo general y específico: que dejemos la pendejada. Que nos ocupemos de lo verdaderamente importante en este arte-oficio-negocio que gravita alrededor de esa palabra tan gaseosa, tan de quita y pon como es literatura.

Recoge treinta ensayos breves que Vélez, bajo el título de “Satura” —con acento en la primera a, “sátira”—, escribió para la revista El Malpensante entre 1998 y 2003. También incluye dos cuentos breves y un ensayo extenso que abre el libro: “El más humano de los géneros”, quizá lo más ilustrativo, entretenido y completo que se ha escrito en Colombia sobre el arte del ensayo. Como si el autor destapara sus cartas al comienzo y nos dijera “esto es el ensayo”, y después nos diera unos cuantos ejemplos. Teoría y aplicación.

Pero evitemos esas palabras tan solemnes, pues no le agradarían al autor de estas piezas deliciosas. Él mismo pone esas palabras rimbombantes, tan del gusto de académicos e intelectuales, en la picota: “Si no existiera la palabra conversatorio, ¿cómo más podría denominarse una simple conversación entre pedantes y esnobistas?”, se pregunta en el ensayo titulado “El intelectual fucsia”.

Los libros para regalar, las generaciones literarias, las dedicatorias, el alcohol y los escritores, la promoción de la lectura y las obras póstumas son algunos de los temas de esta suerte de manual de comportamiento dirigido a los habitantes de la República de las Letras. Pero el peso de este libro viene dado no tanto por la variedad de temas, que son muchos, como por la gracia con que se exponen. Por la sonoridad de sus frases, por la demoledora ironía de sus imágenes, por lo certero de las comparaciones que usa el autor para ilustrar algún punto.

En “El escalafón de escritores nacionales”, por ejemplo, pide que se establezca un ranking para evitar contratiempos a la hora de hacer declaraciones en grupo: “Cuando algunos escritores coinciden un buen rato en el mismo lugar, invariablemente deben vencer un incoercible impulso: el de escribir una carta abierta” (p. 39). La socarrona teoría del autor es que no se escriben más cartas abiertas —aunque hay encuentros de escritores todos los días— porque no hay manera de poner de acuerdo a “los abajo firmantes” sobre el nombre que debe ir primero.

“Un disparate en la primera página” discute el afán que muestran los escritores jóvenes o engreídos de dedicar las obras que escriben. “Un buen escritor no escribe por amor, sino para que lo quieran más sus amigos; el mal escritor, en cambio, escribe para que sus amigos quieran más a García Márquez”, y continúa unas líneas más abajo: “Las declaraciones públicas de un amor privado denotan un alma ingenua y elemental, y la mayoría de los grandes escritores se caracterizan por todo lo contrario” (p. 52). Más adelante comenta sobre las dedicatorias de poemas: “Resulta ridículo, además, que las palabras de un poema se escojan con escrúpulo y cuidado, una por una, de acuerdo con su sonoridad y prestigio, y todo para que al final, roto el hechizo, se diga: Para Mechas. Tal ridiculez resulta sólo inferior a la del desconocido literato de provincia que, lleno de solemnidad y automatismo, escribe al comienzo de su poema: A André Bretón” (p. 54).

En estos ensayos Jaime Alberto Vélez quiere recuperar el peso específico de la literatura, reconocer el gran arte que entraña el trabajo literario hecho con seriedad y buen juicio. Es un libro que separa como pocos el trigo de la paja, lo esencial de la impostura. Qué falta hicieron sus palabras hace unos días, cuando murió el más grande escritor que Colombia ha tenido y tendrá. Particularmente extrañé el ensayo “Literatura de costurero”, donde pone en evidencia a ese literato que con la excusa de comentar la obra de un gran escritor, se dedica a comentarse a sí mismo, y en la reseña o artículo se concentra en contar quién le regaló el libro o cómo lo encontró en una librería de viejo en París, qué colores había en el cielo la tarde en que leyó ese libro, las veces que tomó trago con el autor, etcétera. “El estilo del gran escritor es inconfundible, entre otras razones, porque está imbuido de su personalidad, así no recurra al pronombre personal de la primera persona del singular. El escritor está persuadido, además, de que en una vida dedicada a la escritura, ‘las frases son las aventuras’, según expresión del mismo Flaubert. Un literato, por su parte, piensa que debe hablar en primera persona para ser alguien. A esta clase de intelectual, Nietzsche lo define perfectamente por exclusión cuando dice: El hombre superior no habla de sí mismo” (p. 56).

Las columnas de Jaime Alberto Vélez cada dos meses en El Malpensante nos hicieron más perspicaces, más cínicos, más exigentes con los escritores, con los otros lectores, con el mundo editorial. Nos señalaron dónde están las imposturas más notables del ambiente literario, cómo lucen los farsantes, a qué debe prestársele atención y qué puede sin remordimientos dejarse de lado. Una verdadera lástima que su autor muriera en 2003, con apenas 52 años y una obra en plena marcha. Pero valga el reconocimiento a la Editorial Universidad de Antioquia que trae ahora esta antología editada con pulcritud. Como le hubiera gustado a Jaime Alberto Vélez.    


Jaime Alberto Vélez, Satura, Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, Colección Bicentenario de Antioquia, 2013.



Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Muy ilustrativo el asunto de los autores menores que quieren ser el niño en el bautizo y el muerto en el velorio. Sobre todo por el caso reciente donde se olvidaron que el muerto era García Márquez y adicionalmente, que lo más importante no era el muerto sino la obra. Dentro de esa marea de superficialidad cayeron tipos inteligentes como J.G.Vásquez, Abad Faciolince, W. Ospina, que no se resistieron a desperdiciar las 500 o 600 palabras de sus columnas semanales contando intimidades vacías. Y también otros menos inteligentes y demasiado pretensiosos como Marco Tulio Aguilera.

Saludos.

Camilo.
Camilo Jiménez ha dicho que…
Sí, una lástima ver "tanta tinta tonta", tantos que por celebrar a un grande terminaron por celebrarse a ellos mismos. Pero bueno, lo importante es que hay un buen libro en la calle, y la nota del blog quiere llamar la atención sobre él. Vale mucho la pena. Saludos y gracias por comentar.
Sebastián Pineda Buitrago ha dicho que…
Camilo: por consejo tuyo lo conseguí el fin de semana pasado en un viaje relámpago a Bogotá. ¡Qué grande Jaime Alberto! "El fuego lector" lo pongo entre lo mejor de la crítica literaria de nuestro tiempo. Deberíamos hacer una lista del top 10 de las peores novelas, por ejemplo, publicadas últimamente en Colombia. Antes de recomendar, señalar lo que no se debe leer. Me pregunto si JAV lejó a A. Rossi... Se parecen en algo que no sé muy bien qué es, ¿no? Saludos.
Anónimo ha dicho que…
Camilo:

como le pasó a Sebastián, por consejo tuyo también conseguí este libro invaluable de veinte mil pesos. Solo tenía recuerdos lejanos de la columna de JAV en El Malpensante hace años (dato que consigno para darle de nuevo la razón a "Literatura de costurero"... aquí no hay quien se salve).

Tiene razón Sebastián: hay algo en él de Rossi. A mí me recordó a Tejada (y releyendo tu entrada en el blog creo que no es disparatada la relación porque esto se cumple para los dos: "Pero el peso de este libro viene dado no tanto por la variedad de temas, que son muchos, como por la gracia con que se exponen. Por la sonoridad de sus frases, por la demoledora ironía de sus imágenes, por lo certero de las comparaciones que usa el autor para ilustrar algún punto").

Gracias, Camilo. Ojalá escribas con más frecuencia; a veces es triste pasar por aquí y no ver cosas nuevas.

Y una más de JAV, que es lo importante aquí: "Para llamar fucsia al solferino se requiere cierto temperamento especial, ciertas pretensiones culturales y sociales, y ciertos modales refinados que, para un estudioso del lenguaje, pueden pasar inadvertidos. Llegar hasta el colmo de negar el rojo oscuro del origen, para fingir y aparentar el color de moda, revela también una concepción del mundo y unas pretensiones intelectuales que llevarán, de modo natural e inevitable, a decir 'posicionar', 'performativo', 'deconstruir', 'dimensionar', 'invisibilizar' y 'reificar'. Se empieza por una palabra, o un "pequeño asesinato", y se termina experto en ciencias sociales o humanas" (El intelectual fucsia).

Santiago G.
diseños web cali ha dicho que…
Muy ilustrativo.
diseños web cali ha dicho que…
Muy ilustrativo.
Jhon Sebastian ha dicho que…
¿Murió el administrador de este blog? Ya me está haciendo falta leer alguna reseña por estos lares.
Carlos ha dicho que…
Que apunte tan desatinado el de John Sebastian. Le recomiendo paciencia en las ganas de leer al dueño del aviso y un tris de prudencia a la hora de dárselas de chistoso.
Anónimo ha dicho que…
Un párrafo escrito por un estudiante universitario: "Lo que nos permite concluir que este texto sirve como referente práctico en la sociedad actual, dado que la diversidad es un fenómeno que se experimenta en un mundo globalizado enmarcado en una visión del cosmopolitismo, como la mejor opción, dado la interdependencia que se experimenta en la actualidad, siendo esta la solución ética más acertada en medio del multiculturalismo que nos presenta el fenómeno de la globalización, donde se hace exigible el respeto por la diferencia y una prudencia necesaria para asumir la responsabilidad de concebir al otro dentro de su condición de ser humano, pese a que su concepción del mundo sea diferente a la mía, entendiendo con esto que vivimos en una sociedad disímil pero que aboga por el respeto del otro, desde la aplicación de unos valores mínimos exigibles en la sociedad".
Camilo Jiménez ha dicho que…
¡Cantinflas está vivo!
Anónimo ha dicho que…
Donde consiguieron el libre Vivo en Cali (no hay "casi" librerias solo la Nacional)